Marcos 16,15-20 – El que crea y sea bautizado, se salvará

abril 25, 2016

Texto del evangelio Mc 16,15-20 – El que crea y sea bautizado, se salvará

15. Y les dijo: «Vayan por todo el mundo y proclamen la Buena Nueva a toda la creación.
16. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará.
17. Estas son las señales que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas,
18. agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien.»
19. Con esto, el Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios.
20. Ellos salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban.

Reflexión: Mc 16,15-20

La salvación está en creer y ser bautizado. ¿Por qué el Señor une ambas condiciones finalmente? ¿Por qué no basta con creer? Porque la fe nos llega por medio de alguien. La fe es una herencia comunitaria. La fe se transmite de padres a hijos, no nace por generación espontánea. Así, casi podemos afirmar que el mismo que transmite la fe tiene la obligación de bautizar o cando menos velar porque quien la recibe sea bautizado. Resulta lógico que así sea, porque el bautizado recibe el auxilio del Espíritu Santo, el mayor auxilio que podemos tener los cristianos, por Gracia de Dios. Él quiso que así fuera, por lo tanto, si creemos, debemos ser bautizado. Sería un absurdo que no fuera así, pues denotaría falta de fe e ignorancia. Pero esto no puede ser pasado por alto por quien transmite adecuadamente la fe. En otras palabras, tenemos la obligación de dar a conocer a Jesús para que nuestros hermanos se conviertan y crean, pero al mismo tiempo no podemos obviar el bautizo, que es el primer paso lógico que debe dar el creyente en señal de fe, porque este le permite nacer nuevamente, sin importar la edad que tenga, en agua y en espíritu, a una vida nueva, inspirada por el Espíritu Santo de Dios, que habrá de acompañarlo el resto de su existencia. El mismo bautismo constituye un acto de fe, pues significa la entrega y el abandono al Espíritu Santo de Dios, confiando plenamente en que este lo habrá de guiar por el camino de la salvación. Por eso ambos son necesarios y prácticamente inseparables. ¿Pero qué ocurre cuando el bautizado es un bebé que no puede dar razón de su fe? Son los padres y padrinos que asumen la responsabilidad de prepararlo, de modo que llegada la edad de la razón, pueda comprender aceptar y agradecer que sus padres y padrinos hayan tomado aquella decisión por él, porque esta le habrá permitido vivir con la incomparable ayuda del Espíritu Santo aun antes que tuviera edad para comprenderlo. En cualquier caso el bautizo pone de relieve el compromiso de la comunidad en la transmisión de la fe, ya que nadie puede bautizarse a sí mismo. Que seamos bautizados, es señal que no solo Dios vela por nosotros, sino nuestros hermanos, nuestra comunidad, nuestros semejantes, nuestro prójimo. Es gracias a la participación de ambos que alcanzamos la salvación, porque así lo ha querido Dios. Vayan por todo el mundo y proclamen la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará.

Nuestra obligación como cristianos es ir y proclamar la Buena Nueva a todo el mundo. Es un deber al que todos estamos llamados y nadie está exento. ¿Por qué? Porque si en realidad creemos hemos de convenir en que no existe mejor noticia que esta y es de tal magnitud que no podemos callarla. Por otro lado, callarla pondría en evidencia nuestra falta de fe. Es imposible callar o guardar solo para nosotros tal noticia, a no ser que no la hayamos comprendido. Es así de lógico y simple. Como respirar. Si no respiramos, morimos, es algo que sabemos y comprendemos desde el momento aquel en que recibimos la primera nalgada, segundos después de ver la luz. El médico o la partera saben perfectamente que hay que hacerlo para que nos arranquemos a respirar y es algo que comprendemos inmediatamente y desde aquel momento no pararemos más, hasta que nos toque la hora de pasar a mejor vida. Del mismo modo, el que recibe la fe, el que llega realmente a creer, no puede dejar de transmitir la fe y de cumplir con este mandato de Jesús. El mandato de Jesucristo nos lo confirma, casi como la palmada aquella que recibe el bebe recién nacido. No hay otra forma de vivir la fe que no sea transmitiéndola con la vida misma, ya sea para propagarla o para confirmarla. Todos y cada uno de nuestros actos deben irradiar la fe que profesamos, deben proclamar a los cuatro vientos en quien creemos. Nuestra vida, nuestras actitudes y nuestros actos deben proclamarlo sin lugar a dudas, porque lo queremos y encima, el Señor nos lo manda. Es imposible que nos guardemos para nosotros solos la mejor noticia que hemos podido recibir. Tenemos que compartirla y mientras más lo hacemos más se afirma en nosotros mismos y más nos acerca al Señor. ¡Tenemos que cristianizar el mundo! ¡Hay de nosotros si no evangelizáramos! Vayan por todo el mundo y proclamen la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará.

Es un asunto que en realidad tiene que ver más con la consecuencia, con el ser consecuentes, que con la obligación. Sin embargo, es verdad que el Señor nos lo manda. Basta leer que nos dice: Vayan y proclamen…No nos hace una sugerencia, ni habla en un sentido metafórico, velado u oscuro, que pudiera necesitar una interpretación. Nos lo dice directamente y con autoridad, porque es así como corresponde que se dirija Dios a sus discípulos, a sus seguidores. Antes ya nos ha preguntado muchas veces si creemos en Él. Si creemos, hemos de hacer lo que nos manda y esto es lo que nos manda. Sin embargo empezamos este párrafo reconociendo que es además cuestión de consecuencia. Si decimos que creemos, si decimos que amamos, pues hemos de obrar en correspondencia. Como el niño bien educado, que con agrado obedece a su padre, porque sabe que este sólo quiere su bien y que lo que le manda es lo más le conviene. Si el padre le dice no subas a aquel bus, ni comas aquello, el niño así lo hará, porque tiene total confianza en el buen criterio de su padre y porque confía en su autoridad. ¿Nosotros, creemos en Jesús, Su Sabiduría y Su criterio Divino? Si es así, entonces debemos obrar en consecuencia y hacer lo que nos manda. Pero llegados a este punto, que es el fin del Evangelio de San Marcos, si no estamos convencidos que la noticia que nos trae Jesús es la mejor noticia que ha podido darnos alguien en la vida, es que nos falta conocimiento de la Palabra de Cristo, nos falta leer y meditar los Evangelios. Ellos solo hablan de esta Buena Noticia, por lo que, leídos con la pausa suficiente y bien reflexionados, tendremos que concluir en que efectivamente no hay mejor noticia en el Universo; junto con alegrarnos, nos resultará imposible dejar de transmitirla, por lo que de muy buen agrado cumpliremos con el mandato del Señor, tal como tratamos de hacerlo desde hace poco más de 8 años en este blog. Vayan por todo el mundo y proclamen la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará.

Oremos:

Padre Santo, danos la Gracia de vivir coherentemente, proclamando de este modo con cada uno de nuestros actos la Buena Noticia de los Evangelios…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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