Marcos 12,1-12 – matémosle, y será nuestra la herencia

junio 5, 2017

Matémosle, y será nuestra la herencia

“Este es el heredero. Vamos, matémosle, y será nuestra la herencia.” Le agarraron, le mataron y le echaron fuera de la viña.

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Marcos 12,1-12 – matémosle, y será nuestra la herencia

Marcos – Capítulo 12

Reflexión: Marcos 12,1-12

Muchos de nosotros andamos como perdidos en esta vida. No sabemos por dónde cogerla, ni qué hacer con ella. Así que desde nuestra pobre visión, dado que, por las buenas o por las malas constatamos que está en nuestras manos, decidimos hacer lo que nos da la gana.

Este pensamiento me recuerda a cuantos perritos he tenido. Acostumbrados a vivir en una casa, encerrados entre cuatro paredes, la primera vez que los llevaba al campo y los soltaba, se volvían como locos. Correteando de un lado para otro y ladrando a todo el mundo, sin medir el peligro, tal vez por no conocerlo, más allá de su propio instinto. Parecían tener tanta libertad, que no sabían qué hacer con ella.

Así somos muchos de nosotros. Así reaccionamos “instintivamente” cuando “tomamos conciencia” de nuestras propias vidas y creemos descubrir que en realidad podemos hacer lo que nos venga en gana, sin reparar en las consecuencias. Pero, tarde o temprano estas nos alcanzan, porque nadie puede vivir haciendo todo el tiempo lo que le da la gana, sin reparar en más.

Parece que podemos meter la mano en una billetera cuando no está su dueño y nadie nos vigila, y si lo mantenemos en absoluta reserva nunca se sabrá. Parece que podemos aprovecharnos de este chico o esta chica, que por su timidez o temor no lo revelará jamás. Parece que podemos apropiarnos de aquello que parece ser de nadie, porque nadie lo reclama y nadie tiene por qué enterarse.

“Este es el heredero. Vamos, matémosle, y será nuestra la herencia.” Le agarraron, le mataron y le echaron fuera de la viña.

Hay muchos límites que nos parece que podemos rebasar sin que nadie más que nosotros lo sepa, y mientras podamos mantenerlo en secreto, parece que no pasará nada. Todos tenemos nuestros secretos, aquello que pertenece al ámbito de nuestra vida privada que de uno u otro modo reivindicamos como inviolable. Sin embargo, con más frecuencia de lo que creemos, ello sale a la luz y casi siempre cuando menos esperábamos y por dónde jamás hubiéramos pensado.

Recuerdo que siendo casi niño, un día quise imitar el mal ejemplo de los cowboys que vi en televisión. Me dispuse a beber en secreto una botella de licor. Tomé la primera copa y no me hizo nada, así que volví por el siguiente, una y otra vez, hasta que perdí la conciencia. Fue una de mis experiencias más horribles. Vomité todo y todo el mundo tuvo que enterarse e intervenir, empezando por mis padres.

Otra vez, con un amigo en el colegio, de puros aburridos en la biblioteca, empezamos a practicar nuestras firmas en una hoja, luego, dimos vuelta a la hoja y para seguir pasando el tiempo decidimos escribir una especie de poema en el que competíamos línea por línea armando insultos y diatribas gratuitas a nuestros maestros. Terminada la hora echamos el papel a la basura.

Cuál sería nuestra sorpresa cuando en el recreo vimos un enorme círculo de alumnos que reían a carcajadas rodeando al Director y este –que era un sacerdote de habla inglesa- les leía en voz alta nuestro poema. De allí nos enviaron suspendidos a nuestras casas y tuvimos que volver con nuestros padres. Fue sumamente vergonzoso. Cursábamos el último año de secundaria y éramos a la sazón el presidente y vicepresidente del colegio.

Todo se sabe. Todo se llega a saber, tarde o temprano. Es un error hacer lo que no debemos –hacer lo que nos da la gana-, y creer que porque lo mantenemos en secreto nunca se sabrá. Cuando menos esperas encuentran la mariguana en tus bolsillos, tu amante queda embarazada, el marido agraviado te desfigura, se descubre la firma falsa, te embargan la casa, te despiden del trabajo o te deportan. Todo se llega a saber.

La verdad siempre sale a la luz, tarde o temprano. Por lo tanto, no actuemos como animalitos que recién salen de su jaula, como niños o adolescentes cándidos, ni como adultos cínicos, mentirosos creyendo que pueden hacer lo que quieren, porque por ocultar una verdad, un delito o una falta cometida, pronto pierdes los escrúpulos y cometes otra. Esta es la forma en que el demonio va pretendiendo ganar tu alma.

Primero matas a uno, luego tienes que matar a los que le siguen para ocultar el primer crimen y luego llega un momento en que ya no puedes parar. Esta es la lógica de la mentira, del engaño y del crimen. ¡No estás aquí para hacer lo que te da la gana! ¡Te evitarás todo este dolor cuanto antes te des cuenta! Porque todo lo que se hace se paga; si no lo haces tú, lo harán los tuyos.

Nuestra vida tiene un propósito, y ha sido puesta en nuestras manos por Dios, no para que hagamos lo que nos dé la gana, sino para que hagamos lo que se debe. Hacer buen uso de ella, del tiempo que tenemos, de nuestras capacidades, para alcanzar el propósito para el cual fuimos creados. ¡Esta es la Voluntad de Dios!

Quiere decir que para logra nuestro propósito en la vida contamos con el apoyo de Dios. ¡Qué más podemos pedir! Entonces, lo importante es descubrir este propósito y alinearnos con él, porque solo así alcanzaremos el sentido de la vida y con este, la felicidad y la Vida Eterna. ¡Para eso estamos en este mundo! ¡Para eso hemos recibido la vida! ¡Démosle el uso que corresponde!

Padre Santo, saca de nuestras cabezas y de nuestros corazones todo propósito mezquino. Que entendamos que “matémosle y quedémonos con la herencia” solo nos llevará a la destrucción, a la muerte y al infierno, a nosotros y a todos los que hagamos nuestros cómplices. Que por el contrario, oyendo a Jesucristo procuremos una vida recta fundada en el amor, por Jesucristo nuestro Señor…Amén

“Este es el heredero. Vamos, matémosle, y será nuestra la herencia.” Le agarraron, le mataron y le echaron fuera de la viña.

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