Marcos 10,17-27 – qué difícil es entrar en el Reino de Dios

Mayo 23, 2016

Texto del evangelio Mc 10,17-27 – qué difícil es entrar en el Reino de Dios

17. Jesús estaba a punto de partir, cuando un hombre corrió a su encuentro, se arrodilló delante de él y le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué tengo que hacer para conseguir la vida eterna?»
18. Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno, sino sólo Dios.
19. Ya conoces los mandamientos: No mates, no cometas adulterio, no robes, no digas cosas falsas de tu hermano, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre.»
20. El hombre le contestó: «Maestro, todo eso lo he practicado desde muy joven.»
21. Jesús fijó su mirada en él, le tomó cariño y le dijo: «Sólo te falta una cosa: vete, vende todo lo que tienes y reparte el dinero entre los pobres, y tendrás un tesoro en el Cielo. Después, ven y sígueme.»
22. Al oír esto se desanimó totalmente, pues era un hombre muy rico, y se fue triste.
23. Entonces Jesús paseó su mirada sobre sus discípulos y les dijo: «¡Qué difícilmente entrarán en el Reino de Dios los que tienen riquezas!»
24. Los discípulos se sorprendieron al oír estas palabras, pero Jesús insistió: «Hijos, ¡qué difícil es entrar en el Reino de Dios!
25. Es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un rico entrar en el Reino de Dios.»
26. Ellos se asombraron todavía más y comentaban: «Entonces, ¿quién podrá salvarse?»
27. Jesús los miró fijamente y les dijo: «Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque para Dios todo es posible.»

Reflexión: Mc 10,17-27

Normalmente tenemos la tendencia a quedarnos prendidos con lo que el Señor dice de los ricos y llega un momento en que incluso simpatizamos con ellos y hasta nos dan pena. Algunos de nosotros tenemos amigos millonarios o personas bien acomodadas, que son en realidad buenas personas, que nos han echado la mano más de una vez, cuando han podido, por lo que la sentencia que el Señor dicta sobre ellos llega a parecernos excesiva. En cuanta ocasión hemos tenido de discutir este fragmento, a muchos les resulta incómodo y a otros les parece un exceso. Por su puesto, también hay los que se sienten finalmente vengados y se alegran de tan solo pensar en lo que acabarán aquellos soberbios antipáticos, que porque tienen mucho dinero hacen lo que les da la gana. No faltan estos ejemplares en nuestras vidas, tampoco. Y claro, como la mayoría de nosotros sentimos que no encajamos en esa categoría, nos sentimos tranquilos al encontrar unas líneas que parecen exclusivamente dedicadas a estas personas, de las que definitivamente no formamos parte. Como no se refiere a nosotros, rápido salimos del embrollo exclamando: que vean ellos. ¿Sera cierto que el Señor quería dedicar estos versículos exclusivamente a los ricos? Reflexionemos un momento, teniendo como base las líneas que hemos seleccionado para el efecto. «Hijos, ¡qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un rico entrar en el Reino de Dios.»

Si observamos detenidamente, constataremos que en un momento el Señor se refiere a la dificultad general de entrar en el Reino de Dios, no solamente para los ricos. Por lo tanto, no es solo a los ricos a quienes se refiere en general. ¿Qué nos quiere decir? Parece claro y nos asalta inmediatamente la idea. El rasero del Señor es exigente; sus medidas son severas para todos, a cada quién en su abundancia. Expliquémonos. El soberbio, no importa si tiene dinero o no, si llega al extremo de creerse las mentiras que él mismo inventa para engañar con tal de ganar poder, prestigio o un puesto o incluso la Presidencia de un país, actúa como el más avaro de los ricos al empeñarse en su propósito a cualquier precio, con tal de inflar su ego. Y su intolerancia va a tal extremo, que si se lo permiten, es capaz de pasar por sobre cualquier ley con tal de probar que el círculo es cuadrado, si él así lo dice. En el Perú lo pudimos ver pintado como una caricatura, en el proceder de un candidato presidencial, que no tuvo el menor reparo en copiar y dar como suyo todo un libro, llegando a enjuiciar al verdadero autor, amparado en el poder de su fortuna. Finalmente esto y otros desaciertos dieron al traste con su candidatura, pero el grave daño causado a la moral del pueblo costará en repararse, más aun si tenemos en cuenta que se trataba nada menos que del Director de una Universidad. Más allá del dinero, la audacia de insistir en un pergamino que no tenía, por puro orgullo y soberbia, son lastres de los que tenemos que pedir a Dios que nos libere si queremos alcanzar el Reino de Dios. «Hijos, ¡qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un rico entrar en el Reino de Dios.»

Son los apegos, el orgullo, la soberbia que tienen como base el dinero y la riqueza los que por lo general tuercen las conciencias y voluntades. Esto es lo que el Señor condena y no al dinero ni las riquezas por sí, que no tienen por qué ser intrínsecamente malas, Dios mismo al crear el Universo lo hizo riquísimo en todo, pero especialmente en todo aquello que nos permitiría vivir a todos sus hijos, de modo tal que pudiéramos alcanzar la Vida Eterna. Si ello fuera imposible, qué injusto sería, no es verdad. Pero Dios lo hizo posible, porque como Cristo mismo nos lo dice: para Dios todo es posible. Si Dios ha creado todo y nos ha dotado en forma abundante de todo lo necesario para alcanzar el verdadero propósito de esta vida, dediquemos nuestra energía en averiguar qué es lo que quiere; oigámosle y luego hagamos lo que nos manda y no perdamos nuestro tiempo acumulando lo que nos ha sido dado en abundancia para que lo compartamos generosamente, procurando lo que es importante: que seamos más cuantos le conocemos, oímos y seguimos. Es sabido que en este mundo siempre ha habido riquezas suficientes para sostener a todas sus creaturas, sin embargo hay unos cuantos que depositando toda su confianza en ellas, las han acaparado de modo grosero, descarado y mezquino en su favor, sin reparar en el daño que tal comportamiento ha acarreado al resto de la humanidad. Cabe preguntarnos que si no fuera por esta ambición y avaricia, si en vez de ello y siguiendo al Señor hubiera primado el desprendimiento y la generosidad, hace rato, seguramente, hubiéramos alcanzado el Reino de Dios. Es el demonio, encubierto en la riqueza y el dinero, el que obstaculiza el Camino de Salvación que el Señor Jesucristo ha trazado con Su Vida, Muerte y Resurrección. Así de nociva es la riqueza, y aun peor. ¿No es acaso su deseo desbordante y explosivo el que nos lleva a las peores aberraciones y crímenes? ¿No son acaso la prostitución, la corrupción, el narcotráfico, el abuso, la expropiación, el robo, el fraude, la delincuencia y el sicariato, entre otros, los mayores flagelos de nuestro tiempo, que se dan en todos los niveles de nuestra sociedad? ¿Quiénes están interesados en crear una cultura de muerte, donde los valores, la moral y la ética no existan o queden reducidas al ámbito privado y personal? ¿De dónde viene la negación y el rechazo a Dios, sino del Demonio? La guerra está desatada y aquí el Señor no hace nada más que recordarnos una de sus evidencias. «Hijos, ¡qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un rico entrar en el Reino de Dios.»

Oremos:

Padre Santo, habiéndonos creado libres, no permitas que nos esclavicemos a nada ni nadie que no seas Tú, el Amor…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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