Marcos 12,18-27 – cuando resuciten de la muerte

junio 1, 2016

Texto del evangelio Mc 12,18-27 – cuando resuciten de la muerte

18. Entonces se presentaron algunos saduceos. Esta gente defiende que no hay resurrección de los muertos, y por eso le preguntaron:
19. «Maestro, según la ley de Moisés, si un hombre muere antes que su esposa sin tener hijos, su hermano debe casarse con la viuda para darle un hijo, que será el heredero del difunto.
20. Pues bien, había siete hermanos: el mayor se casó y murió sin tener hijos.
21. El segundo se casó con la viuda y murió también sin dejar herederos, y así el tercero.
22. Y pasó lo mismo con los siete hermanos. Después de todos ellos murió también la mujer.
23. En el día de la resurrección, si han de resucitar, ¿de cuál de ellos será esposa? Pues los siete la tuvieron como esposa.»
24. Jesús les contestó: «Ustedes están equivocados; a lo mejor no entienden las Escrituras y tampoco el poder de Dios.
25. Pues cuando resuciten de la muerte, ya no se casarán hombres y mujeres, sino que serán en el cielo como los ángeles.
26. Y en cuanto a saber si los muertos resucitan, ¿no han leído en el libro de Moisés, en el capítulo de la zarza, cómo Dios le dijo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob?
27. Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos. Ustedes están muy equivocados.»

Reflexión: Mc 12,18-27

Hay dos aspectos sobre los que constantemente estamos especulando y que el Señor responde muy claramente en este episodio, para quien realmente presta atención y sinceramente quiere saber. Como muchas realidades Sobrenaturales que corresponden a la Divinidad de la que Jesús forma parte, podemos imaginar e intuir estas realidades, especulando cómo se desenvuelve con la precisión y el detalle que Jesús nos revela, ni más ni menos, porque según Su Infinita Sabiduría no necesitamos saber más. Por lo tanto, con lo que nos dice Jesús debíamos darnos por satisfechos y no seguir tratando de profundizar o especular, porque corremos el riesgo de distorsionar la realidad y no llegar a saber nunca mucho más, con lo que estaremos perdiendo innecesariamente el tiempo. Bástenos con lo que aquí nos dice Jesucristo. Para el resto, tenemos la fe, que como ya dijimos anteriormente ha de impulsarnos a la aventura de creer, sin tener la certeza absoluta, confiando en la Palabra del Señor. Si Él así lo dice, ha de ser así, aunque no entendamos bien cómo. Ese es el modelo que debemos tomar de la Virgen María que cree en la Anunciación que le hace el Ángel, sin pedir más detalles. ¡Es preciso tener fe! El Señor nos ha dado sobrados motivos para creerle no solamente en los Evangelios, es decir hace 2mil años, sino también en nuestras propias vidas. Todos tenemos historias personales o familiares que contar que pudieran haber sido distintas sin la intervención milagrosa y misericordiosa del Señor. ¡Hagamos memoria! Y si es posible, escribámosla, porque llegará un momento en que necesitemos de estas para animarnos y nos será difícil recordarlas, porque así de ingratos somos, cuando no nos falla la memoria, nos falla el corazón. A la distancia, terminamos por no creer que aquellas experiencias fueron importantes y hasta determinantes en nuestras vidas, y vamos descartando paulatinamente el milagro para transformarlo paulatinamente en buena suerte. Pues cuando resuciten de la muerte, ya no se casarán hombres y mujeres, sino que serán en el cielo como los ángeles.

Sin embargo, lo cierto es que el Señor obra milagros todos los días, no solo en nuestras vidas, sino en el mundo entero. Veamos lo que decide revelarnos en este pasaje. Primero, el matrimonio no perdura por la Vida Eterna. Así que con lo mucho que podemos amar a nuestro cónyuge, no seguiremos casados del mismo modo que aquí allí en el Cielo. Será distinto. No tenemos más detalles, a no ser este que nos parece sumamente importante: seremos como ángeles. Allí se abre para el que quiera una tarea de investigación, para poder establecer cómo son los ángeles. Tenemos muchos dibujos de ellos y por el Catecismo sabemos que son seres puramente espirituales, que no existen desde siempre, sino que fueron creados por Dios en el comienzo, es decir antes que nosotros y que, de algún modo, tienen un rango superior al nuestro, puesto que nos asemejaremos a ellos, tal como lo dice el Señor. Los ángeles están presentes a lo largo de toda la historia sagrada y es en base a estas menciones que los especialistas han realizado estudios que finalmente nos permiten establecer una serie de características en ellos, como que son mensajeros, que tienen diferentes rangos o niveles, que son millones, que cada quien tiene asignado un ángel que nos acompaña permanentemente –el ángel de la Guarda-, que son muy rápidos, así que tan pronto pueden estar en un lugar y a los pocos segundos en otro, tan veloces como el pensamiento, así que probablemente por eso los graficamos con alas. En fin hay mucho que sabemos respecto a los ángeles por las mismas Escritura, lo que los hace una realidad espiritual, con mayor razón teniendo en cuenta que el mismo Jesucristo los menciona y fue uno de ellos el encargado de portar el anuncio de Dios Padre a la Virgen María. Pues cuando resuciten de la muerte, ya no se casarán hombres y mujeres, sino que serán en el cielo como los ángeles.

Por lo tanto, seremos como ángeles es la primera revelación de este texto con respecto a la muerte y la segunda tan importante o más que esta, porque constituye un verdadero misterio es que en el nos revela que Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos. ¿Qué nos quiere decir el Señor? Nos está hablando de otra realidad sobrenatural en la que creemos por la fe. Y esta es una realidad fundamental, porque constituye la razón de nuestra fe. Como dice San Pablo:

Si Cristo no ha resucitado, entonces vana es nuestra predicación y vana es nuestra fe (1 Cor. 15,14).

Lo que en otras palabras quiere decir que lo que da sentido a nuestra fe, es la resurrección del Señor, en la que todos los cristianos creemos, por Gracia del Espíritu Santo y por los testimonios escritos en el Nuevo Testamento. Conforme a las promesas de nuestro Señor Jesucristo, nosotros resucitaremos del mismo modo, lo que es confirmado por la afirmación que nos hace Jesús. Resulta de gran trascendencia reflexionar y tratar de comprender lo que el Señor nos revela, para no caer en tantas especulaciones tan en boga y contrarias a nuestra fe, como que vamos a reencarnar, que nos vamos a convertir en plantas, que nos vamos a encontrar perdidos en el universo, que nos vamos a fusionar con el universo, etc. No nos dejemos influenciar por todas estas ideas de la new age y centrémonos en lo que nos revela Jesús, que es más bien el encuentro maravilloso con nuestro Padre Creador, en el que nuestra felicidad será colmada, viviendo para siempre. Al final de los tiempos resucitarán los muertos (CEC 1022 y 1038). Sólo hay resurrección a la vida o muerte eterna. Pidamos a Dios que todos podamos alcanzar el cielo. Que podamos decir con San Pablo, enamorado del Señor, que

“Para mí la vida es Cristo y la muerte ganancia” (Flp.1:21)

“Cuando se manifieste el que es nuestra vida, Cristo, ustedes también estarán en gloria y vendrán a la luz con El” (Col.3, 4)

Pues cuando resuciten de la muerte, ya no se casarán hombres y mujeres, sino que serán en el cielo como los ángeles.

Oremos:

Padre amado, danos la Gracia de creer en Cristo y que alcanzaremos Sus Promesas si le oímos y hacemos lo que nos manda…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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