Marcos 12,28b-34 – Amarás al Señor

junio 7, 2018

Amarás al Señor

“El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas.”

Jueves de la 9na Semana del T. Ordinario | 07 de Junio del 2018 | Por Miguel Damiani

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Reflexión sobre las lecturas

Amarás al Señor

El seguimiento cotidiano del Señor, nuestro Dios, demanda un esfuerzo diario, a toda hora y en todo lugar. Si algo distingue este seguimiento no es su facilidad precisamente. Así que si buscamos el menor esfuerzo, no lo conseguiremos en este Camino.

Sin embargo, es preciso matizar esta respuesta, porque si bien es verdad que no es fácil seguir al Señor, es el ÚNICO que es capaz de dar sentido a nuestras vidas. Y, fijémonos que hemos escrito con mayúsculas ÚNICO, porque no hay otra opción, si queremos alcanzar el propósito para el cual fuimos creados.

amaras

Así que, no siendo fácil, es imprescindible seguir al Señor para alcanzar el propósito para el cual fuimos creados, dando sentido a nuestras vidas. Dicho de otro modo: nuestra vida no tendrá sentido si no alcanzamos el propósito para el cual fuimos creados.

¿Por dónde empezamos a deshilvanar esta declaración que ya parece un acertijo? Empecemos por lo que parece fundamental: ¿Cuál es el propósito de nuestras existencias? ¿Por qué vivimos? ¿Para qué fuimos creados? ¿Hay algún propósito en ello?

Estas son preguntas fundamentales que siempre han atraído al hombre y las que han procurado responder los hombres más sabios de cada civilización. ¿Qué hacemos en este mundo? ¿Por qué y para qué estamos aquí?

Pues lo primero que hay que decir es que todos compartimos un propósito común. No es distinto según la persona, el sexo, el lugar o el tiempo de nacimiento. No depende de nosotros. El propósito de nuestras existencias lo determinó nuestro Creador.

Por lo tanto, dejemos de buscar en nuestro interior o en nuestro exterior, pues no es cuestión de azar, de parecer, de gustos o razonamiento. Todos vivimos con el mismo propósito y este ha sido establecido por el Señor registrándolo en nosotros como una impronta.

¿Cuál es este propósito? Es la consecuencia del motivo por el cual fuimos creados. ¿Por qué fuimos creados? Fuimos creados por AMOR. Así es, Dios, que es un ser sobrenatural, todopoderoso, omnipresente, omnisciente e inmortal, nos creó por amor.

¿Qué necesidad tenía de crearnos? Ninguna. Esta es precisamente una de las características fundamentales del amor de Dios: es INCONDICIONAL y GRATUITO. Quiere decir que no tenía ningún motivo para hacerlo, que no fuera Su Don Gratuito.

Ni nosotros, ni nadie le pidió a Dios que nos creara. Lógicamente, si aún no habíamos sido creados, ni se lo pedimos, ni lo merecimos. Por lo tanto el Amor de Dios está fuera de esta “cultura de la transacción” en la que vivimos, por la cual nada se da sin motivo.

Dios no crea por Amor. Es que Dios es Amor. Esto quiere decir que Él es o se manifiesta amando. Para decirlo de otro modo: donde hay amor, allí está Dios. Él es el amor perfecto, el modelo que debemos seguir para amar.

Si Dios es amor y nos crea por amor, evidentemente nos ama. Y, dentro de nuestro razonamiento, ¿qué desea quién ama para el ser amado? ¡Que sea feliz! Eso es precisamente lo que Dios quiere para nosotros. Que seamos felices y vivamos eternamente.

Dios quiere eso para nosotros. ¿Es que alguien es sus cabales puede NO querer lo que quiere Dios? Si porque nos ama, quiere nuestra felicidad, ¿tendríamos algún motivo para rechazar lo que quiere para nosotros? Solo si estuviéramos locos o no lo comprendiéramos.

Si lo que Dios quiere es nuestra felicidad, ¿no tendría sentido preguntarnos cómo o qué podemos hacer para alcanzarla? Porque es obvio que aunque Él la quiera en muchísimos casos no la alcanzamos. Algo no está bien. ¿Hay algo que podamos hacer para alcanzarla?

¡Esa es la pregunta! La respuesta es, sigamos a Dios en lo que Él hace. ¿Qué hace? Amar, amarnos. Amémosle a Él de vuelta, en gratitud por lo que nos ha dado y esforcémonos en amar a nuestro prójimo como Él lo ama. ¿Por qué? Porque esa es Su Voluntad y si realmente le amamos, tendríamos que hacer lo que Él quiere: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas.

¿Cómo podemos afirmar que esa es Su Voluntad? Primero porque nos creo a todos por amor, lo que incluye a los demás. Si nosotros le amamos, tendríamos que amar a quienes Él ama. ¿No es esta la más elemental lógica humana? ¿No nos esforzamos por amar a nuestra familia política?

Pero hay una razón adicional. Dios mismo nos lo pide expresamente. A través de Jesucristo nos enseña que el amor es el Camino a la Vida Eterna, para la cual fuimos creados. Ya tenemos, entonces, que podemos alcanzar la Vida Eterna, el fin para el cual fuimos creados, si amamos.

¿Por qué Dios no nos dio la felicidad y la vida eterna, sin necesidad de tener que tomar ninguna decisión? Porque Dios, en su Infinita Sabiduría sabe que la condición fundamental para el amor ha de ser la entrega libre y gratuita, sin condiciones.

Pero para que una entrega sea libre y gratuita, debe ser elegida libremente. Nosotros, todos, tenemos la oportunidad de escoger y elegir libremente si amamos y entonces alcanzamos la Vida Eterna y la plenitud, o si optamos por cualquier otro camino.

Si escogemos el camino equivocado y no hacemos lo que Dios quiere, si no hacemos Su Voluntad, nos perderemos irremediablemente. Por eso Dios Padre nos envió a Jesucristo, Su Hijo, para que nos enseñe el Camino y Él, cumplió su Misión, hasta el extremo de morir en la cruz por nosotros, para que lo veamos y sigamos en el amor.

Jesucristo, con Su muerte en la cruz, nos dio la lección más grande de amor que alguien haya podido dar jamás. Nos enseñó que hay que amar hasta dar la vida si es necesario. Que si así lo hacemos, Dios Padre nos resucitará para la Vida Eterna, como lo hizo con Él.

En resumen: Dios nos creó para vivir eternamente. Pero para alcanzar este propósito debemos transitar el Camino del Amor. Él nos manda: amarás al Señor, tu Dios, por sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos.

Nadie nos obliga a amar. Es una decisión libre, en la que nos jugamos la vida eterna y con ella, el sentido de la existencia. ¿Creemos en esta revelación de la Escrituras, confirmada por Jesucristo y aclarada por el Espíritu Santo? ¿O, preferimos seguir nuestras teorías?

Oración:

Padre Santo, danos el Don del discernimiento, para que sepamos elegir lo que más nos conviene en nuestra vida cotidiana. Que vivamos amándote por sobre todas las cosas y amando a nuestros hermanos como a nosotros mismos. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

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