Marcos 12,38-44 – han echado de lo que les sobraba

Junio 10, 2017

Han echado de lo que les sobraba

Pues todos han echado de lo que les sobraba, ésta, en cambio, ha echado de lo que necesitaba todo cuanto poseía, todo lo que tenía para vivir.

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Marcos 12,38-44 han echado de lo que les sobraba

Marcos – Capítulo 12

Reflexión: Marcos 12,38-44

El Señor conoce profundamente la naturaleza humana. No podemos sorprenderlo ni engañarlo. Lo que dice es tan frecuente y está tan extendido entre nosotros. Somos muy duros para compartir. No queremos deshacernos de nada. Nos aferramos a los que tenemos como si en ello se nos fuera la vida.

Nos cuesta dar y cuando lo hacemos queremos publicarlo con bombos y platillos. Queremos que todos lo sepan y lo reconozcan, por más que digamos que no. Y, como nos enseña el Señor, si buscas como recompensa el reconocimiento o el plauso, una vez que lo consigues, ya no tendrás más recompensas. No creas, entonces, que serás mejor visto por Dios.

Nosotros cuando demos limosna, que ni nuestra mano derecha se entere de lo que hizo la izquierda; esa debe ser nuestra actitud. Por eso incluso nos dice el Señor que cuando demos un banquete invitemos a los pobres, a aquellos que no nos pueden pagar, porque si tan solo invitamos a los que nos pagan, no tendremos ninguna recompensa en el cielo.

Pero a nosotros nos gusta ostentar lo que tenemos, lo que somos, lo que hemos alcanzado. ¿Cómo podremos dar sin que por lo menos nuestros enemigos nos vean para que se mueran de envidia? ¿O para que nuestros amigos y familiares abran la boca de admiración?

Pues todos han echado de lo que les sobraba, ésta, en cambio, ha echado de lo que necesitaba todo cuanto poseía, todo lo que tenía para vivir.

Debemos ser más cuidadosos con lo que hacemos. Si lo hacemos por el Señor, si lo que buscamos es rendirle honor a Dios, no nos exhibamos, no hagamos un circo de esta ocasión. ¡Qué difícil se nos hace compartir en forma anónima! Es que tenemos mucho apego a los bienes materiales, al prestigio, a la fama y a provocar admiración e incluso envidia.

Y, encima, damos lo que nos sobra. Damos aquello que no necesitamos, aquello que no vamos a echar en falta. Los que tienen más, incluso lo hacen para lograr descuentos en los impuestos. Y exigen que así sea, pues si van a dar algo, es para ganar, para recibir alguna compensación. Así obramos casi todos. Pocos son los que dan hasta que duela.

Por eso la obra de la viuda es ejemplar. Ella dio todo cuanto tenía para vivir. Es como si alguno de nosotros se desprendiera de su sueldo, de su coche e incluso de su casa. ¡Imposible! Tal vez de aquí en adelante procuremos dar algo más, pero difícilmente daremos si quiera todo lo que llevamos en ese momento en el bolsillo.

No nos damos cuenta, no somos conscientes que de ese desprendimiento material los que más ganamos somos nosotros. Si lo hacemos en silencio, sin que nadie lo sepa, ofreciéndolo en secreto a Dios, con seguridad Él sabrá reconocer y recompensar nuestra privación al ciento por uno en este mundo, y más allá, con la Vida Eterna.

Debemos practicar el desapego. No es algo que se logra de la noche a la mañana, sino Gracia que Dios otorga a quien la pide y persigue. Ciertamente será una lucha constante, pero todo está en empezar. No busquemos el mejor sitio, ni el plato más grande, ni el halago. Demos, demos sin esperar nada a cambio.

A veces todo lo que debemos dar es simpatía, aun a aquello que no nos gustaría sonreírles por nada del mundo. Todos tenemos aquellas personas que nos caen antipáticas, que en una reunión preferimos evitarlas y volteamos la mirada para no cruzarla con la de ellas. La próxima vez, dominémonos y tratemos de ser corteses y educados, sin esperar nada a cambio.

Porque, como dice el Señor, ¿qué de extraordinario haces si solo saludas a los que te saludan o a tus amigos? Eso es lo que hacen todos. Nosotros, como cristianos, estamos llamados a dar un paso más. Eso es lo que significa poner la otra mejilla cuando te abofetean en la mejilla derecha.

Esto quiere decir, no devolver mal por mal, pero al mismo tiempo ser capaz de tomar la iniciativa y acudir con el saludo, con la ayuda, con la invitación, con el obsequio y aun la limosna a aquel que te cae mal, que te disgusta, que te ha ofendido. Esto es lo que espera de nosotros el Señor. Eso es ser cristiano. Amar a Dios por sobre todas las cosas.

Padre Santo, danos generosidad y desprendimiento. Que entendamos que Tú debes estar en el centro de nuestras vidas y que nada ni nadie puede ocupar Tu lugar. Que estemos siempre dispuestos a dar, no tan solo de los que nos sobraba, sino incluso de aquello que necesitamos para vivir, te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor… Amén.

Pues todos han echado de lo que les sobraba, ésta, en cambio, ha echado de lo que necesitaba todo cuanto poseía, todo lo que tenía para vivir.

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