Marcos 10,28-31 – recibirá cien veces más

mayo 24, 2016

Texto del evangelio Mc 10,28-31 – recibirá cien veces más

28. Entonces Pedro le dijo: «Nosotros lo hemos dejado todo para seguirte.»
29. Y Jesús contestó: «En verdad les digo: Ninguno que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o campos por mi causa y por el Evangelio quedará sin recompensa.
30. Pues, aun con persecuciones, recibirá cien veces más en la presente vida en casas, hermanos, hermanas, hijos y campos, y en el mundo venidero la vida eterna. (Mt 20,16 Lc 13,30)
31. Entonces muchos que ahora son primeros serán últimos, y los que son ahora últimos serán primeros.»

Reflexión: Mc 10,28-31

Pedro, como la cabeza ya destacada de los discípulos saca la cara por ellos a fin de no dejar pasar la ocasión de refrescar al Señor que ellos si habían dejado todo por seguirle, lo que obviamente no era desconocido para el Señor, pero se entiende que Pedro quería hacerlo notar para dejarlo bien establecido, para que no se le fuera escapar al Señor y seguramente porque más de uno de sus hermanos lo codeo para hacer algo que seguramente ya venían conversando desde hacía buen rato. Y, como no. ¿Cuántos de nosotros hemos sido capaces de cumplir con el seguimiento que el Señor exige y que los discípulos practican? ¿No nos parece que conforme nos hemos ido distanciando de aquellos hechos, nos hemos distanciado también de estas exigencias? La mayoría de nosotros practicamos tal seguimiento que resulta sumamente difícil distinguirnos de cualquier otra persona de nuestro tiempo. Le entramos a todo, como el que más y como ellos, tampoco realizamos ninguna práctica religiosa externa, a no ser una Misa anual o cada vez que se nos antoja y alguna que otra visita a un santuario, en recuerdo de nuestra madre o porque está de moda y todo el mundo lo hace. Nuestra vida de fe es tan privada, que difícilmente alguien la podría notar. Será necesario que nos pregunten para saber que somos católico, porque hasta convivimos como lo hace cualquiera y estamos de acuerdo con todas estas corrientes “modernas” que abogan por el matrimonio igualitario, el aborto, el divorcio, el matrimonio de los religiosos como remedio a la pedofilia y la ordenación de las mujeres. Todas señales de los avances científicos y sociales de nuestro tiempo, a las que solo un necio y anticuado puede oponerse. Por eso estamos contentos con el Papa Francisco, porque según lo que escuchamos en todos lados y constantemente nos hacen saber a través de las redes sociales, este es un Papa de avanzada, adecuado a los tiempos que vivimos. Claro, aquella exigencia de la que Pedro y sus compañeros se jactan resulta también figurativa, porque no hay forma que se nos aplique a nosotros que nos consideramos cristianos y no creemos que en realidad nadie siga los pasos de estos locos. Tiene que haber una forma más razonable de interpretar estos textos y de hecho parece que la mayoría la encuentran, porque no conocemos a nadie que se ciña a estas palabras de modo tan espartano. Pues, aun con persecuciones, recibirá cien veces más en la presente vida en casas, hermanos, hermanas, hijos y campos, y en el mundo venidero la vida eterna.

Este es uno de tantos pasajes que en los Evangelios pasamos por alto o les otorgamos una interpretación que termina por convertirlos en inocuos, tergiversando la Palabra del Señor. ¿Cómo podemos decirnos cristianos, seguidores de Cristo, si cambiamos Su Palabra, adecuándola a nuestros intereses y conveniencia? ¿Será que el Señor estaba equivocado? ¿Será que estamos capacitados para enmendarlo? ¿Será que las Palabra del Señor ha de ser interpretada por cada quién de acuerdo a su capacidad intelectual, a sus circunstancias y a su razonable parecer? ¿Es eso lo que buscamos cuando leemos y releemos un texto Bíblico? Todos los cristianos somos relativamente buenos y todos interpretamos de la  manera que mejor podemos la Palabra del Señor, ajustándola a nuestras posibilidades. ¿Será eso lo correcto? ¿Será eso lo que espera el Señor? ¿Es un asunto de gustos? ¿Estaremos cada quien en la libertad de comprometernos cuanto queremos? ¿Será que el Señor se contenta con aquello que queremos o podemos darle, según nuestros cálculos? Sin embargo en el Evangelio de ayer veíamos cómo el Señor pedía a aquel hombre rico que fuera a vender todo lo que tenía y lo entregara a los pobres si realmente quería seguirlo. Justo a él está haciendo Pedro referencia indirecta al decir que “nosotros lo hemos dejado todo para seguirte”, porque efectivamente recordamos como cada uno de ellos fue siendo llamado por el Señor, uno por uno y todos dejaron en el acto lo que estaban haciendo y se fueron tras Él. ¿Por qué el llamado y la exigencia a nosotros ha de ser distinta? No faltará quien argumente que para empezar el Señor no nos llama personalmente como lo hizo con sus discípulos. ¿Será esto cierto y suficiente argumento para seguirlo a nuestro modo? ¿Es con eso que se conforma el Señor? Pues, aun con persecuciones, recibirá cien veces más en la presente vida en casas, hermanos, hermanas, hijos y campos, y en el mundo venidero la vida eterna.

La verdad es que el Señor no se conforma con esta mediocridad, con este término medio que nosotros estamos dispuestos a darle. Y no es en realidad que el necesite que nosotros nos apliquemos y lo hagamos bien; no es que Él gane o se sienta alagado con nuestro esfuerzo. Nuestras vidas son como pequeños botes que tienen que atravesar un océano para llegar a un puerto. Solo en este puerto encontraremos la razón para la que fuimos creados. Los demás son espejismos engañosos en los que terminaremos por perdernos y morir, si antes no lo hacemos atravesando el mar. Ese es el reto. Por lo tanto ha de ser de nuestro interés llegar al puerto indicado, por la ruta trazada. Debemos prestar atención a quien nos señala la ruta, que es Jesús y hacer lo que nos manda –basado en la autoridad que le da el conocer el Camino-, si queremos llegar a nuestro destino. Cualquier esfuerzo que hagamos vale la pena, aun si tenemos que dejar casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o campos. ¡Eso es lo que nos dice el Señor! ¡Y eso es lo que tenemos que hacer si queremos alcanzar la Vida Eterna prometida por el Señor! No hay nada en este mundo que valga más que lo que el Señor nos ofrece, por lo tanto es de necios no oírle y hacer lo que nos manda. ¡No le estamos haciendo un favor a Él, nos lo estamos haciendo a nosotros! ¡Tenemos que hacer lo que el Señor nos manda! Para eso es precisa la Fe. Si actuamos así, estaremos evidenciando la fe que tenemos, el Señor nos ayudará y alcanzaremos la Vida Eterna, no sin antes conseguir incluso aquí, el ciento por uno. De otro modo corremos el riesgo de perdernos irremediablemente. Al Señor no lo podemos engañar. El Camino es uno y si no lo transitamos, no llegamos: así de claro. ¿Qué hay que hacer? Lo que el Señor nos manda. ¿Cómo lo sabemos? Está en el Evangelio. Meditemos la Palabra de Dios y pongámosla en práctica, cada día. Solo así estaremos remando al puerto indicado y recibiremos el Reino prometido. No pretendamos engañarnos y mucho menos engañar al Señor. Pues, aun con persecuciones, recibirá cien veces más en la presente vida en casas, hermanos, hermanas, hijos y campos, y en el mundo venidero la vida eterna.

Oremos:

Padre Santo, no permitas que tengamos tantos apegos, que nos sea imposible seguir a Cristo. Haznos humildes, desprendidos y generosos …Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

Padre mío, me abandono en ti

ORACIÓN DE ABANDONO

San Francisco de Asis – Señor, hazme un instrumento de Tu Paz

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