Marcos 16,15-20 – Proclamen el Evangelio

mayo 13, 2018

Proclamen el Evangelio

“Vayan por todo el mundo y proclamen el Evangelio a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará.”

Domingo de la 7ma Semana de Pascua | 13 Mayo del 2018 | Por Miguel Damiani

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Reflexión sobre las lecturas

Proclamen el Evangelio

El Señor, antes de ascender al Cielo, nos envía al mundo entero con una Misión: Proclamar el Evangelio. Esto es lo que debe hacer todo bautizado, todo cristiano. No se trata de una actividad especial reservada para algunos. Es Misión de todos.

No es tampoco algo opcional, ni algo de lo que podemos prescindir con cualquier excusa. Todos tenemos el deber de proclamar el Evangelio. ¿Cómo se proclama el Evangelio? Sin duda, una forma es desde el púlpito o desde la cátedra.

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Pero no es esta proclamación a la que se refiere Jesucristo en forma exclusiva. Lo sabemos, porque lo encontramos precisamente detallado en los Evangelios. Se trata de dar testimonio con nuestras propias vidas; es decir de dar testimonio del amor de Dios.

¿Y cómo damos testimonio del amor de Dios? Viviendo alegres, llenos de esperanza y amándonos los unos a los otros como Él nos ama. Es nuestro ejemplo el que debe atraer a los demás. Que al vernos cómo nos amamos, otros quieran para ellos lo mismo.

Por lo tanto, no se trata de proclamar a viva voz por plazas y calles el Evangelio descarnado, es decir, sin coherencia ni relación con nuestras vidas. Es por decir una cosa y hacer otra que muchos se resisten a creer en Dios y en el Evangelio.

No es, por lo tanto, infundir temor a Dios o a la perdición de sus almas por el pecado, lo que debe inducir al prójimo a seguir a Jesús, sino el ejemplo irresistible de vida comunitaria y cristiana que ven en nosotros, lo que los debe atraer.

No es porque somos buenos, porque rezamos el Rosario o porque vamos a Misa todos los días que los demás nos habrán de seguir, sino porque evidenciamos el amor que tenemos al prójimo en cada uno de nuestros actos o intervenciones.

Todo lo que hacemos, lo hacemos por amor. El amor se trasluce en el trato a nuestro esposo o esposa, a nuestros hijos, a nuestros padres, a nuestros hermanos, a nuestros vecinos, a nuestros amigos y compañeros.

No hay violencia ni vulgaridad en nuestras palabras, ni en nuestros gestos. Estamos buscando siempre la concordia, el común acuerdo, la solidaridad y la armonía. No nos encaprichamos con privilegios, con honores, ni preferencias. No tratamos de imponernos a cualquier precio.

No buscamos ser los primeros, pero tampoco toleramos la indiferencia, ni la injusticia. No estamos llevando y trayendo murmuraciones y maledicencias. Evitamos el abuso y cortamos de raíz con toda práctica indigna.

El buen cristiano destaca allí donde está, no porque busca adulación, ni ser destacado, sino porque su comportamiento es reconocido y anticipado por todos como correcto, justo, derecho, honesto, equilibrado, misericordioso y solidario.

Esta es la razón por la que nuestra luz debe brillar: para que todos vean cómo somos, cómo vivimos y quieran imitarnos. Porque de esta forma salvarán sus almas. Hemos de cumplir nuestra Misión de ir por el Mundo llevando el Evangelio, con nuestro ejemplo.

Que quieran ser como nosotros…Entonces les presentaremos a Jesús y los Evangelios. Entonces, los que crean, serán bautizados y tendrán el mismo poder que nosotros, de expulsar demonios, hablar lenguas extranjeras, coger serpientes y beber veneno.

Oración:

Padre Santo, concédenos la Gracia de dar testimonio del amor de Cristo con nuestras propias vidas. Que viéndonos cale en nuestros hermanos la Palabra de Cristo. Que mirando cómo nos amamos, nuestros hermanos se animen a seguir a Jesús. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

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