Lucas 9,7-9 – quién es este

Septiembre 22, 2016

«A Juan lo hice decapitar. Entonces, ¿ quién es este del que oigo decir semejantes cosas?». Y trataba de verlo.

Texto del evangelio Lc 9,7-9– quién es este

07. El tetrarca Herodes se enteró de todo lo que pasaba, y estaba muy desconcertado porque algunos decían: «Es Juan, que ha resucitado».
08. Otros decían: «Es Elías, que se ha aparecido», y otros: «Es uno de los antiguos profetas que ha resucitado».
09. Pero Herodes decía: «A Juan lo hice decapitar. Entonces, ¿ quién es este del que oigo decir semejantes cosas?». Y trataba de verlo.

Reflexión: Lc 9,7-9

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Lucas 9,7-9 quién es este

Tratamos por unos momentos de ponernos en los zapatos de Herodes. Hay algo que no cuadra. Algo que le llama la atención, que no tiene lógica o que por lo menos le intriga, porque no corresponde a su lógica. Algunos le dicen que es Juan, pero él sabe muy bien que lo mandó decapitar. Ha de ser otro.

¿Cuántas veces andamos confundidos con lo que vemos y oímos? Y es que todo queremos explicarlo con nuestra propia lógica. ¿No hay allí una actitud soberbia, de quien se cree dueño de la verdad? ¿Es que todo debe corresponder a nuestra lógica?

Pues, no. No todo podemos comprenderlo, ni todo es como nosotros nos figuramos. El Señor es capaz de sorprendernos, de un modo que nadie más puede hacerlo. Esto es lo que ocurre con Herodes, aunque él no sea capaz de reconocerlo y ocurre a cada nada en nuestras vidas, pero no siempre lo aceptamos y menos aún, lo recordamos.

«A Juan lo hice decapitar. Entonces, ¿ quién es este del que oigo decir semejantes cosas?». Y trataba de verlo.

Precisamente hace un par de días viví uno de esos sucesos extraordinarios, que podrían pasar desapercibidos por triviales. Estrenaba mi nombramiento como Ministro de la Eucaristía, ayudando a distribuir la Santa Comunión entre una multitud de fieles que asistió a la Misa del Divino Niño.

Iba caminando de regreso a casa, cuando sonó música en el celular. Me extrañó muchísimo porque me había asegurado que no tuviera volumen mientras participé en la Eucaristía. ¿Por qué sonaba de un momento a otro y con Radio María sintonizado, si no hay forma en que yo lo hubiera activado, puesto que además se requiere de una contraseña para activarlo?

Extrañado, lo activé poniendo la contraseña y constaté que estaba en Radio María. Apagué la reproducción de la radio que no entendía como se había activado, sin mi intervención, para escuchar al finalizar esta operación un “Dios te Bendiga” proveniente de uno de los locutores. Así me sentía. Fue una experiencia extraña, pero gozosa al mismo tiempo.

«A Juan lo hice decapitar. Entonces, ¿ quién es este del que oigo decir semejantes cosas?». Y trataba de verlo.

Lleno del Espíritu Santo pasé por el consultorio de un médico amigo al que le conté lo que me acababa de suceder, tan solo para constatar que estas cosas pasan mucho en la vida. Me contó que estando en Venecia con sus hijas, cayendo la noche, les fue imposible encontrar el hotel en el que tenían sus reservas.

Todos los esfuerzos por ubicarlo fueron vanos. Entrando ya en desesperación, porque se comprende que no es tan fácil allí encontrar donde pasar la noche y sin poder imaginar lo que tendrían que pasar él y sus hijas –todos extranjeros- cuando cayera la noche, decidió orar con toda la fe de la que era capaz, pidiendo al Señor que alguien los ayudara.

No había terminado de pronunciar su oración cuando una de sus hijas se presentó con un joven alto y fuerte que había escuchado la conversación que su hija trataba de entablar con el tendero y se ofreció a ayudarlos. El los guió y ayudó a trasladar sus cosas hasta el hotel que quedaba en una sinuosa calle de Venecia. Como esas, tengo muchas historias, me dijo mi querido amigo.

«A Juan lo hice decapitar. Entonces, ¿ quién es este del que oigo decir semejantes cosas?». Y trataba de verlo.

No hay nada que hacer. El Señor interviene en nuestra historia de muchos modos y algunos tan milagrosos como los sencillos ejemplos que hemos relatado. Algunos les llaman coincidencias. Pero quienes tenemos fe, sabemos que estas no existen, y que Dios está permanentemente entrando en contacto con nosotros de muy diversas formas.

Esperamos que este par de historias –sencillas pero extraordinarias- tomadas de la vida real, nos sirvan para abrir un poco más los ojos, nuestra mente y nuestros corazones, para observar cómo a cada paso el Señor se va manifestando señalándonos el Camino, para quien está dispuesto a ver.

Quien, como Herodes, cree tenerlo todo bajo control, quien ha perdido la capacidad de asombro, como dice el mismo Jesucristo, no se convencerá aunque los muertos resuciten.

«A Juan lo hice decapitar. Entonces, ¿ quién es este del que oigo decir semejantes cosas?». Y trataba de verlo.

Oremos:

Padre Santo, te damos gracias porque te revelas en la vida cotidiana, a los simples y sencillos; a quienes hemos puesto nuestros corazones en ti. Danos la Gracia de descubrirte siempre en nuestros hermanos…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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