Marcos 12,28-34 – Reino de Dios

junio 4, 2015

Texto del evangelio Mc 12,28-34 – Reino de Dios

28. Se acercó uno de los escribas que les había oído y, viendo que les había respondido muy bien, le preguntó: «¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?»
29. Jesús le contestó: «El primero es: Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor,
30. y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas.
31. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No existe otro mandamiento mayor que éstos.»
32. Le dijo el escriba: «Muy bien, Maestro; tienes razón al decir que Él es único y que no hay otro fuera de Él,
33. y amarle con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a si mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.»
34. Y Jesús, viendo que le había contestado con sensatez, le dijo: « No estás lejos del Reino de Dios. » Y nadie más se atrevía ya a hacerle preguntas.

Reflexión: Mc 12,28-34

Nadie se atrevía ya a hacerle preguntas, es un testimonio que nos llama la atención. ¿Qué pasó? ¿No era que todo el mundo le hacía preguntas capciosas buscando hacerlo caer? Pues el que lo busca sinceramente, el que lo quiere encontrar, finalmente lo hallará. Entonces se enfrentará a una disyuntiva que pocos tenemos el valor de afrontar y asumir. Si nos ha respondido todas nuestras preguntas con irrefutable verdad, ¿qué correspondería?¿Por qué no seguimos adelante? Porque si no ha hecho nada más que asombrarnos con sus respuestas, por coherentes y ciertas, lo que correspondería es rendirnos a Él, confirmando que Él es el Camino, la Verdad y la Vida. Confirmando que habla con Autoridad y Sabiduría que van más allá de cuanto podemos argumentar, ¿Qué tendríamos que hacer? Pues no se nos ocurre otra cosa que preguntarle ¿Qué hacemos? ¿Por dónde vamos? Aunque bien pensado, si reflexionamos detenidamente, aún eso ya lo ha dicho, así que no hay más que decir. Tal certeza atemoriza a los indecisos, a los temerosos, a los faltos de fe. Porque si estamos ante la Verdad, lo que corresponde es seguirla, porque allí están todas las respuestas a nuestras inquietudes de siempre, a nuestras dudas, a nuestros temores. Pero no nos atrevemos; antes bien, preferimos no seguir ahondado, para no comprometernos. Preferimos mantener el estatus quo. Nos da miedo. Y Jesús, viendo que le había contestado con sensatez, le dijo: « No estás lejos del Reino de Dios. » Y nadie más se atrevía ya a hacerle preguntas.

Estos son versículos que debíamos leer y releer una y otra vez, porque aquí se encuentra toda la doctrina de Jesús, toda la Revelación. Si nos quedáramos tan solo con estas líneas, las aprendiéramos y las pusiéramos en práctica, bastaría para dar un verdadero testimonio cristiano, para cambiar el mundo y para alcanzar el Reino de Dios. No por nada, Jesús le da esta respuesta al escriba: No estás lejos del Reino de Dios. Este es el Camino. Esto es lo que tenemos que poner en práctica. Esto es lo que tenemos que hacer, ni más ni menos. Leámoslo. No es tan complicado. Son unas pocas líneas que pueden resumirse más aún, en un solo twitt de menos de 140 caracteres, tan de moda en la actualidad. Veamos: “Amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos”. ¿Cuántos caracteres tiene esta oración? Setenta y tres. ¡73! Es decir que todavía nos sobra casi el 50% de un twitt y sin embargo muchas veces nos quejamos pensando que no se puede decir mucho en un twitt. Claro que se puede decir. Fijémonos que toda la sabiduría y los profetas está contenida en esta oración de 73 caracteres, incluidos espacios en blanco. Lo que pasa es que nos resistimos a creer, nos resistimos a aceptar esta verdad única y poderosa, que tiene el poder de acercarnos al Reino de Dios y con él, a la Vida Eterna. Nos da temor. No estamos dispuestos a seguir, por eso preferimos detenernos y ya no seguir indagado, no sea que nos devore y ya no podamos salir de allí. Y Jesús, viendo que le había contestado con sensatez, le dijo: « No estás lejos del Reino de Dios. » Y nadie más se atrevía ya a hacerle preguntas.

¿A qué le tememos? Pues, aunque parezca increíble, a la Verdad. La Verdad pura, diáfana y simple. Muy simple, tanto, que nos llegamos a convencer que es poca cosa, que necesitamos más y que por ahí no podemos encontrarla. Es que no queremos reflexionar, no queremos meditar; no queremos pensar, porque nos da temor lo que podemos encontrar. Tal vez la necesidad de dar una respuesta; y la respuesta necesariamente será fe. Porque la Verdad se corresponde con la Fe. Si todas nuestras preguntas han sido respondidas con Autoridad, razonablemente, debíamos rendirnos ante quien formula las respuestas, asumiendo con Fe lo que nos dice, puesto que todo ha sido respondido. Cuando llegamos a este punto, como el escribano de la lectura, nos encontramos muy cerca del Reino de Dios. ¿Qué nos falta para alcanzarlo? Obrar en función a esta verdad. Ser coherentes. Ser consecuentes. Si en vez de eso nos replegamos y nos dejamos intimidar, empezaremos a urdir engaños, escapes, mentiras, empezaremos a caminar por la periferia, por las sombras…¿Por qué? Por temor a arriesgar; por temor a perder; por falta de fe. Fe es la respuesta que debemos, la única posible, a la revelación del Señor. Es con Fe que DEBEMOS hacer lo que nos manda, que está resumido en este twitt y que podría ser aun más breve, si nos atenemos a lo que dice el sabio San Agustín. Él, habiendo reflexionado toda su vida en la Revelación de Cristo, llega a esta breve conclusión: “ama y haz lo que quieras”, que bien pensada, es lo mismo, para quien comprende lo que es el amor. Por eso alguna vez alguien concluyó muy sabiamente en que: Dios es Amor. Y Jesús, viendo que le había contestado con sensatez, le dijo: « No estás lejos del Reino de Dios. » Y nadie más se atrevía ya a hacerle preguntas.

Estos niveles de abstracción pueden ser muy elevados y descarnados para muchos de nosotros, por eso, aterrizando, debemos esforzarnos toda la vida, desde que amanece hasta que anochece, por poner a nuestro prójimo delante nuestro. Esto resulta casi imposible en una sociedad en la que nos enseñan desde muy pequeños a que primero que nada y antes que todo ha de estar nuestra satisfacción, la atención a nuestros gustos, a nuestras opiniones, a nuestra comodidad. Nuestro marido o nuestra mujer han de satisfacernos plenamente, pues no estamos para tolerar a nadie, y si esto no funciona, lo cambiamos, como hacemos con los pantalones o los zapatos. En esta casa cada uno come lo que quiere, oye lo que quiere, ve lo que quiere, cree en lo que quiere, lee lo que quiere y piensa como quiere. ¿Y el fin de semana? Todos somos “libres” y hacemos lo que queremos. Unos van al fútbol, otros se encierran en su cuarto, otros se bañan todo el día, mientras otros prefieren a los amigos, otros la familia y otros la buena vida y los tragos. ¿Es que lo único que une a una familia es el apellido y el lugar de pernoctación? ¿No somos capaces de diseñar y proponer un programa a partir de la revelación que nos hace Cristo? ¿No tendríamos que procurar que toda nuestra familia se acerque al Reino de Dios? ¿Cómo? Pues con el ejemplo de una vida coherente que proclame, sin decirlo necesariamente, lo que creemos. Se trata de adoptar una vida cristiana y enseñar con el ejemplo y con fe a vivir de este modo. No dejemos la salvación de nuestro prójimo al azar, ni a los mandatos y caprichos del sistema consumista e individualista en el que vivimos, en el que todo se ha relativizado para confundirnos y favorecer la tibieza y la falta de convicción. Y Jesús, viendo que le había contestado con sensatez, le dijo: « No estás lejos del Reino de Dios. » Y nadie más se atrevía ya a hacerle preguntas.

Oremos:

Padre Santo, no dejes que nos engañemos con argumentaciones falaces, destinadas a evadir nuestras responsabilidades. Danos el valor de asumir y afrontar con decisión el camino del amor, que es el único que nos conduce al Reino de Dios…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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