Marcos 4,35-41 – quién es éste

junio 21, 2015

Texto del evangelio Mc 4,35-41 – quién es éste

35. Este día, al atardecer, les dice: «Pasemos a la otra orilla.»
36. Despiden a la gente y le llevan en la barca, como estaba; e iban otras barcas con él.
37. En esto, se levantó una fuerte borrasca y las olas irrumpían en la barca, de suerte que ya se anegaba la barca.
38. Él estaba en popa, durmiendo sobre un cabezal. Le despiertan y le dicen: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?»
39. El, habiéndose despertado, increpó al viento y dijo al mar: «¡Calla, enmudece!» El viento se calmó y sobrevino una gran bonanza.
40. Y les dijo: «¿Por qué están con tanto miedo? ¿Cómo no tienen fe?»
41. Ellos se llenaron de gran temor y se decían unos a otros: «Pues ¿ quién es éste que hasta el viento y el mar le obedecen?».

Reflexión: Mc 4,35-41

Hay momentos que el Señor parece que durmiera a nuestro lado, pues nos ocurren tantas cosas a las que pareciera no prestarles atención, dejando que sucedan. ¿Qué hemos de hacer? Primero mantener la calma, sabiendo que estando con Él, nada nos puede pasar. Él está siempre informado y atento, aunque por momentos parezca dormido. De cualquier modo, también aprendamos de los discípulos y finalmente importunémoslo, porque después de todo Él tiene poder para salvar cualquier obstáculo. Por momentos nos puede parecer que permanece alejado y ajeno, pero no es cierto. Él siempre está con nosotros; es cuestión de creerlo y de esperarlo, sabiendo que Él tiene todo bajo control y nunca podremos estar mejor y más seguros que con Él. No pasemos por alto, no olvidemos, que Él es Dios y por lo tanto tiene poder sobre todo. Esto es fundamental para nuestra fe, sin embargo algunos pretenden desconocerlo o tomarlo como la parte anecdótica de la historia; no llegan a comprender los hechos extraordinarios que se narran en este y otros pasajes y haciendo abstracción de ellos pretenden analizar la doctrina de Jesús, enajenándolo de su esencia Divina. Jesucristo es el Hijo de Dios hecho hombre, no es tan solo un hombre extraordinario creador de una doctrina superior. Es necesario que pensemos y repitamos esta idea, porque no da lo mismo decir que fue un hombre extraordinario a reconocer que es el Hijos de Dios. Ellos se llenaron de gran temor y se decían unos a otros: Pues ¿ quién es éste que hasta el viento y el mar le obedecen?

Los que resalta sus cualidades humanas, caen en la tentación de exaltarlo como humano excepcional y ciertamente lo es, porque es el modelo al cual debemos tender, al cual debemos seguir, pero ello no nos debe hace perder de vista que estamos frente a la Segunda Persona de la Divinidad. ¿Por qué es importante esta confesión que además hacemos en el Credo? porque el trasciende lo puramente humano, mundano y material; está más allá, por encima de nosotros, en la medida que tiene una naturaleza Divina. Jesucristo se ha hecho hombre, ha nacido, vivido, muerto y resucitado obedeciendo la Voluntad del Padre. Es Dios mismo quien lo ha enviado a Salvarnos y Él ha obedecido hasta la última coma. Lo que ha hecho es único, ha sido una sola vez y para siempre. No tiene parangón, así que o podemos compararlo con otros hombres extraordinarios, que sin duda los ha habido y los seguirá habiendo. Pero el único que es muchísimo más que eso es Él. Eso es en lo que creemos los cristianos y si no lo creemos, debemos revisar nuestra fe, porque no estamos creyendo en el Cristo que nos presentan las Escrituras y nos propone la Iglesia. Son muchas las evidencias que nos da Jesús de su naturaleza Divina, como las que se narran en este pasaje, sin embargo las más importantes están narradas en el Credo que es precisamente nuestra confesión de fe. Ellos se llenaron de gran temor y se decían unos a otros: Pues ¿ quién es éste que hasta el viento y el mar le obedecen?

Parece una sutileza y quienes defienden las ideas relativistas, por costumbre o alienación, es decir inconscientemente, se contenta con reconocer a Cristo como un legendario e incluso extraordinario ser humano, compartiendo honores con líderes o figuras extraordinarias de otras religiones, poniéndolos al mismo nivel y pretendiendo entonces que casi da lo mismo seguir a uno u a otro o incluso a ninguno, siempre y cuando seas “bueno”. Y allí viene el problema, porque si no tienes el Único modelo de Bondad que lo trasciende todo, es decir el modelo Divino del Único Dios que es Padre y nos creó por amor para ser felices eternamente, corremos el peligro de caer en matices y tal como reflexionábamos hace unos días, apuntar a un blanco parecido, pero en definitiva distinto al que Jesucristo nos propone. Dios ha creado todo y por lo tanto también a estos hombres extraordinarios que nos proponen caminos que trascienden nuestra naturaleza mortal, y es muy bueno que hayan existido en cada civilización humana, porque de uno u otro modo, como manifestaciones del mismo Dios, han tenido la responsabilidad de conducir a grupos humanos hacia la Divinidad. Sin embargo, ninguno como Cristo Jesús, Hijo de Dios, ha recibido directamente de Dios este encargo, exigiéndonos propagarlo por toda la Tierra, porque de su conocimiento depende la Salvación de toda la Humanidad. Ellos se llenaron de gran temor y se decían unos a otros: Pues ¿ quién es éste que hasta el viento y el mar le obedecen?

Los pasajes extraordinarios que leemos en la Biblia y especialmente los de los Evangelios, están narrados allí para que constatemos de quién se trata y haciéndolo creamos que Él es el Hijo de Dios enviado a Salvarnos. Todos estos sucesos están allí para suscitar en nosotros la fe. Por lo tanto no son anecdóticos o como ingenuamente creí alguna vez, de relleno. No son la parte de fábula o legendaria de una historia inventada para dejarnos una enseñanza moral. No son por lo tanto prescindibles, sino todo lo contrario. Si desconocemos estos pasajes, estamos desconociendo el fundamento de nuestra fe. Quien empieza desconociendo esto, luego sigue desconociendo la multiplicación de los panes y los peces, sigue desconociendo los milagros, las curaciones, la resurrección y la ascensión y por ultimo termina desconociendo el valor del bautismo y la eucaristía. Quien no cree en todo esto o le parece la parte anecdótica de la Iglesia, tampoco cree en los ángeles ni en la Virgen María. Mal puede llamarse cristiano, quien no comparte nuestra fe. No se trata de escoger intelectualmente lo que me gusta o lo que no me gusta, porque entonces nos estaríamos convirtiendo en el fiel de la balanza, negando implícitamente a Dios y erigiéndonos en dioses. Este es el principio de las herejías que nos han conducido hasta aquí y que nos tienen al borde del colapso. ¡La falta de fe! Ellos se llenaron de gran temor y se decían unos a otros: Pues ¿ quién es éste que hasta el viento y el mar le obedecen?

Oremos:

Padre Santo, que sepamos responde con firmeza a la pregunta ¿quién es este?: es Jesús de Nazaret, Hijo de Dios Padre, nuestro Redentor, enviado a Salvarnos; que vivió, murió y resucitó por nosotros…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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