Marcos 12,1-12 – entregará la viña a otros

mayo 30, 2016

Texto del evangelio Marcos 12,1-12 – entregará la viña a otros

01. Y se puso a hablarles en parábolas: «Un hombre plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó un lagar y edificó una torre; la arrendó a unos labradores, y se ausentó.
02. Envió un siervo a los labradores a su debido tiempo para recibir de ellos una parte de los frutos de la viña.
03. Ellos le agarraron, le golpearon y le despacharon con las manos vacías.
04. De nuevo les envió a otro siervo; también a éste le descalabraron y le insultaron.
05. Y envió a otro y a éste le mataron; y también a otros muchos, hiriendo a unos, matando a otros.
06. Todavía le quedaba un hijo querido; les envió a éste, el último, diciendo: “A mi hijo le respetarán”.
07. Pero aquellos labradores dijeron entre sí: “Este es el heredero. Vamos, matémosle, y será nuestra la herencia.”
08. Le agarraron, le mataron y le echaron fuera de la viña.
09. ¿Qué hará el dueño de la viña? Vendrá y dará muerte a los labradores y entregará la viña a otros.
10. ¿No han leído esta Escritura: La piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido;
11. fue el Señor quien hizo esto y es maravilloso a nuestros ojos?»
12. Trataban de detenerle – pero tuvieron miedo a la gente – porque habían comprendido que la parábola la había dicho por ellos. Y dejándole, se fueron.

Reflexión: Marcos 12,1-12

Es una historia siniestra, macabra, salvaje. Leemos y releemos y no podemos creer que alguien sea capaz de esto. ¿Qué clase de personas serían estos? No podemos dejar de pensar en una banda de bandidos de los más desalmados. Solo se nos puede ocurrir compararlos con los terroristas de Isis, que no han tenido el menor reparo en atacar y matar a ancianos, mujeres y niños cristianos, con la mayor crueldad jamás vista. Cada vez que oímos o vemos uno de estos episodios sangrientos, nos deja el mismo sin sabor, dolor y desconcierto que nos deja este fragmento de las Escrituras. ¿Cómo puede haber tremenda maldad? ¿Qué podemos esperar de personas que han perdido todo el respeto por la vida ajena y que por lograr un beneficio económico son capaces de semejantes atrocidades. ¿Cómo llega a envenenarse, a contaminarse de tal manera el alma humana para actuar de este modo sin el menor reparo, sin el menor escrúpulo? ¿Cómo es posible que seamos capaces de llegar a semejantes salvajadas? Ciertamente, para una persona normal, esto no es posible. Y es que contrariamente a lo que sostienen los mentores de la “Ideología de Género” hay leyes naturales que son fundamentales e inamovibles, una de estas es la diferencia de sexo entre un hombre y una mujer, y todas las consecuencias que ello trae, que no tienen por qué obviarse o ignorarse, porque no son denigrantes, sino por el contrario elevan la dignidad del rol que a cada quién le toca jugar en la perpetuación de la vida y todas sus consecuencias. Y la otra es precisamente el respeto a la vida, porque no es nuestra, no nos pertenece, sino que es una Gracia que hemos recibido de Dios que tenemos el deber y la obligación de administrar conforme a la Voluntad de Dios. Actuar como estos labradores es a todas luces una brutalidad que solo puede tener su origen en el alejamiento de Dios, alentado por el Demonio, es decir, la ambición, el egoísmo, la crueldad, los apetitos aberrantes, el abuso y el desenfreno. Nadie bien nacido puede estar de acuerdo con este proceder. ¿Qué hará el dueño de la viña? Vendrá y dará muerte a los labradores y entregará la viña a otros.

Resulta tan extraña esta forma de proceder, que el dueño de aquella viña manda una y otra vez a un diferente emisario, mostrando una incredulidad y paciencia extremas. Se diría, seguramente, ha de haber habido un error. ¡No los creo capaces! ¡Tiene que haber un malentendido que seguramente con este último emisario se aclarará! Pero no. Vanas fueron sus esperanzas, ya que una y otra vez hicieron lo mismo. En el extremo de su caballerosidad y pensando siempre bien, envía a su propio hijo, pero cuál será el nivel de degradación moral de estos labradores que sin consideración alguna y aun sabiendo que se trataba del heredero, lo matan sin piedad. ¿Qué haría cualquiera de nosotros en su lugar? ¿No enviaríamos inmediatamente nuestro mayor ejército para arrollarlos sin dejar piedra sobre piedra? ¿No les quitaríamos la viña para dársela a otros que sepan administrarla y sobre todo que sepan tratar como se debe a los dueños? Pues esta es en realidad una Revelación de lo que Dios ha hecho por nosotros y ha quedado registrado en la Historia Sagrada que contienen los libros de la Biblia. Dios ha hecho a lo largo de esta historia lo imposible por salvarnos, hasta que finalmente ha enviado a Su propio Hijo. Sin embargo, ¿qué hicimos? No lo escuchamos, ni le creímos y lo mandamos a ejecutar como un ladrón en la Cruz. Pero Jesús ha resucitado y resucitando a derrotado a la muerte. Es  que la piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido. Sin Él, no hay salvación. Sin Él nada se explica. Sin Él la vida no tiene sentido. Solo oyéndole y haciendo lo que nos manda alcanzaremos la Vida Eterna. El cordero, el inocente, el humilde, denigrado y maltratado, aquel que fue objeto de nuestras burlas, es el Hijo de Dios que ha dado Su Vida por nosotros. Y es tan solo amándolo que alcanzaremos nuestra Salvación. Despreciarlo es el peor error que podemos cometer. Hemos de revisar nuestro comportamiento con Él; reconsiderarlo, porque solo Él puede salvarnos. La piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido; fue el Señor quien hizo esto y es maravilloso a nuestros ojos. ¿Qué hará el dueño de la viña? Vendrá y dará muerte a los labradores y entregará la viña a otros.

¡Tenemos que rectificarnos! ¡Tenemos que cambiar de camino! ¡No podemos seguir empecinados en el mismo error, que solo nos conducirá a la mentira, la oscuridad, la destrucción y la muerte! El Señor, nuestro Dios, a diferencia de nosotros, es infinitamente misericordioso. A pesar de todos nuestros defectos y taras, realmente despreciables, como nosotros mismos hemos consentido, a pesar de ellas, Él quiere salvarnos. ¿Por qué? Por AMOR. Eso es lo que no comprendemos. Es que en realidad no comprendemos lo que significa AMOR. Pero Él nos da ejemplo de lo que es el Verdadero Amor, que no tiene condiciones, ni límites. Tenemos que aprender a amar como Jesucristo nos ama, solo así revertiremos esta historia y alcanzaremos la salvación. Por lo tanto, a diferencia de la parábola, en la que el dueño de la viña –justificadamente, desde nuestro punto de vista humano-, da el merecido castigo a estos labradores, Dios está dispuesto a Salvarnos por el Sacrificio de Cristo, pero es preciso que le oigamos y hagamos lo que nos manda. Sin amor, no entraremos en el Reino de los Cielos. Esto también debe llevarnos a reflexionar sobre la vida y el derecho mal apropiado que nos estamos irrogando para determinar quienes viven y quienes son desechados. Este es un poder que estamos usurpando, que no está en nuestras manos, y que le corresponde tan solo a Dios. No somos nadie para decir quién vive y quién muere. Este mundo tiene reglas, tiene normas, mandatos establecidos por Dios que no podemos contradecir, bajo pena de condenación, a la que llegaremos por nuestra propia decisión. Sigamos nuestros caprichos y nos haremos acreedores a la muerte para siempre. ¿Qué hará el dueño de la viña? Vendrá y dará muerte a los labradores y entregará la viña a otros.

Oremos:

Padre Santo, no permitas que caigamos en la tentación de la soberbia, del orgullo, de la avaricia y la mentira. Que aprendamos a amar como Jesucristo nos enseña…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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