Marcos 3,13-19 – llamó a los que él quiso

enero 22, 2016

Texto del evangelio Mc 3,13-19 – llamó a los que él quiso

13. Subió al monte y llamó a los que él quiso; y vinieron donde él.
14. Instituyó Doce, para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar
15. con poder de expulsar los demonios.
16. Instituyó a los Doce y puso a Simón el nombre de Pedro;
17. a Santiago el de Zebedeo y a Juan, el hermano de Santiago, a quienes puso por nombre Boanerges, es decir, hijos del trueno;
18. a Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el Cananeo
19. y Judas Iscariote, el mismo que le entregó.

Reflexión: Mc 3,13-19

Estamos muy acostumbrados a pasar todo por el tamiz de nuestra lógica. Este es un buen momento para que nos demos cuenta que nuestra lógica no necesariamente coincide con la del Señor y por lo tanto no podemos esperar que siempre lo que dispone corresponda con lo que queremos, nos gusta, esperamos o hemos planeado. El Señor tiene Sus propios Planes. Entender este concepto es crucial, porque de otro modo pasaremos a engrosar las filas de los cristianos a nuestro modo, que en realidad son los más numerosos, los que hacen lo que les parece y provoca y toman de Jesús lo que les conviene. Lamentablemente eso no es cristianismo. Es a Cristo a quien tenemos que seguir y no a ninguno de nosotros, por más iluminado que podamos sentirnos. Este error es mucho más frecuente de lo que estamos dispuestos a admitir, y se da cuando por una soberbia disfrazada de humildad y sabiduría nos erigimos en intérpretes de la Palabra de Dios y le hacemos decir lo que nos parece lógico y correcto, según nuestro criterio. Así, escogemos en qué creer y en qué no, irrogándonos la capacidad para discernir lo importante de lo suntuario, siendo siempre lo trascendente, aquello que encaja en nuestros criterios. De este modo, terminamos creando a un dios a nuestra imagen y semejanza, que obviamente no corresponde a la verdadera imagen de Dios, sino a lo que nosotros estamos dispuestos a entender y aceptar. Por ejemplo, si María era Virgen o no es un tema que pasamos por alto, o si Jesucristo murió crucificado no nos parece suficiente argumento para llevar un crucifijo y colgarlo en todas partes o si realmente ocurrió la multiplicación de los panes y los peces. Incluso no nos parece importante que Jesucristo haya resucitado o que tal vez esté enterrado por ahí entre los esenios…Todo debe corresponder a la lógica mundana y razonable, según nosotros. Subió al monte y llamó a los que él quiso; y vinieron donde él. Instituyó Doce, para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar.


Sin embargo, lo cierto es que nada en TODA esta historia corresponde a nuestra lógica mundana y si tratamos de calificarla y aceptarla en virtud a ello, terminaremos armando un novelón, un mito, que no corresponde a la Verdad. Ojo con lo que estamos diciendo, porque la Verdad es una concreta y objetiva, aunque no corresponda a nuestros criterios. Es más, no tiene por qué corresponder a nuestros criterios, sino a los de Dios y allí es donde entra este elemento, sin el cual nuestras explicaciones serán vanas y nuestro razonamiento insuficiente: la FE. Sin la fe, nada tiene sentido y lamentablemente esto es lo que menos tenemos hoy en día. Nos encontramos con teólogos, filósofos, eruditos en las Escrituras y en las lenguas antiguas, así como en la historia y prehistoria, que tratan de explicarlo todo con lógica mundana, descartando a la fe como el argumento fundamental y así elaboran teorías y explicaciones que dan a conocer sus percepciones y su lógica, pero no la de Jesús. Porque en tanto pretendamos encasillarlo a nuestros criterios para entenderlo o darlo a conocer, estaremos tratando de contenerlo en nuestra lógica y capacidad, lo que es imposible para nosotros. No hay que ser tan estudioso, ni sabio para comprender que jamás podremos contener el océano en un vaso. Que nos hay argumento, ni concepto que nos permita contener a Dios. Esto es algo que debemos comprender y aceptar, despojándonos con humildad de toda soberbia y confesando con Fe que para Dios no hay imposibles y que la Creación toda está regida por Su Voluntad. Dios o necesito nuestro criterio para crear el Universo. Subió al monte y llamó a los que él quiso; y vinieron donde él. Instituyó Doce, para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar.

¿De dónde provienen estas reflexiones? De dos hechos que se narran en este pasaje. El primero, que llamo a los que Él quiso. No tratemos de ver las cualidades o consideraciones que le llevaron a tomar tales decisiones a Jesús, porque no nos corresponden. Aprendamos a aceptar Su Voluntad. Lo que Él determine, para nosotros ha de estar bien. Así tiene que ser, porque estamos frente a Dios. ¿O será que alguno de nosotros tiene la capacidad para enmendarle la plana y objetar Sus decisiones? Traslademos esta idea a nuestras vidas. ¡Hemos de hacer Su Voluntad! Pero, cuánto nos cuesta, primero reconocerla y luego aceptarla. Queremos hacer lo que a nosotros nos parece. Queremos tenerlo todo bajo nuestro control, bajo nuestra lógica y criterios. ¡Nos falta confianza, nos falta FE en Dios! ¿No es verdad? Y lo segundo es que obviamente Jesucristo tiene un Plan. ¿Por qué llama a doce y no a veintisiete o cuarenta y nueve? ¿Y, para qué los llama? ¿Dónde los manda? Dios tiene un Plan de Salvación para todos nosotros, del cual Jesucristo es parte. Salvarnos es Su Voluntad, pero Él que nos creó sin nosotros, no nos salvará sin nosotros. Es preciso que nosotros adhiramos a Su Plan, a Su Voluntad LIBREMENTE y para eso hemos de renunciar a nuestra soberbia, a pretender que las cosas deben hacerse según nuestra lógica, a erigirnos en tutores, preceptores o jueces de Dios. ¡No seamos necios! ¡Todo tiene un sentido, que no depende de nosotros, ni está en nosotros el interpretarlo! No tenemos por qué supeditarlo todo a nuestra lógica. A nosotros nos toca oír y obedecer con fe. Subió al monte y llamó a los que él quiso; y vinieron donde él. Instituyó Doce, para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar.

Oremos:

Padre Santo, te damos gracias por todo lo que nos das cada día, pero especialmente por lo que tenemos hoy. Ayúdanos a ponerlo al servicio de la salvación de nuestros hermanos. Incrementa nuestra fe…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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