Marcos 12,28b-34 – No existe otro mandamiento mayor

Marzo 24, 2017

No existe otro mandamiento mayor

…amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No existe otro mandamiento mayor que éstos.

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Marcos 12,28b-34 No existe otro mandamiento mayor

Marcos – Capítulo 12

Reflexión: Marcos 12,28b-34

Después de todo, la doctrina de Jesús es muy simple. Mucho más de lo que se imaginan muchos. Basta menos de un minuto para formularla. O como hemos dicho varias veces, entra en un solo Tweet de 140 caracteres y todavía le sobra espacio. ¿Por qué no podemos aprenderla y seguirla? Desde luego no por falta de memoria.

Lo que ocurre es que la exigencia es tan alta, que flaqueamos, nos excusamos y preferimos mirar a otro lado. Vivimos en una sociedad en la que se exalta el placer, la comodidad, la permanente autocomplacencia, el hedonismo, el erotismo y el egoísmo. Y todo ello está sujeto a la capacidad económica, es decir a la cantidad de recursos que podemos destinar para conseguirlos.

Vivimos en una sociedad de consumo que nos ha hecho creer que todo se puede conseguir a condición de contar con la capacidad para adquirirlo. Por lo tanto, es preciso acumular el capital necesario que nos permita cubrir nuestra demanda. Cada quien lo consigue del modo que puede y está a su alcance. Vivimos en permanente tensión por atender ambas vertientes de nuestra existencia: tener, para gozar. Tener, para “vivir”, entendiendo que solo se vive cuando se goza. No es casual que digamos “esto es vida” cuando alcanzamos el placer y confort que anhelamos, aun cuando sea efímero.

Precisamente la lucha denodada en la que algunos nos obstinamos es en prolongar lo más que podemos este momento placentero. Dependiendo de la riqueza que vamos acumulando, algunos nos obsesionamos por darles todo a nuestros hijos, por complacerlos y mantenerlos alejados de cualquier sacrificio y contacto con el sufrimiento.

…amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No existe otro mandamiento mayor que éstos.

Entonces, mientras más prolongamos el placer, más necesitamos alejarnos del dolor. Y lo hacemos, huyendo de él, dándole la espalda o haciéndonos inmunes, mediante una coraza –real o imaginaria-, que mantiene indemne nuestra indiferencia. La vida, para ser placentera, tiene que estar alejada del dolor y del sufrimiento. Amparados en nuestra riqueza y mientras ella nos lo permite, es preciso desconectarnos de todo aquello que nos lo impida, incluyendo catástrofes, malas noticias o necesidades de cualquier tipo, mientras afecten a los demás, quienes quiera que sean.

Este es el ideal hedonista que el sistema en el que vivimos nos vende y el cual todos compramos como la máxima aspiración a la que todos tenemos derecho. La falacia radica en que eso no es en verdad posible. No para todos, ni para nadie por siempre. Algo más: los que así logran vivir, lo hacen a costa de riquezas acumuladas que a otros les hacen falta para subsistir, es decir a costa de la vida de otros.

Por lo tanto se trata de un bien efímero e injusto, por naturaleza, ya que obtenerlo acarrea violencia, pues no de otro modo se puede arrasar y acabar con la vida de nuestros semejantes. Es preciso que millones vivan paupérrimamente para que algunos mantengan sus privilegios y ello solo es posible mediante la dominación y el sojuzgamiento. El hombre solo cae en ello por la traición, el engaño, la mentira o la fuerza. Ese es el costo intrínseco de este modo de vida. Es violento, exclusivo y excluyente.

El Señor Jesús nos enseña que hay otro camino posible; el verdadero Camino, el único en realidad que conduce a la felicidad a toda la humanidad, tal como fue planeado por Dios, constituyendo Su Voluntad y nuestra razón de ser. Este Camino es totalmente opuesto al que se cimienta sobre la acumulación de riquezas en unas pocas manos. Este es el Camino del Amor.

Contrariamente a lo que establece el camino del Dinero y la riqueza, el Camino del Amor, iluminado por Jesucristo, nos dice que es procurar y esforzarnos por el bien del otro el que acarreará la felicidad para todos. Que este bien esquivo, al que todos perseguimos, llegará cuando seamos capaces de abstenernos y sacrificarnos por nuestros hermanos. Que en la medida en que demos habremos de recibir. Que la felicidad por lo tanto está en dar, sin esperar nada a cambio, que es la forma más elevada del amor, la misma que Dios Padre aplica con nosotros.

Dios nos creó para ser felices y nos dio la vida sin que mediara merecimiento alguno. Su Voluntad es que seamos felices y vivamos eternamente. Este propósito que debe ser el nuestro, porque no hay otro mejor, solo lo alcanzaremos si amamos a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos, tal como hoy nos lo dice Jesucristo.

La Voluntad de Dios, como podemos ver, es totalmente opuesta al camino del egoísmo que busca complacerse mediante la acumulación de riquezas a costa de los demás. Seguir la Voluntad de Dios exige un cambio radical en nuestras vidas, depositando nuestra confianza en Dios. Exige fe, que se refleja en una mirada y una interacción distinta y responsable con el mundo y nuestros hermanos. Exige, como no, sacrificio, que por más grande que sea jamás superará las promesas de nuestro Señor Jesucristo, deparadas para quienes estamos dispuestos a seguirlo, amando hasta el extremo, como Él lo hizo con nosotros.

Solo hay un Camino señalado por Dios para nosotros. Seguirlo es lo razonable, porque en el encontraremos la Felicidad y la Vida Eterna y con ellos, la razón de nuestras existencias. Lo seguimos, con sacrificios, anteponiendo la felicidad de nuestros hermanos a la nuestra o nos perderemos en la oscuridad, la mentira, el engaño, la traición, la soberbia, el hedonismo, la esclavitud, la oscuridad y la muerte.

Danos Padre Santo la claridad y valentía para optar siempre por el amor. Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo. Amén.

…amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No existe otro mandamiento mayor que éstos.

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