Lucas 9,57-62 – no sirve para el Reino de Dios

Septiembre 28, 2016

«Te seguiré, Señor, pero permíteme antes despedirme de los míos». Jesús le respondió: «El que ha puesto la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios».

Texto del evangelio Lc 9,57-62 – no sirve para el Reino de Dios

57. Mientras iban caminando, alguien le dijo a Jesús: «¡Te seguiré adonde vayas!».
58. Jesús le respondió: «Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza».
59. Y dijo a otro: «Sígueme». El respondió: «Permíteme que vaya primero a enterrar a mi padre».
60. Pero Jesús le respondió: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ve a anunciar el Reino de Dios».
61. Otro le dijo: «Te seguiré, Señor, pero permíteme antes despedirme de los míos».
62. Jesús le respondió: «El que ha puesto la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios».

Reflexión: Lc 9,57-62

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Lucas 9,57-62 no sirve para el Reino de Dios

El llamado del Señor es exigente. No podemos ir a Él con paños tibios. O estamos o no estamos con Él. Así de sencillo y claro. Hemos de analizar cada uno de nuestros actos, porque lo que no nos acerca, nos aleja. Y de nada nos sirve venir al Señor con pretextos. Él los conoce todos. No intentemos engañarlo.

Es cierto, es verdad, no hay muchos que estemos realmente dispuestos a seguirlo. No en esas condiciones. Nosotros queremos ser “buenos”, pero no estamos dispuestos al sacrificio extremo que el Señor nos presenta en estos versículos. ¿Es que no tendré ni el derecho a enterrar a mis padres?

¿Cómo puede ser que un Dios que se dice que es amor, pretenda tan descabellada exigencia? Es un asunto de fe. Alguien podrá decir: pero ¿qué le hace que me tome algunas horas para cumplir con esta responsabilidad? Después lo voy a seguir. Un poco de paciencia ¿no?

«Te seguiré, Señor, pero permíteme antes despedirme de los míos». Jesús le respondió: «El que ha puesto la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios».

Ciertamente así es como actuamos y respondemos al llamado del Señor. Y entre nosotros, entre nuestros maestros y discípulos, siempre que llegamos a este punto, tendemos a suavizar el mensaje, haciéndolo más digerible y tolerante. ¿Tenemos el derecho de cambiar esta exigencia para dorar la píldora a los demás?

No lo creemos. Pero dorando la píldora a los otros, también la doramos a nosotros. Pensamos que siendo tolerantes con los demás, ellos también lo serán con nosotros. Pero no se trata de los demás, se trata del mandato y la obediencia que le debemos al Señor. Por eso decimos que es un asunto de fe.

Si no atendemos inmediatamente el llamado del Señor, estamos dando testimonio de una fe débil, enclenque, frágil. El que cree tiene que lanzarse decidido como Pedro, porque si duda y se detiene a calcular, como Pedro se hundirá.

«Te seguiré, Señor, pero permíteme antes despedirme de los míos». Jesús le respondió: «El que ha puesto la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios».

Evidentemente, por más que queramos ocultarlo, no se puede tapar el sol con un dedo. Todos ponemos excusas. Las excusas son más frecuentes de lo que creemos, por eso es que encontramos siempre personas dispuestas a tolerarlas y avalarlas. ¿Qué pueden hacer? Si ellos mismos antes han hecho lo mismo.

Pero no debemos dejar que nos confundan. No porque alguien haya sido más tolerante y permisivo consigo mismos antes, nosotros también debemos serlo. Y mucho menos debemos pensar que eso es correcto y que finalmente el Señor estaría de acuerdo.

Si bien el Señor es paciente y muchas veces tolerante con nosotros, también sabe que el llamado es urgente, por lo que no hay tiempo que perder. Toda demora afecta a otros, a nuestros hermanos. ¿Cuántos abortos podrían evitarse si llamamos la atención a tiempo? No es cosa de juego, ni tolerancia.

«Te seguiré, Señor, pero permíteme antes despedirme de los míos». Jesús le respondió: «El que ha puesto la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios».

Es por eso que el Señor se encarga de hacernos ver que no hay tiempo ni para reposar. Sea que estemos despiertos o que durmamos, toda la vida debe estar dedicada a la Misión encomendada. Por eso es que el Hijo del hombre no tiene dónde reposar su cabeza. ¡Él ha escogido libremente Salvarnos! Se trata de una tarea URGENTE.

Él Señor nos llama a tomar con la misma seriedad y urgencia esta tarea, si es verdad que queremos seguirlo. No hay tiempo para dudas, ni para mirar atrás. Tenemos que ser capaces de ver al fondo, o en lo alto, aquello que realmente importa. Primero es Dios, esto quiere decir que primero es el amor.

Tenemos que ser capaces de mirar adelante y Caminar en el cumplimiento de la Misión que el Señor nos confía. Solo entonces serviremos para el Reino. Este ha de estar por encima de todo. Eso pasa por reconocer que todo lo demás es temporal y accesorio. Es nuestra salvación, que no es otra que la de nuestros hermanos, la que importa. Es esta Misión la que debe ocupar el primer lugar en nuestras vidas.

«Te seguiré, Señor, pero permíteme antes despedirme de los míos». Jesús le respondió: «El que ha puesto la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios»

Oremos:

Padre Santo, danos la capacidad de entender que no nos has llamado a pertenecer a un club de esparcimiento, ni a ser parte de un grupo de privilegiados y escogidos por nuestros méritos, sino a participar de la Misión Salvadora de Jesucristo, que exige acciones inmediatas y contundentes, en favor de nuestros hermanos, especialmente de los más frágiles e indefensos…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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Lucas 9,57-62 no sirve para el Reino de Dios

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