Marcos 11,11-26 – todo lo que pidan en la oración

mayo 27, 2016

Texto del evangelio Mc 11,11-26 – todo lo que pidan en la oración

11. Entró Jesús en Jerusalén y se fue al Templo. Observó todo a su alrededor y, siendo ya tarde, salió con los Doce para volver a Betania.
12. Al día siguiente, cuando salían de Betania, sintió hambre.
13. A lo lejos divisó una higuera llena de hojas y fue a ver si encontraba algo en ella. Se acercó, pero no encontró más que hojas, pues todavía no era tiempo de higos.
14. Entonces Jesús dijo a la higuera: «¡Que nadie coma fruto de ti nunca jamás!» Y sus discípulos lo oyeron.
15. Llegaron a Jerusalén, y Jesús fue al Templo. Comenzó a echar fuera a los que se dedicaban a vender y a comprar dentro del recinto mismo. Volcaba las mesas de los que cambiaban dinero y los puestos de los vendedores de palomas,
16. y no permitía a nadie transportar cosas por el Templo.
17. Luego se puso a enseñar y les dijo: «¿No dice Dios en la Escritura: Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones? ¡Pero ustedes la han convertido en una guarida de ladrones!»
18. Los jefes de los sacerdotes y los maestros de la Ley se enteraron de lo ocurrido y pensaron deshacerse de él; le tenían miedo al ver el impacto que su enseñanza producía sobre el pueblo.
19. Cada día salían de la ciudad al anochecer.
20. Cuando pasaban de madrugada, los discípulos vieron la higuera, que estaba seca hasta la raíz.
21. Pedro se acordó, y dijo a Jesús: «Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado.»
22. Jesús respondió: «Tengan fe en Dios.
23. Yo les aseguro que el que diga a ese cerro: ¡Levántate de ahí y arrójate al mar!, si no duda en su corazón y cree que sucederá como dice, se le concederá.
24. Por eso les digo: todo lo que pidan en la oración, crean que ya lo han recibido y lo obtendrán.
25. Y cuando se pongan de pie para orar, si tienen algo contra alguien, perdónenlo,
26. para que su Padre del Cielo les perdone también a ustedes sus faltas.»

Reflexión: Mc 11,11-26

Aparecen frente a nuestros ojos una serie de episodios aparentemente inconexos y hasta desconcertantes, sobre los que trataremos de reflexionar para entender su significado. ¿Qué tienen que ver la higuera con los comerciantes en el templo y la fe? En primer lugar no puede dejar de llamarnos la atención la impaciencia de Jesús con la higuera. Claro, tenía hambre, pero la higuera no podía darle los frutos que buscaba, por razones naturales. No era tiempo de higos. Sin embargo su reacción parece poco tolerante e incluso intemperante. Nos parece que pocas veces hemos visto así a Jesucristo, si hay otra, no la recordamos, a no ser la misma del templo que sigue a este episodio…Y tal vez por ahí encontremos la relación entre uno y otro. Claro, el Señor nos hace notar a través de esta maldición cuál es su poder, que es el mismísimo poder de Dios, capaz de hacer cualquier prodigio, por más descabellado que pudiera parecernos. Secar a una pobre higuera por no dar frutos a destiempo, parece un exceso, sin embargo, si asociamos este hecho a su reflexión sobre la fe, ha de quedarnos muy claro que todo es posible para Dios y lo mismo para el que tiene fe en Él. Hubiera podido seguramente hacer que la higuera diera frutos, pero en su divina pedagogía consideró más importante en esta ocasión demostrarnos quizás que también, si quisiera, podría castigarnos por no dar los frutos esperados, pero esa no es su actitud con nosotros. Por el contrario, nos tiene una paciencia infinita. Sin embargo, estamos llamados a dar mucho fruto y lo podremos hacer, si tenemos fe, porque no hay nada imposible para Dios. Él podría secarnos, pero no, Él quiere que demos frutos abundantes movidos por la Fe, cosa que era imposible pedirle a esta higuera o a cualquier otra creatura que no seamos nosotros. Él podía hacerlo, sin duda, tal como la secó, pero optó por esto último para enseñarnos la diferencia: nosotros podemos participar en este milagro de dar frutos para nuestro Padre Celestial, porque nosotros somos Sus hijos y como tales, somos capaces de tener fe y esto es todo lo que se necesita para mover montañas. Por eso les digo: todo lo que pidan en la oración, crean que ya lo han recibido y lo obtendrán.

Lo que ocurre en el templo, está precisamente relacionado con la oración. No podemos orar si tenemos la cabeza llena de cosas que nos asaltan y distraen todo el tiempo. No podemos orar si no prestamos atención en primer lugar a lo que nos dice el Señor y no le podremos oír con tanto bullicio y distracción, si no lo ponemos a Él por sobre todas las cosas. Para eso se necesita crear un clima, un ambiente apropiados. Tenemos que silenciar nuestras mentes y alejar todo aquello que nos perturba y distrae, incluso las deudas, las obligaciones y todo aquello que nos apremia. Primero tenemos que tener paz en nuestras mentes y nuestros corazones. Tal como el Señor procura correr a todos los que están comerciando dentro del templo. Así como allí no se puede orar, si convertimos el templo en cueva de ladrones, que no es otra cosa que desnaturalizar el templo, volviéndolo cualquier cosa antes que templo, nosotros debemos apartarnos de todo para orar, incluso, si es posible, apartándonos físicamente. Por eso vemos al Señor a cada nada alejándose a las montañas para orar. Es que es preciso tener paz para orar, y a veces, nos pasa a nosotros, que oramos en la calle o en cualquier lugar, lo cual no está mal, a condición que tengamos un tiempo para dedicar a la oración como se debe, porque totalmente distraído, es imposible orar y oír lo que el Señor tiene que decirte. Otras veces estamos tan apurados que nuestro tiempo de oración se vuelve un repetir acelerado de oraciones y fórmulas aprendidas, lo que tampoco está mal, si no se convierte en nuestra única forma de orar. Para orar de verdad, para realmente orar, entrando en comunicación con Dios con ayuda del Espíritu Santo es preciso encontrar calma, paz, aislarnos de todo y prestar todos nuestros sentidos a sus manifestaciones; entonces sabremos lo que quiere de nosotros y alcanzaremos la paz y la esperanza de la que Él nos reviste para afrontar nuestra Misión como se debe. Por eso les digo: todo lo que pidan en la oración, crean que ya lo han recibido y lo obtendrán.

Así como nuestra cabeza muchas veces está que bulle con ideas y urgencias de distintas clases que nos impiden concentrarnos en lo que es realmente importante, lo mismo ocurre en nuestras sociedades y por su puesto en nuestros templos. Jesús limpia no solamente los templos, sino nuestras vidas y las sociedades de tanta tontería que nos agobia y bombardea como si fueran imprescindibles, cuando tal como Jesucristo mismo le responde a Martha: una sola cosa es importante, ella (María) ha elegido la mejor parte y no se le quitará. No permitamos que nos obsesionen las cosas mundanas, que pueden hacernos insufrible la vida, llena de obligaciones de todo tipo, pero sobre todo, llena de distracciones y supuestos atractivos, que se convierten en hábitos, sin los cuales nos parece que no podríamos vivir. Nos esclavizamos a tantas cosas: a un programa, a un horario, a un tipo de alimentos, a una rutina de ejercicios, a un encuentro semanal con los amigos, a una bebida, a unas pastillas, a un modo de vestir, a un estilo de vida. Y todo nos plantea exigencias que paulatinamente van llenando nuestras vidas, hasta devorarlas, sin dejarnos un minuto para la reflexión de nuestros actos. Es molesto para los que ostenta el poder político y económico que busquemos la paz y reflexionemos, porque entonces dejamos de estar apremiados por todo y con ello, frenamos el consumo y dejamos de seguir generando las pingues ganancias que les damos cuando estamos alienados, embrutecidos. Por eso, mientras Jesús busca liberarnos, simplificando nuestras vidas, atendiendo a lo único que es realmente importante, echando por tierra cuanta tontería tenemos en nuestros “templos”, los poderosos se molestan y conspiran contra Él, porque un ser libre, hace ver como inútiles todas las farsas y mentiras que han inventado para esquilmar a los pobres, haciéndoles creer que son necesarias tantas tonterías sin las cuales en realidad podríamos vivir y viviríamos mejor. El Señor es eso. Es un poder vivificante, tonificante y desinfectante de tantas ideologías y necesidades realmente tóxicas que hemos ido generando a nuestro alrededor, perdiendo de vista lo único que realmente importa. Jesucristo nos revela lo que es esencial y nos conmina a desechar todo lo que es accesorio y frívolo, porque no nos conduce nada más que al desorden, a la desorientación, a la oscuridad, a la mentira, al egoísmo, a la perdición. Nada de esto es necesario. Busquemos un ambiente adecuado, seguramente en el templo de nuestra preferencia y purifiquemos nuestra mente y nuestros corazones. Pidamos perdón a cuantos hemos ofendido y luego pidamos ayuda al Señor para cumplir nuestra Misión: amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. Todo lo demás sobra. Por eso les digo: todo lo que pidan en la oración, crean que ya lo han recibido y lo obtendrán.

Oremos:

Padre Santo, no dejes que seamos como hojas al viento zarandeadas por el Demonio, sin saber ni de dónde venimos ni a dónde vamos. Danos el silencio y la paz necesarias para oír Tú Santísima Voluntad y ponernos en Camino…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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