Marcos 6,1-6 – Y se maravilló de su falta de fe

julio 8, 2018

Y se maravilló de su falta de fe

“Y no podía hacer allí ningún milagro, a excepción de unos pocos enfermos a quienes curó imponiéndoles las manos. Y se maravilló de su falta de fe.”

Domingo 14to del T. Ordinario | 08 de Julio del 2018 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

  • Ezequiel 2,2-5
  • Salmo 122
  • 2 Corintios 12,7b-10
  • Marcos 6,1-6

Reflexión sobre las lecturas

Y se maravilló de su falta de fe

Siempre caí en la tentación de interpretar literalmente este pasaje, comprendiendo que cuando encasillamos a una persona, porque la conocemos o al menos creemos conocerla, no somos capaces de esperar nada que nos sorprenda, nada extraordinario.

Claro, sabemos virtudes y defectos de todos los que nos rodean o al menos eso creemos, por lo tanto identificamos sus limitaciones. Unos más otros menos, todos tenemos un comportamiento predecible según nuestra procedencia, historia y trayectoria.

falta de fe

De allí procede seguramente aquel dicho popular que aplicamos a quien de pronto empieza a darse algunos lujos que no le caracterizaban: “Sacristán que vende cera sin tener cerería, de dónde pecata mea si no es de la Sacristía”.

Pero una tal actitud es en realidad anti cristiana, pues niega la posibilidad de cambio y mejora que todos tenemos. Castra la esperanza. Nada puede haber más demoníaco y diabólico que cegarnos a la esperanza, tanto en nosotros como en los demás.

Esto que podría parecer una actitud inocente, en realidad es mutilante y nos conduce a la muerte óntica, es decir, a la muerte del ser. Si no hay esperanzas, si nada puede cambiar, entonces estamos frente a un determinismo histórico, frente a una fatalidad.

“Y no podía hacer allí ningún milagro, a excepción de unos pocos enfermos a quienes curó imponiéndoles las manos. Y se maravilló de su falta de fe.”

La fatalidad, la condena irredimible es contraria a Cristo, porque es contraria a la Voluntad de nuestro Padre Creador. El jamás nos hubiera Creado y nos hubiera dado libertad si no confiara, si no supiera que seríamos capaces de alcanzar la plenitud.

Es más, frente a nuestras dificultades y dudas causadas por culpa del Demonio, del pecado y de la muerte que entró en el mundo a raíz de nuestra soberbia, Dios Padre envió a su propio Hijo, Jesucristo, a mostraros el Camino de la Salvación.

La esperanza, el cambio, la Redención siempre han estado y estarán en nuestro horizonte. No hay ningún ser humano en este mundo que no pueda alcanzar la plenitud y la vida eterna. La vida de Cristo ha sido entregada en prenda, como garantía de este fin.

Por lo tanto, debemos combatir el desánimo y el fatalismo que nos hace ver al mundo y especialmente a nuestros hermanos como derrotados y envueltos en un determinismo y desolación fatales. Peor aún, justificándonos en que “todo el mundo lo hace”.

¡No tenemos que hacer lo que todos! Y, ¡sí podemos cambiar! ¡Todos podemos cambiar! El Señor Jesucristo ha venido a enseñarnos precisamente que es posible nacer de nuevo, sin importar la edad. ¡Hay que dejar al Espíritu de Dios actuar en nosotros!

“Y no podía hacer allí ningún milagro, a excepción de unos pocos enfermos a quienes curó imponiéndoles las manos. Y se maravilló de su falta de fe.”

¡Es el Espíritu Santo esa fuerza innovadora, esa fuerza incontenible, porque procede de Dios, que es capaz de refundarlo todo! ¡Empezar nuevamente es posible! No es argumento suficiente condenar a nadie, porque siempre ha sido así. ¡Todos podemos cambiar!

¡Todos merecemos la esperanza! ¡Todos merecemos que se crea en nosotros, porque hemos sido creados por Dios, porque llevamos Su impronta! ¡Dios no hace basura! ¡Somos hijos de Dios y Él nos ama a todos por igual!

¡Jesucristo ha venido por todos! ¡No tengamos dudas! ¡Desvanezcámoslas con la fe! ¡Oigamos a Jesucristo y hagamos lo que nos manda! ¡Él es el Camino, la Verdad y la Vida! ¡Dejemos de argumentar, de buscar razones! ¡No nos basta que Él haya muerto por nosotros en la Cruz! ¡No nos basta que haya Resucitado!

Para el que no quiere creer, para el necio que se niega a creer, nada será suficiente. Y, hay que decirlo también, El Señor ha venido a salvarnos a todos, pero no lo hará sin nuestro consentimiento. Dios que nos creó sin nuestro consentimiento, no nos salvará sin él.

Ahora está más claro a quiénes se refiere el Señor cuando dice que nadie es profeta en su tierra. Es a Él mismo, pero no lo dice por Nazaret, sino por el mundo. Y es que nuestra falta de fe es realmente asombrosa.

¿Qué tiene que hacer el Señor para que creamos? El problema no es que no lo haya hecho, sino que nunca nos parece suficiente. Y, hoy en día, mucho menos. Parece que nos diera vergüenza sostener que tenemos fe.

“Y no podía hacer allí ningún milagro, a excepción de unos pocos enfermos a quienes curó imponiéndoles las manos. Y se maravilló de su falta de fe.”

No podemos negar que uno de los grandes éxitos del Demonio ha sido precisamente lograr que consintamos que la fe no es racional. Que la fe no se sustenta en hechos reales, en hechos históricos, lo que dese luego es falso.

Porque la vida, muerte, resurrección y ascensión al cielo de Jesucristo es un hecho histórico, suficientemente acreditado por testigos, al igual que todos sus milagros. Pero nadie nos obligará a creer si nosotros mismos no queremos, si nos resistimos.

Es preciso una fe activa, manifiesta en obras, para alcanzar el Camino que lleva a la plenitud. La fe tibia del que se asombra inicialmente, pero luego es incapaz de perseverar en el cambio de vida que exige el Señor, nos conduce al conformismo, la indiferencia y la perdición.

No se puede servir a dos señores. No nos engañemos. El que no está con Cristo está contra Él. No podemos practicar la gnosis, el panteísmo, el espiritismo, el yoga o el budismo y decir que somos católicos. El que no recoge con el Señor, desparrama.

Cuidado con las argumentaciones subjetivistas y relativistas que nos inducen a sostener una “fe” particular, propia, personal, única, privada en un dios totalmente desfigurado, que no corresponde a nuestro Padre, ni a Su amadísimo Hijo Jesucristo.

Dios no tiene que ajustarse a nuestros criterios, gustos, creencias o preferencias. Es exactamente a la inversa. Él es la Luz, la Verdad y la Vida. Somos nosotros los que tenemos que esforzarnos por conocerle, en las Escrituras.

Él se ha revelado y nos ha dicho lo que espera de nosotros. ¡Hagamos Su Voluntad! ¿Por qué? Porque es Dios y nos ha dado las pruebas suficientes para creer en Él y por lo tanto, confiar en que hacer Su Voluntad será lo único que nos conviene para alcanzar la plenitud.

Oración:

Padre Santo, no permitas que caigamos en la incredulidad, que dejándonos tentar por el Demonio empecemos a buscar la cuadratura del círculo, pareciéndonos insuficientes las pruebas irrefutables que Jesucristo nos ha dado de Su Divinidad. Que nos aproximemos a Su Palabra con humildad. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

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