Marcos 12,38-44 – todo lo que tenía para vivir

Noviembre 8, 2015

Texto del evangelio Mc 12,38-44– todo lo que tenía para vivir

38. Decía también en su instrucción: «Guárdense de los escribas, que gustan pasear con amplio ropaje, ser saludados en las plazas,
39. ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes;
40. y que devoran la hacienda de las viudas so capa de largas oraciones. Esos tendrán una sentencia más rigurosa.
41. Jesús se sentó frente al arca del Tesoro y miraba cómo echaba la gente monedas en el arca del Tesoro: muchos ricos echaban mucho.
42. Llegó también una viuda pobre y echó dos moneditas, o sea, una cuarta parte del as.
43. Entonces, llamando a sus discípulos, les dijo: «Les digo de verdad que esta viuda pobre ha echado más que todos los que echan en el arca del Tesoro.
44. Pues todos han echado de los que les sobraba, ésta, en cambio, ha echado de lo que necesitaba todo cuanto poseía, todo lo que tenía para vivir.

Reflexión: Mc 12,38-44

¿Qué es lo que espera el Señor de nosotros en cada situación? Pues que hagamos lo mismo que la viuda pobre. Que demos todo lo que tenemos, todo lo que está a nuestro alcance. Ese es el mandato de Jesús. No se conforma con menos que todo lo que podemos dar. ¿Por qué? Porque de otro modo estaríamos confesando en los hechos que no confiamos plenamente en Él, por eso nos reservamos algo, por temor a que nos falte, a que no cumpla con sus promesas. ¿Por qué otra razón? Y si es así, estamos evidenciando falta de fe. Y si no tenemos fe, flaquearemos en cualquier momento, cuando menos se espera y será imposible que alcancemos la Vida Eterna, porque está reservada para los que creen en Dios y lo aman por sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. El que cree, confía y el que confía, no se reserva nada para sí; todo lo da, todo lo entrega. ¡Eso es lo que espera el Señor de nosotros! Su propuesta es sumamente exigente y en verdad son muy pocos los que la asumen íntegramente. Todos nos movemos por los bordes, por la periferia, sin asumir de veras el llamado y el compromiso que nos demanda. Somos débiles y nuestros mensajeros se han encargado de morigerar el mensaje, porque vemos demasiado pocos que se despojen de lo que tienen como esta viuda, como Dios manda y espera. Pues todos han echado de los que les sobraba, ésta, en cambio, ha echado de lo que necesitaba todo cuanto poseía, todo lo que tenía para vivir.

¿Qué podemos decir? ¿Cuál es nuestra excusa? ¿Cuál es el argumento que nos permite evadir esta exigencia? De seguro es una interpretación. No llegamos a creer que el Señor nos esté pidiendo tamaño esfuerzo, así que lo tomamos en sentido figurativo, lo interpretamos y lo reducimos a un mero simbolismo. Muchos nos quedaremos en la historia, observando cómo la pobre mujer aquella les dio una lección a estos fariseos ricos. Es decir, nos quedaremos en la narración de una historia antigua y ajena, que nos habla de cuál debe ser nuestra actitud en la vida y cómo debemos exigirnos al máximo en cualquier situación. Pero no nos dice nada que nos obligue a quintuplicar por lo menos la limosna que daremos hoy domingo en el templo, ni nos hará considerar invitar a nuestra mesa como nunca a un vecino pobre, o a pagar las facturas de las medicinas de aquella tía indigente. Todo eso no lo haremos, porque nos hemos acostumbrado a dar céntimos de limosna y a no considerarnos ricos, no al menos como aquellos que realmente son ricos. Así que como tenemos poco, no compartimos nada que realmente signifique un sacrificio, sino lo que nos sobra y es tan poco…Ese es el estilo de vida que en general todos asumimos. Es muy rara la vez que compartimos una necesidad que tenemos con algunos de nuestros hermanos o amigos y recibimos por respuesta ayuda para la satisfacción de la misma. Así, nosotros mismos no acostumbramos a hacerlo con los demás. Ni si quiera nos lo planteamos. Oímos, opinamos, aconsejamos, pero no asumimos la obligación de afrontar y atender esta necesidad sin condiciones y sin reservarnos nada. Pues todos han echado de los que les sobraba, ésta, en cambio, ha echado de lo que necesitaba todo cuanto poseía, todo lo que tenía para vivir.

Si, seguramente somos muy buenos. Nadie lo duda. Pero lo que espera el Señor es que seamos generosos, caritativos, misericordiosos, al punto que demos todo lo que tenemos sin reservarnos nada, tal como lo hizo esta pobre viuda. Si lo hacemos o no, es en verdad un asunto de fe. Nuestra fe se manifestará en la forma concreta en la que afrontemos estas situaciones. El que no mide, es como aquel que pasando por una playa no tiene ningún reparo en lanzarse a tratar de salvar a aquel que se está ahogando, sin saber quién es, si podrá salvarlo o si se ahogará con él. Aquel que no se detiene a meditarlo, sopesarlo, calcular ventajas, beneficios y peligros, y se entrega totalmente por amor a Dios y al prójimo, hace lo que Dios nos exige en este pasaje. No es fácil encontrar personas capaces de tales actos, es por ello que demora el Reino en llegar, porque nos falta fe. Nos parece absurdo jugárnosla hasta aquel extremo, y olvidamos aquello que nos dice el Señor que lo que es estimable para los hombres, es abominable ante Dios. Ser cristiano no es ni ha sido nunca fácil. Demanda asumir un posición comprometida con Dios, con la Vida y con nuestros hermanos. Pues todos han echado de los que les sobraba, ésta, en cambio, ha echado de lo que necesitaba todo cuanto poseía, todo lo que tenía para vivir.

Veíamos ayer en la televisión peruana la presentación de un colectivo de mujeres católicas en defensa del aborto en caso de violación, bajo el pretexto que es preciso dejar a la mujer que decida sobre su cuerpo. Es decir, todo un disparate sin pies ni cabeza que evidencia su desconocimiento e incomprensión de la Palabra de Dios. Tal como les tuiteamos, aun cuando se digan católicas, evidentemente no lo son, porque no puedes estar a favor del aborto y ser católico. No es cuestión de gustos y tampoco de dogmas que se pueden tomar o dejar, sino que es un asunto esencial, fundamental, que está en los cimientos mismos de nuestra fe. Jesús vino a salvarnos y, siendo Dios, dio su vida por nosotros. Él se dejó matar cruelmente en la cruz para salvarnos a todos. ¿Con qué derecho podríamos irrogarnos el privilegio de decidir quiénes se salvan y quienes no? ¿Hay alguien entre nosotros superior a Cristo para decidir quiénes merecen la salvación y quienes no? ¿Quién es la madre de un niño para condenarlo a la muerte? ¿Es el bebe que lleva en su vientre parte de su cuerpo tan solo porque Dios quiso que tuviera el privilegio de alimentarlo y cuidarlo mientras crecía? ¿Quién es ella o cualquiera para dar muerte a la vida de un indefenso confiada a sus manos? Como vemos, no se trata de dogmas que debemos cumplir irreflexivamente, sino de principios que debemos respetar y a los que podemos arribar como resultado de nuestra capacidad de razonar. Jesús mismo nos lo dice: si un reino se divide en dos, no puede sostenerse. Dios, el creador de la vida, ha enviado a Su Único Hijo para salvarnos, para darnos vida en abundancia, por lo que nunca jamás podrá estar en favor de la muerte, de ninguna clase, de ningún tipo, ni por ningún motivo. De esta convicción nace nuestra férrea defensa de la vida, que vista así, constituye un acto de fe. Por eso es que podemos decir que quien cree en Dios no puede estar en favor de la muerte de ninguna clase y bajo ningún pretexto. Pues todos han echado de los que les sobraba, ésta, en cambio, ha echado de lo que necesitaba todo cuanto poseía, todo lo que tenía para vivir.

Oremos:

Padre Santo, danos Tú Gracia, Tú fuerza y Tú amor para que vivamos coherentemente, siempre dispuestos a dar todo lo que tenemos para la construcción del Reino de los Cielos. Haznos defensores incondicionales de la vida…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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