Marcos 3,20-35 – Se perdonará todo a los hijos de los hombres

junio 10, 2018

Se perdonará todo a los hijos de los hombres

“Yo les aseguro que se perdonará todo a los hijos de los hombres, los pecados y las blasfemias, por muchas que éstas sean. Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón nunca, antes bien, será reo de pecado eterno.”

Domingo 10mo del T. Ordinario | 10 de Junio del 2018 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

Reflexión sobre las lecturas

Se perdonará todo a los hijos de los hombres

¿Qué es aquello que en realidad abomina Jesucristo? ¿Cuál es la mayor falta que el hombre puede cometer a los ojos de Dios Padre, Creador del Universo? ¿Qué es aquello que le resulta imperdonable? ¿Hay algo? Prestemos mucha atención a este Evangelio para entender a qué se refiere el Señor.

En realidad, para ponernos más en contexto, siempre, pero especialmente hoy, debíamos hacer todas las lecturas que nos sugiere nuestra Santa Madre Iglesia. Pues, es la lectura del Génesis la que responde a todas las interrogantes planteadas en el párrafo anterior.

blasfemia

Si con algo no puede el Señor es con la mentira, con el engaño. Este es el pecado que abre las puertas al Demonio y nos lleva a la perdición. ¿Cómo lo hace? Seduciéndonos, haciéndonos creer que allí está la Luz y la Verdad. ¡Esa es una blasfemia!

La blasfemia contra el Espíritu Santo es precisamente enmascarar al Mal, al vicio, al error, a la mentira con una careta de verdad, virtud y buen juicio. Quien engaña y quien conscientemente se presta para seducir y engañar a sus hermanos, ese blasfema contra el Espíritu Santo.

Por eso debemos tener mucho cuidado hoy que abundan las sectas que compiten por ganar adeptos a costa de la mentira y del engaño, creando falsas expectativas y esperanzas, aprovechando de la ingenuidad o de la desesperanza o ignorancia de nuestros hermanos.

Son muchos los que trafican con la fe, los que trafican con el dolor y la esperanza de los más pobres y hambrientos de Dios. Los que a sabiendas toman Su Santo Nombre para lucrar, para ganar poder y prestigio a costa de mentiras y cuentos, estos cometen blasfemia contra el Espíritu Santo.

La advertencia que lanza el Señor es lapidaria: Yo les aseguro que se perdonará todo a los hijos de los hombres, los pecados y las blasfemias, por muchas que éstas sean. Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón nunca, antes bien, será reo de pecado eterno.

Ante tantos embates del Demonio, hoy debemos pedir el Don del Discernimiento, para poder distinguir entre aquello que proviene de Dios y lo que es invención nuestra o peor aún, del Demonio. Porque no hay desviación aceptable, aunque definitivamente haya unas más graves que otras.

Pensemos como si se tratara de un concurso de tiro al blanco. Hay que dar en el centro para ganar. Pero si teniendo todo el equipo de precisión alguien te engaña dándote coordenadas falsas, no acertaras jamás. Y de lo que se trata es de dar en el blanco.

En la vida tendremos seguramente muchas oportunidades de disparar nuestra flecha, pero  quiera Dios que vayamos afinando nuestra puntería, aproximándonos cada vez más, hasta finalmente dar en el blanco y que no ocurra por el contrario que nos desviemos por completo.

¿De qué depende? Tenemos que esforzarnos por ir y beber de las fuentes. En primer lugar leer y orar las Escrituras, especialmente y por lo menos los Evangelios. Allí encontraremos la Palabra de Dios, que nos enseña a hacer la Voluntad de Dios como la Única garantía para dar en el blanco.

Dios Padre, nuestro Creador, quiere que demos en el blanco. ¿Por qué? Porque nos creó para ser felices y vivir eternamente y solo lo lograremos si acertamos en el blanco. ¿Cómo asegurarnos de dar en el blanco? ¡Haciendo la Voluntad de Dios!

Evidentemente lo primero que hay que hacer es conocer Su Voluntad. La mejor forma para hacerlo, la que tenemos todos a nuestro alcance, son la Escrituras, aunque solo sean los Evangelios. Allí está contenida la Palabra de Dios que nos instruye para dar en el blanco.

No podemos aproximarnos a ellos como quien lee una novela. Hay que acercarse con fe, con hambre de verdad. Él jamás nos defraudará. Hay que tener constancia, perseverancia en su lectura. Pero no hacerla de cualquier modo, como muchas veces sentimos la tentación.

No se trata de leerla en desorden, aunque es verdad que Dios tiene sus formas de llegar a cada uno de nosotros. Pero lo correcto, humanamente hablando, es seguir a los que nos han precedido en este Camino, a los que tienen más experiencia.

Es así como hacemos cuando queremos aprender cualquier disciplina deportiva o profesional. Acudimos a un experto: al mejor cocinero, al mejor tenista, al mejor escritor, al mejor pintor, al maestro. El Maestro en la Verdad, el Camino y la Vida es Jesucristo.

Sus Palabras están en los Evangelios. ¿Ya tenemos esto claro? ¿Qué itinerario seguir? ¿Por dónde empezar? El mejor método de aproximación y conocimiento de la Palabra de Dios, que es tan diáfana y cristalina como el agua la encontraremos en el Calendario Litúrgico.

¿Qué es el Calendario Litúrgico? Es un pequeño folleto impreso, que puede tomar diversas formas, que contiene todas las lecturas que han sido seleccionadas para el día, mes y el año en el que nos encontramos.

Es decir que la Iglesia, con toda su experiencia, que reúne a los grandes especialistas en la fe y el amor de todos los tiempos ha ido desarrollando un Itinerario para ir afinando los espíritus de todos los creyentes para llevarles poco a poco a afinar su puntería hasta dar en el blanco.

El “manual” de instrucciones está en la Santa Biblia, pero una de las mejores formas de aproximarse en forma cotidiana, la encontramos en el Calendario Litúrgico. Lo puedes conseguir gratis en Internet en muchos sitios, incluyendo este o en cualquier librería católica impreso, por algunos centavos.

¿Qué tiene de bueno el Calendario Litúrgico? Que te propone 3 lecturas (los domingos y fiestas solemnes, 4), todas relacionadas entre sí y tomadas de diversos libros de la Biblia, teniendo como punto central y final alguna lectura del Evangelio.

Algo más. Todas estas lecturas son universales y se hacen en la Misa de esa fecha. Quiere decir que si estás en la India, en Perú, Portugal o el Congo, encontrarás que todos hacemos las mismas lecturas el mismo día.

Quiere decir que todos estamos uniéndonos comunitariamente en una misma oración. Dirás, pero si yo estoy leyendo. Es verdad, pero si lees pausadamente, abriendo tu corazón, con la sincera intención de encontrar al Señor y conocer Su Voluntad, estarás haciendo oración.

¿Qué lograrás con eso? El Señor te guiará. Él no te abandonará jamás. Si tu perseveras, poco a poco verás cómo empieza a surgir la Luz dentro de tu corazón. Él está contigo. Cada Palabra suya tendrá eco en tu espíritu, guiándote a la Verdad.

¡Ese es el Camino! La Palabra de Dios tiene el poder para transformarte y darte la Vida Eterna. Quiere decir que ella irá afinando tus flechazos, hasta que seas capaz de dar en el blanco, lo que alcanzarás finalmente en el Reino de los Cielos.

¿No lo alcanzaré en esta vida? Cada vez serás mejor. Cada vez se irá afinando más tu espíritu. El Señor te irá conduciendo a la plenitud, haciendo la Voluntad de Dios, como Él mismo la cumplió para salvarnos. Todo se irá aclarando. Este es el itinerario.

En realidad se trata de ponernos en manos del Espíritu Santo, a quien el Señor envió para ejercer esta tarea. De allí que quien se haga pasar por Él o lo insulte o maldiga, será reo de pecado eterno. Para el Señor no hay pecado más grave. Es el único imperdonable.

Él mismo nos lo dice en esta lectura. Solamente hay que saber leer y escuchar. Todos llevamos la inquietud de encontrar la Verdad. Esta impaciencia ha sido colocada por Dios en nuestros corazones, para sentirnos apremiados por alcanzar el fin para el cual fuimos creados.

Dios nos ama y nos creó para ser felices y vivir eternamente. Pero ello solo será posible si hacemos Su Voluntad. Alguien podría decir ¿y si no puedo? La respuesta es: Todos podemos. Basta querer y pedir al Señor su ayuda para lograrlo. ¡Él lo hará posible!

Algo más. Sin Él nadie, NADIE, puede. Quiere decir que Su participación es IMPRESCINDIBLE. ¿Cómo la logro? Pidiéndolo en oración. Sigamos el itinerario propuesto. Oremos Su Palabra y todo cuanto podamos en el día, pidiendo llegar a Él, a la Vida Eterna.

Con Él y solo con Él lo lograremos. Para Dios no hay nada imposible. ¡Nada! Solo asegurémonos de estar tras Él y de no seguir a ninguna serpiente enmascarada. Nosotros somos de Dios. Somos Su familia, su madre, sus hermanos y hermanas, en tanto hagamos Su Voluntad.

¡Cuidemos de no caer en el engaño! Yo les aseguro que se perdonará todo a los hijos de los hombres, los pecados y las blasfemias, por muchas que éstas sean. Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón nunca, antes bien, será reo de pecado eterno.

Oración:

Padre Santo, no permitas que caigamos en la tentación del Demonio que ataca siempre nuestro lado más débil. No nos abandones jamás. Que no nos dejemos deslumbrar por el camino fácil, lleno de placeres efímeros, egoísmo y falsas promesas. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

(12) vistas

Deja un comentario