Marcos 12,18-27 – serán como ángeles

Junio 3, 2015

Texto del evangelio Mc 12, 18-27 – serán como ángeles

18. Se le acercan unos saduceos, esos que niegan que haya resurrección, y le preguntaban:
19. «Maestro, Moisés nos dejó escrito que si muere el hermano de alguno y deja mujer y no deja hijos, que su hermano tome a la mujer para dar descendencia a su hermano.
20. Eran siete hermanos: el primero tomó mujer, pero murió sin dejar descendencia;
21. también el segundo la tomó y murió sin dejar descendencia; y el tercero lo mismo.
22. Ninguno de los siete dejó descendencia. Después de todos, murió también la mujer.
23. En la resurrección, cuando resuciten, ¿de cuál de ellos será mujer? Porque los siete la tuvieron por mujer.»
24. Jesús les contestó: «¿No están en un error precisamente por esto, por no entender las Escrituras ni el poder de Dios?
25. Pues cuando resuciten de entre los muertos, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, sino que serán como ángeles en los cielos.
26. Y acerca de que los muertos resucitan, ¿no han leído en el libro de Moisés, en lo de la zarza, cómo Dios le dijo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob?
27. No es un Dios de muertos, sino de vivos. Están en un gran error.»

Reflexión: Mc 12, 18-27

Una y otra vez tratamos de poner trampas al Señor, para ver si podemos hacerlo caer en contradicción. Muchos se dedican a eso como deporte. Están constantemente buscando hacernos caer en algo, para justificar su falta de fe o su mal proceder. Claro, si el Señor se equivoca en algo, sería señal que pudiera estar equivocado también en otras cosas y entonces mejor no aferrarse a su seguimiento, pues como todos, finalmente nos defraudará. Pero la verdad es que el Señor no defrauda; que es coherente y que jamás encontraremos contradicción. Tal vez no lleguemos a entenderlo del todo, porque pudiera ser que estamos tratando de ajustarlo a nuestros conceptos o a nuestra conveniencia y las cosas no funcionan así. No es Jesucristo quien debe ajustarse a lo que creemos o a lo que tenemos por aceptable, por razonable o por bueno. Somos nosotros los que debemos aprender de Él y seguirlo. No es nuestra interpretación la correcta, sino lo que es verdad concreta y objetivamente. Jamás encontraremos justificación en Jesús a nuestro relativismo moral, porque la Verdad es una, nos guste o no, se adecue a nuestro parecer o no. Esto es algo que nos cuesta creer, cuando nos falta humildad, cuando por soberbia pretendemos interpretar a Jesús y hacerle decir lo que nos gusta, lo que nos agrada, lo que tenemos por conveniente y por lógico. Pues cuando resuciten de entre los muertos, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, sino que serán como ángeles en los cielos.

Todo el razonamiento de los saduceos, para tratar de encontrar una fragilidad en la promesa de Jesús, según la cual hemos de resucitar para vivir eternamente. Los saduceos parten de un principio equivocado, de una creencia errada. Conforme a su lógica, a su imaginación y a lo que consideran razonable, tendríamos que resucitar “mecánicamente” tal y como éramos, con el mismo aspecto, las mismas inclinaciones, los mismos gustos y el mismo estado. Y Jesús nunca ha dicho tal cosa. Es más, hemos de tomar este texto precisamente, para hacer notar lo que a este respecto nos revela el Señor. Son solo seis palabras pero que nos deben bastar para marcar la diferencia. Dice el Señor: serán como ángeles en el cielo. Tendremos que remitirnos a otros escritos seguramente para entender de modo más específico y detallado lo que esto significa, pero también podríamos conformarnos con saber que será distinto, que la resurrección y la vida eterna no será una prolongación de la vida que dejamos y que conocemos, sino distinta, como los ángeles en el cielo. A nosotros nos basta esta aclaración, porque conociendo el amor de Dios por nosotros y su promesa de salvarnos de la muerte, no tenemos duda que será mejor y no, necesariamente, parecida en nada a la que tuvimos aquí en la tierra. Será distinta; será mejor. Pues cuando resuciten de entre los muertos, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, sino que serán como ángeles en los cielos.

Con esto último nos debía bastar, pues siendo hijos de un Dios que es Amor y que supo darnos un mundo tan magnífico para esta vida efímera, cuando más sabrá darnos cuando finalmente lleguemos al cielo a vivir eternamente. Nada de lo que podamos imaginar lo igualará y ni si quiera se acercará, a no ser la vida de los ángeles, que la desconocemos por completo. Si hemos sido felices alguna vez, si hemos gozado de consuelo, satisfacción, amor y alegría alguna vez, podemos tener una referencia de lo que puede ser aquello. Si como dijo Einstein, la luz es la sombra de Dios, podríamos decir con justicia que lo mejor que hayamos podido tener en esta vida, no será ni la sombra de lo que alcanzaremos en el cielo, cuando resucitemos y vivamos eternamente. Es ocioso ponernos a especular, pensando en mejores relaciones con nuestra familia, con nuestros hermanos o con nuestra pareja, porque todo allá será completamente distinto. No tiene por qué ser como lo queremos o imaginamos. Bástenos saber que seremos muy felices, más que lo que nunca pudimos alcanzar a ser aquí y viviremos en este estado armonioso, equilibrado, pleno, total, eternamente. Pues cuando resuciten de entre los muertos, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, sino que serán como ángeles en los cielos.

Si tuviéramos un poco de fe, nos abandonaríamos por completo a este horizonte. No escatimaríamos esfuerzo ni sacrificio alguno con tal de alcanzarlo. Si ello demanda pasar a segundo plano, servir antes que ser servido, pues lo haríamos con muchísimo gusto y con creces. Es esta voluntad para obrar de este modo, con total desprendimiento, la que quiere suscitar Jesús en nosotros. No se trata de acumular dinero, ni riquezas, ni poder, porque lo que habremos de tener será infinitamente superior. Esto es lo que hemos de creer. Esto es lo que hemos de alcanzar. No aflojemos. Perseveremos hasta el fin. Y no nos dejemos engatusar por razonamientos mundanos, porque las promesas de Cristo tienen que ver con otra vida, con la vida eterna en el cielo, en la que seremos como ángeles, viviendo de algún modo todos juntos, porque nuestro Pare Dios es un Dios de vivos. Pues cuando resuciten de entre los muertos, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, sino que serán como ángeles en los cielos.

Oremos:

Padre Santo, no permitas que caigamos en discusiones ociosas respecto a cómo será la vida en los cielos; bástenos saber que seremos como ángeles. Que aprendamos a dar prioridad al amor en nuestras vidas. Que hagamos del amor lo primero y lo último. Que encontremos en el amor nuestra plenitud…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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