Marcos 3,1-6 – mirándoles con ira

Enero 20, 2016

Texto del evangelio Mc 3,1-6 – mirándoles con ira

1. Entró de nuevo en la sinagoga, y había allí un hombre que tenía la mano paralizada.
2. Estaban al acecho a ver si le curaba en sábado para poder acusarle.
3. Dice al hombre que tenía la mano seca: «Levántate ahí en medio.»
4. Y les dice: «¿Es lícito en sábado hacer el bien en vez del mal, salvar una vida en vez de destruirla?» Pero ellos callaban.
5. Entonces, mirándoles con ira, apenado por la dureza de su corazón, dice al hombre: «Extiende la mano.» Él la extendió y quedó restablecida su mano.
6. En cuanto salieron los fariseos, se confabularon con los herodianos contra él para ver cómo eliminarle.

Reflexión: Mc 3,1-6

Pocas veces encontraremos esta mirada en el Señor. No podemos dejar de sentir que el corazón se nos estruja. ¿Qué hemos hecho para que el Señor de la Divina Misericordia nos mire de este modo? Ha de ser muy malo para merecer tal mirada de quien no ha tenido el menor reparo en dar Su vida por nosotros aun antes que hubiéramos nacido. ¿Qué es aquello que el Señor censura con tan inusitada dureza? Pues, la hipocresía, hermana mayor de la mentira. Si no existe nada más dañino y perjudicial en nuestra vida que la mentira, la hipocresía es encima una forma “refinada”, inescrupuloso, elaborada, alevosa de mentir. El hipócrita no solo miente, sino que pretende ocultar bajo una apariencia engañosa su mentira, simulando algo que no es, con la pretensión que creamos lo que aparenta, para hacernos caer en sus garras. La hipocresía es lo peor que puede haber, porque no solo miente, lo que ya es bastante, sino que prepara toda una estrategia para simular algo que no es, con la pretensión de engañar a todos. No por nada Jesús dirá en otro pasaje que a los hipócritas los vomitará. El Señor tiene expresiones muy fuertes para quienes nos escondemos tras esta actitud…¿Cuántas veces lo hacemos absteniéndonos de tomar posición frente a una situación, por evitarnos problemas y enfrentamientos? Es que queremos llevarnos bien con todos y ser “buenos”, pero sin exponernos. Cuando hay que dar el pecho, miramos para otro lado o nos escondemos. Lo peor es que estas actitudes constituyen malos ejemplos que los menos favorecidos o los más pequeños ven e interpretan equívocamente que de lo que se trata es de aparentar y no de ser. Decimos que no hay que mentir, que no hay que coimear, que hay que ser solidarios, que hay que orar…en fin, una serie de cosas que finalmente no cumplimos, tal como muchos pueden constatar, porque mentimos, coimeamos, somos totalmente indiferentes con los que menos tienen, con los que sufren y no oramos ni en los entierros. Como dirá el Señor: estamos parados en la puerta y ni entramos, ni dejamos entrar. Somos como un tapón, de allí la mirada que nos lanza Jesús. Entonces, mirándoles con ira, apenado por la dureza de su corazón, dice al hombre: «Extiende la mano.» Él la extendió y quedó restablecida su mano.

Ayer leía con indignación el maltrato y la vejación de la que fue objeto en Venezuela Lilian Tintori, la esposa del preso político Leopoldo López, quienes junto a su suegra y delante de sus hijas fueron obligadas por la policía a desnudarse completamente revisándolas exhaustivamente incluso en sus partes íntimas para verificar que no llevaban nada en la visita que hacían en prisión a Leopoldo. ¿Qué duda cabe que esto constituyó un ensañamiento con el único propósito de mellar su dignidad y atemorizarlos? Nadie en el oficialismo salió a pedir disculpas y todos los responsables se escondieron tras procedimientos que bien saben no aplicarían ni a sus madres, esposas o hijas, porque para todo hay excepciones y modos. No existe explicación que pueda aminorar su ofensa, pero tampoco la darán, por orgullo, escondiendo tras sus palabras y gestos su gran falsedad. ¿Es que alguien tiene derecho a vejar y humillar de este modo a una familia, a un grupo de mujeres por el solo hecho de encontrarse indefensas y en inferioridad de condiciones? ¿Qué tiene que ver esta reprochable actitud con el nacionalismo o el imperialismo o cualquier ideología política? ¿No es tan solo la violación prepotente de derechos humanos de quienes se encuentran totalmente disminuidos y a su merced? ¿Cómo podemos catalogar este acto? ¿Se trata de prácticas constructivas conducentes a la paz y armonía a las que legítimamente aspiran todos los pueblos? ¿Con qué derecho actúan así? La hipocresía y falsedad de este régimen hace rato que es notoria para quienes la quieren ver, pero en general hay un manto de hipocresía tanto en sus componentes, como en sus detractores nacionales e internacionales, que basados en conveniencias y cálculos políticos se hacen de la vista gorda y dejan pasar, con el propósito de no terminar ellos mismos descubiertos en su hipocresía. Así podemos observar el sentido de cuerpo con el que se protegen unos a otros, porque la mentira, la hipocresía y la corrupción cunden entre sus vecinos. Nadie hace nada. Nadie se atreve a denunciar. Todos se quedan estratégica e hipócritamente callados. Entonces, mirándoles con ira, apenado por la dureza de su corazón, dice al hombre: «Extiende la mano.» Él la extendió y quedó restablecida su mano.

¿Cuántas veces nos escondemos tras la ley, la que –sobre todo si somos poderosos-, pretendemos manejar a nuestro antojo y según nuestra conveniencia? Esto es lo que Jesús está poniendo en evidencia hoy; es a este respecto que tenemos que reflexionar. Y es que parece mentira, pero gran parte de las leyes y sus regulaciones no son nada más que el resultado de una pugna entre la verdad y la mentira, en la que en cierto momento toca a los grades y poderosos dirimir y al resto, a los humildes, alinearnos, resignarnos o exigir su racionalización, porque pocos están dispuesto a ceder, incluso lo que según sus conciencias sería justo, si no está refrendado por una ley. Solo así se explica que hayamos llegado en pleno siglo XXI a que el 1% de la población del planeta ostente más riqueza acumulada que el 99% restante, es decir, que si la riqueza total se calcula en 78mil millones de dólares y la población mundial es de 7 mil millones de habitantes, 6,930 millones deben repartirse 39mil millones, en tanto que el resto se lo llevan 70millones de los cuales tan solo 69 personas poseen la mitad, es decir alrededor de 20mil millones y otro tanto los 70 millones restantes. Todos estos número que encontramos en el informe anual de la ONG Oxfam no hacen nada más que revelarnos que evidentemente estamos muy mal organizados, porque hemos generado la riqueza suficiente para acabar por completo con la pobreza, pero está pésimamente distribuida, porque hemos hecho de la acumulación y el acaparamiento de la riqueza nuestro mayor propósito en la vida, lo que constituye una idolatría. Hemos puesto al Dinero antes que Dios y estos son los resultados. La guerra, el hambre, la miseria, la destrucción y la muerte que vemos en el mundo son el resultado de este ordenamiento legal, pero injusto. Es por eso que debemos dejarnos de legalismos y hacer lo que Dios manda. Solo así resolveremos la encrucijada en que nos encontramos. Para eso ha venido Jesucristo: para enseñarnos el Camino. Tenemos que oírlo y hacer lo que nos manda, dejándonos de mentiras e hipocresías. Hablamos mucho de derechos humanos, pero nos hemos organizado en un mundo que no los favorece, sino tan solo el de los que ostentan el poder político y económico. Esta es la gran farsa contra la que tenemos que luchar, pacífica, pero incansablemente. Entonces, mirándoles con ira, apenado por la dureza de su corazón, dice al hombre: «Extiende la mano.» Él la extendió y quedó restablecida su mano.

Oremos:

Padre Santo, enséñanos a ser positivos, a ser constructivos y a combatir el mal y la mentira con cada uno de nuestros actos en nuestra vida cotidiana. ¡No permitas que seamos indiferentes! ¡No permitas que callemos!…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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