Marcos 12,13-17 – Lo del César

Junio 2, 2015

Texto del evangelio Mc 12,13-17 – Lo del César

13. Y envían donde él algunos fariseos y herodianos, para cazarle en alguna palabra.
14. Vienen y le dicen: «Maestro, sabemos que eres veraz y que no te importa por nadie, porque no miras la condición de las personas, sino que enseñas con franqueza el camino de Dios: ¿Es lícito pagar tributo al César o no? ¿Pagamos o dejamos de pagar?»
15. Mas él, dándose cuenta de su hipocresía, les dijo: «¿Por qué me tientan? Tráiganme un denario, que lo vea.»
16. Se lo trajeron y les dice: «¿De quién es esta imagen y la inscripción?» Ellos le dijeron: «Del César.»
17. Jesús les dijo: «Lo del César, devuélvanselo al César, y lo de Dios, a Dios.» Y se maravillaban de él.

Reflexión: Mc 12,13-17

¿Qué es lo que quiere decir el Señor con esta respuesta que muchos interpretamos como la santificación del dinero y con esta, todo lo que proviene de él, como si existieran dos mundos paralelos, que no tienen nada que hacer el uno con el otro? Bien pensado, efectivamente devela dos mundos distintos, pero no paralelos, sino opuesto y excluyentes, que es muy diferente. Y es que, no se puede servir a dos señores, como dirá en otro pasaje Jesucristo: o estamos con Dios o con el Dinero. Dicho de otro modo, lo que es del Cesar, es decir, el dinero, no tiene nada que ver con nosotros. No es que el Señor esté diciendo, como pretendemos, que hemos de llevar dos cuentas paralelas, en dos bolsillos o cajones diferentes, una para las cosas de Dios y otra para las del Cesar, justificando de este modo que demos al Cesar lo que es suyo, sin por eso afectar aquello que corresponde a Dios o a nosotros y que por lo tanto no tenemos por qué dárselo. No es que el Señor diga que está bien que le demos al Cesar lo que pide, sino que eso no nos corresponde, no nos debe interesar, que se lo lleve si quiere, nosotros estamos dedicados a otra cosa; nosotros tenemos otros intereses distintos, que son en los que merecen nuestra atención. «¿De quién es esta imagen y la inscripción?» Ellos le dijeron: «Del César.» Jesús les dijo: « Lo del César, devuélvanselo al César, y lo de Dios, a Dios.»

Recordemos que el Cesar es un usurpador, representante de un estado u organización política que domina el mundo de aquel entonces, bajo cuyo yugo se encuentra Israel, obligada a pagar impuestos por la simple razón de la fuerza. Tiempos políticamente distintos a los actuales, en los que posiblemente no vemos muchos estados ocupados y obligados a servir a otros. ¿Es esto real o más bien aparente? El mundo se ha sofisticado muchísimo y ahora posiblemente no encontramos demasiadas relaciones evidentemente dominantes y déspotas como las de entonces. Sin embargo la economía ha llevado a muchos países en el mundo a usar el Dólar o el Euro como moneda corriente y en ninguna de estas monedas fuertes podemos ver nuestros rostros, sino los de representantes de los países poderosos. No pagamos impuestos directamente a ellos, como en aquel entonces estaba obligado Israel a hacer con Roma, pero es indudable que la presencia de estas monedas en nuestras economías representa el dominio comercial e industrial que ejercen, por el cual gran parte de las utilidades de nuestras transacciones comerciales van a abultar sus arcas, en desmedro de las nuestras. El mundo está organizado de tal manera que ellos sean cada vez más ricos, mientras nosotros somos cada vez más pobres. Estos son hechos; lo demás son especulaciones y teorías que nos hacen abrigar esperanzas, pero que no se cristalizarán mientras sigamos el mismo modelo en el que el capital, el dinero es lo primero.  «¿De quién es esta imagen y la inscripción?» Ellos le dijeron: «Del César.» Jesús les dijo: « Lo del César, devuélvanselo al César, y lo de Dios, a Dios.»

Entonces, ¿qué nos diría Jesús hoy? Pues probablemente nos repetiría lo mismos. No se empeñen tanto en el dinero, que no nos pertenece, que no es la razón por la que vivimos y somos, y preocúpense más bien por sus cosas, que son las cosas de Dios. Dejemos el dinero para el dueño del mismo, para quien lo posee, para quien vive obsesionado por él, al extremo que lleva su foto impresa en cada billete. Nosotros preocupémonos por las cosas de Dios. No son dos cuentas paralelas, sino opuestas. No se puede pretender atender a ambas, no con la eficiencia y dedicación que requieren, así que tenemos que decidir. O nos ocupamos del dinero, o nos ocupamos de Dios. Alguien dirá que esto es una exageración, porque no podemos prescindir del dinero y en el extremo incluso dirá que posiblemente podemos prescindir de Dios, mas no del dinero, porque siempre se requiere algo de dinero. ¿Es esto cierto? ¿Estamos de acuerdo? ¿Es así como pensamos? Entonces, en última instancia ¿el dinero vale más? Cuidado con lo que respondemos. Meditemos. No demos una respuesta mecánica. Reflexionemos y defendamos las conclusiones a las que llegamos. Argumentemos. «¿De quién es esta imagen y la inscripción?» Ellos le dijeron: «Del César.» Jesús les dijo: « Lo del César, devuélvanselo al César, y lo de Dios, a Dios.»

Dios es anterior que todo, incluso anterior que la vida, ¿cómo no habría de ser anterior al dinero, que es una creación humana? ¿Qué ha ocurrido con el dinero para que tenga tanto poder, al extremo de nublar nuestra razón? Lo que pasa es que el dinero se ha entronizado como el valor por antonomasia. Todo se mide en función del dinero. Incluso los americanos han acuñado la frase: time is money, razonamiento que lleva implícita la afirmación blasfema que el Dinero es más importante que Dios, porque si algo vale en la vida, es su desarrollo en el tiempo, pero si el tiempo que se pierde o se aprovecha equivale a dinero ganado o perdido, entonces, con una buena cantidad de dinero, aparentemente, podemos comprar todo el tiempo que queramos, lo cual sabemos que no es cierto, porque nadie ni con todo el oro del mundo puede adquirir un segundo más para su vida. Si esto e cierto, entonces el tiempo no es lo más importante, sino la vida y esta solo la puede dar o quitar Dios. Por lo tanto, si somos razonables antes que servir al dinero y organizarnos en función de él, debíamos servir a Dios y a la vida y organizarnos entorno a ellos, dejando al Cesar lo que le corresponde, porque ni es nuestro, y ni nos interesa.  «¿De quién es esta imagen y la inscripción?» Ellos le dijeron: «Del César.» Jesús les dijo: « Lo del César, devuélvanselo al César, y lo de Dios, a Dios.»

¿Qué debemos hacer? Empezar a liberarnos. Dejar de seguir obsesionados por el dinero y empezar a ocuparnos de los hombres, de las personas, de nuestro prójimo, de Dios. Se trata de una revolución pacífica que debemos empezar a seguir, si queremos ser felices. El otro camino, tarde o temprano, solo nos llevará a la perdición. Es momento de cambiar y el cambio ha de ser radical. No podemos estar con medias tintas. Por eso el Señor nos dice que hay que nacer de nuevo, no volviendo al vientre materno, sino dejándonos bautizar por el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, a fin de proceder como Dios nos manda.  «¿De quién es esta imagen y la inscripción?» Ellos le dijeron: «Del César.» Jesús les dijo: « Lo del César, devuélvanselo al César, y lo de Dios, a Dios.»

Oremos:

Padre Santo, no permitas que nos dejemos seducir por el dinero y las riquezas, que corrompen nuestras almas y nuestros corazones, antes bien, que nos entreguemos plenamente a tu seguimiento, olvidándonos de nosotros y de toda riqueza…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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