Marcos 12,13-17 – al Cesar lo que es del Cesar

junio 6, 2017

Al Cesar lo que es del Cesar

Jesús les dijo: «Lo del César, devuélvanselo al César, y lo de Dios, a Dios.» Y se maravillaban de él.

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Marcos 12,13-17 al Cesar lo que es del Cesar

Marcos – Capítulo 12

Reflexión: Marcos 12,13-17

Siempre he creído ver en esta lectura la separación de lo que es de Dios de aquello que no lo es y que por lo tanto debía darse a quien le corresponde. Como si el Señor estuviera reconociendo que hay cosas que no le corresponden. Claro, siguiendo este razonamiento, Dios y mi fe no tiene por qué estar en todas partes.

Hoy, después de tantos años vengo a caer en cuenta del engaño en que vivía y los estragos que han hecho en mí y que aun hacen en mis hermanos, la errada conclusión a la que llegamos cuando reflexionamos esta lectura. Han hecho falta muchos años para aproximarme a su luz.

Muchos, dándole un sentido equivocado, usamos estas palabras para justificar una dicotomía, en la que pareciera estar de acuerdo el Señor. ¿Puede haber querido el Señor que separemos lo que es de Dios de lo que es del hombre? Ahora sé que no, porque eso es algo imposible.

Lo único que el Señor reconoce en este pasaje es que el rostro en la moneda es del Cesar, por lo tanto le debe corresponder a Él. Luego nos dice que a cada uno hay que darle lo suyo, teniendo ya muy bien aclarado que es lo del Cesar. Pero ¿qué le corresponde a Dios? ¿Dónde vemos su cara?

Jesús les dijo: «Lo del César, devuélvanselo al César, y lo de Dios, a Dios.» Y se maravillaban de él.

Esto último no nos lo dice el Señor, porque debemos descubrirlo. Si nos dejamos de mentiras e hipocresías concluiremos en que Dios está en todo. Por lo tanto, lo del Cesar es un sub conjunto de aquello que es de Dios. Esto quiere decir que el Señor no está distribuyendo las cosas ni está avalando que lo hagamos, sino que está indicando prioridades.

¿Qué quiere decir esto? Que si somos honestos, hemos de reconocer que primero y antes que nada está Dios. Que en nuestra vida tiene que haber un orden. Y que estando Dios en Su sitio, todo el resto se va acomodando apropiadamente. No quiere decir de ninguna manera que haya algo que no le corresponde a Dios, aunque si hay mucho que pudiera ser mal utilizado, o lo que es peor, usado en Su contra.

Hacer uso de lo que sea en contra de Dios o por decir de un modo diverso al establecido, más aún si es en contra de Dios, es un error que nos puede conducir a la perdición, a la oscuridad y a la muerte. Es lo que comúnmente llamamos pecado. Lo que debemos evitar, porque constituye una condena.

Hemos sido creados para amar y servir a Dios y mediante esto alcanzar la vida eterna. No podemos amar y servir a Dios, si no amamos a nuestros hermanos o si no es a través de ellos. Por eso Jesucristo lo resume como: amarnos los unos a los otros. Es el amor el que nos da la felicidad y nos conduce a la vida eterna, propósito para el cual fuimos creados.

Por lo tanto, hagamos lo correcto. Démosle al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios. Pongamos en orden nuestras vida: Dios primero y luego lo demás. Dios no compite con nada, mucho menos con el dinero. Si mantenemos este orden, todo lo demás cae por añadidura.

Si somos consecuentes con este orden, con estas prioridades, ¿qué importancia podría tener de quién es la cara que está en una moneda? Nos pondremos a pensar y decidir qué hacemos con ello, cuando lleguemos a ello. Entre tanto. Hay tanto por hacer y atender que eso constituye una pérdida de tiempo, una injustificable desviación del Camino.

No empezamos a comer por el postre, sino por el primero. Cuando lleguemos al postre, si llegamos, habrá que darle curso. Nuestro enfoque debe ser en el hoy, en el aquí, en el ahora. Y en esa perspectiva lo primero es Dios, que como ya hemos dicho está en nuestro prójimo. Amémonos unos a otros como Dios nos ama. Atendamos esto hoy, ahora. Mañana, veremos. Cada día tiene su afán.

Padre Santo, danos Tú luz para entender que cuando nos dices “al Cesar lo que es del Cesar”, no estás dividiendo nuestras vidas en compartimientos estancos, sino priorizando y poniendo a Dios primero, por Jesucristo nuestro Señor…Amén.

Jesús les dijo: «Lo del César, devuélvanselo al César, y lo de Dios, a Dios.» Y se maravillaban de él.

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