Marcos 1,29-39 – Todos te buscan

Enero 13, 2016

Texto del evangelio Mc 1,29-39 – Todos te buscan

29. Cuando salió de la sinagoga se fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés.
30. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre; y le hablan de ella.
31. Se acercó y, tomándola de la mano, la levantó. La fiebre la dejó y ella se puso a servirles.
32. Al atardecer, a la puesta del sol, le trajeron todos los enfermos y endemoniados;
33. la ciudad entera estaba agolpada a la puerta.
34. Jesús curó a muchos que se encontraban mal de diversas enfermedades y expulsó muchos demonios. Y no dejaba hablar a los demonios, pues le conocían.
35. De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración.
36. Simón y sus compañeros fueron en su busca;
37. al encontrarle, le dicen: « Todos te buscan.»
38. Él les dice: «Vayamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que también allí predique; pues para eso he salido.»
39. Y recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios.

Reflexión: Mc 1,29-39

¡Qué revuelo tan grande causó Jesús! Tenía a todo el mundo alborotado. ¿Y cómo no? Si algo salta a la vista es Su infinita Misericordia. Todo el mundo lo andaba buscando y es que no encontramos ni una sola negativa, ni la más mínima condición para atender las súplicas de la gente que venía a buscarlo por las más diversas razones. Tal vez sea esta absoluta disponibilidad a servir a los demás lo primero que debamos observar para tenerlo como ejemplo. Nos preguntamos ¿qué haríamos con semejante capacidad? ¿No es algo que de uno u otro modo andamos pidiendo? ¿Qué hacen las personas que conocemos que tienen consultorios donde constantemente llegan los pacientes? En nuestro país esto es muy frecuente en las consultas médicas. ¿Qué hace la mayoría de ellos? Se llenan de dinero, porque son muy pocos los que deciden tener una tarifa diferenciada favoreciendo a los más pobres…En general cobran igual y ni dan factura, para no pagar impuestos. Conocemos varios que se embolsillan 400 a 500 dólares diarios, lo que hace unos 10 mil mensuales, que es una verdadera fortuna en nuestro país. ¿Y Jesús? Él no cobra nada. Pero hay algo más que lo distingue de nuestros profesionales: expulsa demonios, por lo que diríamos que es médico de cuerpos y almas. Cuando expulsa un demonio no lo deja hablar, porque lo reconocen. ¿Qué quiere decir esto? ¿Qué tiene que lo reconozcan? ¿A quién le importa? A Jesús. ¿Por qué? Podemos especular que el Señor no se puede negar a curar por misericordia; porque nos ama tanto. No puede negarse, pero lo haría de buena gana, si con ello pudiera evitar que los demonios lo reconozcan y lo pongan al descubierto. ¿Por qué no quiere que hablen de Él los demonios? Esta es una constante en todos los Evangelios. Jesús cura, sana, sin importar la dolencia, desafiando toda ley física, médica o espiritual. Es obvio que para Él no hay límites, sin embargo quién es Él es algo que debemos descubrir por nosotros mismos o como resultado de sus enseñanzas, no por testimonio de los demonios. « Todos te buscan.» Él les dice: «Vayamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que también allí predique; pues para eso he salido.»

Hay algo más que lo hace completamente distinto a cualquiera de nuestros profesionales, no solo desafía las leyes naturales, sino que se aparta de la gente sin buscar compensación ni distinción de ningún tipo. No quiere honores, ni menciones, ni protocolos, sino que a penas puede sigilosamente se aparta de la multitud, sin que nadie sepa a donde se dirige, y cuando está solo, ora. Ora intensamente. No lleva una cuenta de las curaciones que ha realizado, ni de la distinta gravedad de unas y otras. No muestra un particular interés en saber cuantas curaciones ha realizado, cuantos enfermos había y cuantos faltan en cada pueblo. Tampoco tiene una lista de los personajes notables a los que ha atendido. Él simplemente atiende cada caso que le presentan, sin hacer distinciones, ni solicitar identificación alguna. Cura a todos, por eso todos le buscan. Cuando se retira a orar, no vuelve con el propósito de continuar donde se había quedado, sino que quiere ir a otro lado ¿Por qué? Porque quiere ir a predicar a los demás pueblos, porque para eso ha salido. El Señor cura, porque es misericordioso, pero no ha salido a curar, sino –tal como Él dice-, a predicar. Esto es lo que la gete debe escuchar, no las historias de los demonios, que le reprochan el expulsarlos. « Todos te buscan.» Él les dice: «Vayamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que también allí predique; pues para eso he salido.»

Definitivamente Cristo tiene poder sobre los demonios, pero no quiere infundir temor o admiración por su poder, sino revelarnos al Padre que lo ha enviado para Salvarnos de la mentira, el engaño, la oscuridad y la muerte. El Señor quiere que oigamos y sigamos Su Mandato, que es un mandato de amor, porque es solo el amor que hará posible nuestra Salvación. Hemos de amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos para salvarnos. Es el amor y no el temor el que nos salvará. Pero hay algo más…El Señor no ha vendido a curarnos de todos los males, lo que no quiere decir que no lo hará llegado el caso, a quién se lo pida, como de hecho hace con muchos de aquella multitud que se agolpaba. El Señor ha venido a darnos la Vida Eterna, que está más allá de todo mal, de toda dolencia, de todo problema, de toda angustia y de toda necesidad; ha venido a darnos el Espíritu Santo y se lo dará a quien se lo pida y esto no tiene nada que ver con la curación de nada, porque está mucho más allá. Los males que tenemos son pasajeros y los podemos sobrellevar con solidaridad y amor. Y es este amor el que nos hará alcanzar la Vida Eterna, que es el Bien sobre todo Bien. El Reino de Dios está cerca precisamente porque nuestra Salvación es posible gracias a nuestro Señor Jesucristo. Él ha cumplido la Misión que le fue encomendada por el Padre, por lo que solo tenemos que pasar este suspiro que dura la vida presente, amándonos los unos a los otros, para alcanzar la Vida Eterna. Esto es lo que tenemos que escuchar y entender. Es en esto que tenemos que enfocarnos y perseverar. « Todos te buscan.» Él les dice: «Vayamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que también allí predique; pues para eso he salido.»

Oremos:

Padre Santo, que no busquemos tanto ser consolados como consolar, ser amados como amar, porque es muriendo que se resucita para la Vida Eterna. Que hagamos todo por el Reino de los Cielos…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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