Marcos 12,28-34 – El Señor, nuestro Dios, es el único Señor

marzo 9, 2018

El Señor, nuestro Dios, es el único Señor

“Escucha Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser.”

Viernes de la 3ra Semana de Cuaresma | 09 Marzo 2018 | Por Miguel Damiani

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Reflexión sobre las lecturas

El Señor, nuestro Dios, es el único Señor

Por aquí hemos de empezar. Jesús nos recuerda los dos principales mandamientos en los que se reduce la Ley y los profetas. Comienza aclarando de modo definitivo e inequívoco, que Dios es el único Señor.

No podemos, pues, estar especulando en torno a distintas divinidades de otras culturas y de otros tiempos o sociedades, porque nuestro Planeta, así como nuestra historia es una sola. La Creación es una. La Humanidad es una.

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La historia tiene una sola dirección posible, si finalmente hemos de salvarnos. Y Jesucristo ha venido por Voluntad de nuestro Padre celestial para salvarnos. Por lo tanto eso será lo que finalmente ocurrirá, Porque Jesucristo ha vencido al mundo.

¿Quiere decir que esto es una fatalidad? ¿Quiere decir que no somos libres, puesto que todo está predeterminado? ¡No! Quiere decir que el Señor ha vencido a la muerte, a la oscuridad, a la mentira y al Demonio, por lo que el Camino de nuestra salvación está expedito.

Pero…debemos transitarlo. Somos libre para escoger si lo hacemos o no. Sin embargo, si no lo hacemos, seremos unos tontos, puesto que estaremos prefiriendo la muerte a la salvación. Es un absurdo, una tontería, pero es posible. Está en nuestras manos la decisión.

Lo sensato, lo correcto, lo inteligente, el proceder apropiado de seres pensantes, dotados de inteligencia, voluntad y libertad, sería escoger la salvación, el Camino que Jesucristo nos señala, pues es el único que nos conduce a la Vida Eterna.

Hacerlo demanda que reconozcamos humildemente, que no somos dioses y que no hay otro Dios, ni por lo tanto NINGUNA otra Verdad que la que nos ha revelado Jesucristo. Dios es el único Señor. A Él debemos escuchar, amar y seguir, porque es nuestro Padre y solo quiere que ninguno de nosotros se pierda.

Tanto quiere Dios que nos salvemos, tanto nos ama, que envió a Su propio Hijo a salvarnos y este, tuvo que morir de la forma más cruel en la cruz para salvarnos. Nadie en este mundo sería capaz de tal sacrificio. Morir por nosotros, siendo pecadores y sin que le demos el menor crédito.

¿Por qué hace esto? Porque es la Voluntad del Padre y porque nos enseña con el ejemplo que el Camino de la Salvación es el Amor. Y, amar es estar dispuesto a llegar al extremo de dar la vida. ¡Entendamos esto! ¡Estar dispuestos a dar la vida por el prójimo!

Esto quiere decir que no devolveremos golpe por golpe, desaire por desaire, insulto por insulto. Sino que debemos estar dispuestos a perdonar siempre a aquellos que inexplicablemente, por envidia, por soberbia, por orgullo o por capricho, nos tratan mal.

Dar amor a aquellos que nos dan desprecio, que nos hacen sufrir, que no nos valoran, que no encuentran en nosotros nada que valga la pena y que están más prestos a hundirnos y humillarnos, que a reconocer el menor mérito en nuestros gestos o en nuestro proceder.

Amar, no es fácil. Sin embargo es el único Camino a la Vida Eterna. ¿Cómo podremos transitarlo con tanta contrariedad? Siguiendo el ejemplo de Cristo que siendo inocente, siendo Hijo de Dios y teniéndolo todo, dio voluntariamente Su Vida por nosotros.

¡Qué difícil que lleguemos nosotros a hacer esto! Ciertamente. Podemos quererlo, pero no lo lograremos sin la ayuda de Dios. Por eso es fundamental, es esencial que oremos. Solo con Él a nuestro lado podremos superar cualquier escollo, incluyendo a la muerte.

Esta es Gracia que Dios concede a quienes, conociéndolo, reconociéndolo como el Único Señor, se lo piden de corazón y a quienes Él quiere. Pidámoslo incansablemente, que es lo único que podemos hacer.

Oración:

Padre Santo, danos la Gracia de discernir y elegir siempre el seguimiento de Jesucristo, por más difícil y cuesta arriba que se nos presente. Que seamos capaces de amar hasta el extremo de dar nuestras vidas por nuestros cónyuges, hermanos, hijos, padres, amigos e incluso enemigos…Por nuestro prójimo. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

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