Marcos 12,35-37 – movido por el Espíritu Santo

junio 5, 2015

Texto del evangelio Mc 12, 35-37 – movido por el Espíritu Santo

35. Jesús, tomando la palabra, decía mientras enseñaba en el Templo: «¿Cómo dicen los escribas que el Cristo es hijo de David?
36. David mismo dijo, movido por el Espíritu Santo: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies.
37. El mismo David le llama Señor; ¿cómo entonces puede ser hijo suyo?» La muchedumbre le oía con agrado.

Reflexión: Mc 12, 35-37

Terminamos de leer estos cortos versículos e inmediatamente nos vienen a la mente estas líneas del Salmo 126:

Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los centinelas.

Es que el conocimiento del Señor es obra del mismísimo Dios. En realidad todo es obra Suya y nada ocurre si Él mismo no lo inspira, produce y permite. Nada es casual, aunque a veces tardemos en comprenderlo. Nos encontramos con la gente que debíamos y todo lo que hacemos, misteriosamente, tiene que ver con Su Plan. No somos nosotros los que decidimos, los que elegimos, como normalmente pensamos, sino que es Él. ¿Será que entonces vamos a quejarnos por falta de autonomía, por estar determinados, por no ser libres? Es que sucede que este es un inmenso campo de batalla, en el que ocurren simultáneamente miles de escaramuzas, avances, retrocesos, pactos, acuerdos, celadas, traiciones, ataques, rendiciones, en fin, miles, millones, miles de millones de relaciones de diverso tipo, todas destinadas a promover de algún modo la salvación de sus protagonistas. Todos tenemos en nuestras manos la posibilidad de obrar siguiendo el Plan de Dios, promoviéndonos y promoviendo a nuestros hermanos, o denigrándonos, denigrando y destruyendo a nuestro prójimo. Dios está ahí, en medio de cada suceso, de cada encuentro, de cada diálogo, de cada relación. Los peldaños servirán para que todo subamos, para que algunos subamos o para que algunos bajemos o todos nos desbarranquemos. Al final, siempre estará en nuestras manos la decisión, pero Cristo está ahí y si no estuviera, simplemente no tendríamos la oportunidad. David mismo dijo, movido por el Espíritu Santo: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies.

El Espíritu Santo, que es el Espíritu de nuestro Dios Padre Creador, nos inspira, guía y mueve al Padre, a nuestra Salvación. Si lo dejamos fluir, hacia allá iremos todos. Si nos resistimos, demoraremos un poco más y tendremos tarde o temprano que enmendar dolorosos errores, en los que lamentablemente arrastraremos a otros, pero sin duda, a la larga, todos caminaremos hacia el Padre, porque esa es Su Voluntad y no hay nada ni nadie en este mundo, ni en el Universo que se le oponga. Sufriremos por nuestro capricho, por nuestra soberbia, por nuestra necedad, por nuestro orgullo y muchos de nuestros hermanos con nosotros, como víctimas o émulos, pero tarde o temprano alcanzaremos al Reino de Dios, porque así lo ha querido nuestro Padre Bueno. ¿Es determinismos? ¿Somos esclavos? ¡No! Es Amor y Misericordia Infinita. Dios Padre no quiere que ni uno solo de nosotros nos perdamos. Y así ocurrirá si no hacemos lo que Cristo nos manda. Por eso no escatima esfuerzo ni sacrificio y muere en la cruz, para hacernos entender al extremo que es capaz de llegar por amor a nosotros. Dios no necesitaba de nosotros, Cristo tampoco, pero nos amó tanto que sacrificó a Su Hijo por nosotros, sin merecerlo, aún sin conocerlo. Sacrifico Su vida no solo por los buenos, por los que estamos dispuestos a seguirlo, sino incluso por los que lo aborrecen, los que lo maldicen y detestan. ¡Ese es nuestro Padre Dios! David mismo dijo, movido por el Espíritu Santo: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies.

Él nos ha enviado al Espíritu Santo porque Él es el único que nos puede hacer decir Padre a Dios. Él es el único que puede movernos a la fe y al amor, capaz de mover montañas. Él es el único capaz de hacer lo que nos parecía imposible. Él es el único capaz de Salvarnos. El Universo se sostiene en Sus manos y es de día cuando Él lo manda y de noche cuando lo permite. Un año, 10 años, mil años, un millón de años son un suspiro para Él porque Él es el Principio y Fin de todo lo que existe en el Universo. Porque antes que hubiera nada, antes que se hiciera la luz, Él siempre fue. Es este Espíritu de Dios el que hizo reconocer a David a Cristo como su Señor, siglos antes que Cristo viniera al mundo, porque antes que naciéramos cualquiera de nosotros Él ya era, y su Espíritu aleteaba entre nosotros. Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, es antes que nada existiera y será por siempre, porque es Eterno, como son eternos su amor y su misericordia. Este Dios de Bondad, nos ha querido siempre, porque así le ha parecido bueno. No hay ningún merecimiento nuestro en ello, ni habrá demérito tan grande que nos pierda, si Él no lo quiere. Esta debe ser nuestra oración cada segundo mientras vivamos. Amarle a Él por sobre todas las cosas y a nuestro prójimo como a nosotros mismos es Su Voluntad, en la que debemos empeñarnos, para vivir eternamente. David mismo dijo, movido por el Espíritu Santo: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies.

Oremos:

Padre Santo, no permitas que nada ni nadie nos pierda, que cuando tengamos que vivir y pasar en este mundo sea para mayor Gloria tuya, participando activamente en la Misión que Cristo nos ha encomendado, yendo por el mundo anunciando el Evangelio …Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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