Marcos 15,33-39;16,1-6 – ha resucitado

Noviembre 2, 2016

No se asusten. Si ustedes buscan a Jesús Nazareno, el crucificado, no está aquí, ha resucitado; pero éste es el lugar donde lo pusieron.

Texto del evangelio Mc 15,33-39;16,1-6 – ha resucitado

33. Llegado el mediodía, la oscuridad cubrió todo el país hasta las tres de la tarde
34. y a esa hora Jesús gritó con voz potente: «Eloí, Eloí, lammá sabactani», que quiere decir: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»
35. Al oírlo, algunos de los que estaban allí dijeron: «Está llamando a Elías.»
36. Uno de ellos corrió a mojar una esponja en vinagre, la puso en la punta de una caña y le ofreció de beber, diciendo: «Veamos si viene Elías a bajarlo.»
37. Pero Jesús, dando un fuerte grito, expiró.
38. En seguida la cortina que cerraba el santuario del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo.
39. Al mismo tiempo el capitán romano que estaba frente a Jesús, al ver cómo había expirado, dijo: «Verdaderamente este hombre era hijo de Dios.»
01. Pasado el sábado, María Magdalena, María, la madre de Santiago, y Salomé, compraron aromas para embalsamar el cuerpo.
02. Y muy temprano, el primer día de la semana, llegaron al sepulcro, apenas salido el sol. Se decían unas a otras:
03. «¿Quién nos quitará la piedra de la entrada del sepulcro?»
04. Pero cuando miraron, vieron que la piedra había sido retirada a un lado, a pesar de ser una piedra muy grande.
05. Al entrar en el sepulcro, vieron a un joven sentado al lado derecho, vestido enteramente de blanco, y se asustaron.
06. Pero él les dijo: «No se asusten. Si ustedes buscan a Jesús Nazareno, el crucificado, no está aquí, ha resucitado; pero éste es el lugar donde lo pusieron.

Reflexión: Mc 15,33-39;16,1-6

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Marcos 15,33-39;16,1-6 ha resucitado

No tendría que llamarnos la atención que la Iglesia nos proponga este Evangelio justo el día en que recordamos a nuestros difuntos. ¿Qué puede ser más apropiado que recordarnos que Cristo también murió, como cualquiera de nosotros, pero luego, al tercer día resucitó?

Jesucristo murió, es verdad, pero mucho más importante es tener en cuenta que resucitó, tal como nos lo había prometido y resucitando, nos salvó de la muerte y del pecado. No hay muerte sin resurrección. Esta constituye la victoria definitiva sobre la oscuridad y la mentira.

Por eso, la cruz, para los cristianos, es el símbolo de la victoria. Es la señal que reúne la vida, muerte y resurrección de Jesús. La uve que hacemos en señal de victoria se aproxima a la simbología de la cruz. Pero la cruz es muchísimo más.

No se asusten. Si ustedes buscan a Jesús Nazareno, el crucificado, no está aquí, ha resucitado; pero éste es el lugar donde lo pusieron.

 

Es verdad que al ver la cruz podemos evocar la victoria de Cristo, pero no podemos dejar de recordar también que para ello tuvo antes que sufrir un martirio inimaginable, al cual se entregó por nosotros. Tanto nos amó, que dio su vida en la cruz por nosotros.

Hemos de recordar que siendo Dios, optó por dar Su vida por nosotros. Nadie se la quitó; sino que Él la dio. Esto quiere decir que pudiendo salvarse de la muerte, Él, en Su infinita sabiduría, siguió al pie de la letra el Plan de Dios, hasta alcanzar para nosotros la Salvación.

¿Pudo librarse? ¡Sí! ¿Por qué no lo hizo? Porque Él nos enseñó que no hay amor más grande que el de aquel que da Su vida por sus amigos. Él tenía que cumplir con lo que predicó. Él nos da ejemplo. Sabía que tenía que hacerlo para que le creamos y lo hizo.

No se asusten. Si ustedes buscan a Jesús Nazareno, el crucificado, no está aquí, ha resucitado; pero éste es el lugar donde lo pusieron.

Sufrió como sufriría cualquiera de nosotros pasando tal trance. Como han sufrido y sufren tantos santos y mártires de la Iglesia. Y tal como nos prometió, fue resucitado por el Padre, del mismo modo como habrá de hacerlo con todos los que hagamos Su Voluntad.

Jesús con su vida y muerte nos dio ejemplo. Hemos de hacer lo mismo. No se trata de enseñar una doctrina teórica, ni de desarrollar unas prácticas piadosas en condiciones asépticas. Se trata de amar a Dios y al prójimo como a nosotros mismos, en este mundo adverso.

Amémonos unos a otros, como Jesucristo nos ha amado. Alegrémonos cuando nos persigan, como hicieron antes con Jesús, será la señal que el Reino está cerca. Amémonos cada día como si fuera el último. Tengámoslo todo por nada frente a la Gracia que Jesucristo nos ha prometido.

Sea que vivamos o muramos, hagámoslo por Él. No pidamos riqueza ni pobreza, ni salud, ni enfermedad. Dediquemos cada minuto de nuestras vidas a amar y servir a nuestros hermanos. Hagamos todo para la mayor Gloria de Dios. Que la muerte nos pille en este afán.

No se asusten. Si ustedes buscan a Jesús Nazareno, el crucificado, no está aquí, ha resucitado; pero éste es el lugar donde lo pusieron.

Oremos:

Padre Santo, danos la Gracia de aproximarnos al valor infinito de la cruz y comprender que nadie nos ama como Tú. Danos fe para escuchar y hacer lo que Jesús nos manda…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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Marcos 15,33-39;16,1-6 ha resucitado

Nadie te ama como yo

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