Lucas 9,43b-45 – el Hijo del hombre

septiembre 26, 2015

Texto del evangelio Lc 9,43b-45 – el Hijo del hombre

43b. Estando todos maravillados por todas las cosas que hacía, dijo a sus discípulos:
44. «Pongan en sus oídos estas palabras: el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres.»
45. Pero ellos no entendían lo que les decía; les estaba velado de modo que no lo comprendían y temían preguntarle acerca de este asunto.

Reflexión: Lc 9,43b-45

Como resulta propio del Hijo de Dios, Jesucristo pone en circulación un concepto Bíblico antiguo, poco conocido y de un singular significado, y lo usa únicamente para referirse a sí mismo. Nadie más lo usa en el Nuevo Testamento. Nos referimos a “el Hijo del hombre”, cuyo significado resulta un tanto misterioso. Fiel a su estilo, Jesús devela y vela al mismo tiempo quién es a través de este título usado muy poco. Es como si al mismo tiempo quisiera revelarnos quién es y al mismo tiempo mantenerlo en secreto, oculto a quienes les está velado conocerle, por su falta de fe. Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios vivo, enviado para salvarnos. Al mismo tiempo es el hombre por excelencia, aquel en el que se iban a condensar todos los padecimientos, cargando con todos los pecados, para morir por todos nosotros y resucitar liberándonos para siempre de la esclavitud de la muerte y el pecado. «Pongan en sus oídos estas palabras: el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres.»

Respecto al significado de este título especial de “Hijo del hombre” podemos encontrar diversas explicaciones en Internet y ninguna lo llega a abarcar plenamente, por eso hemos decidido elaborar nuestra propia definición, la que desde luego es también una aproximación, como todo lo que concierne a Dios, el inabarcable, el Infinito. El Hijo del hombre viene a ser algo así como el representante de todo el género humano; aquel que saldría si pudiéramos integrar en un solo cuerpo a la humanidad entera; Jesús sería el Hijo de este ser producto de la imaginación o de un poder más grande de cuanto podemos imaginar, solo alcanzable por Dios. Jesús, el Hijo del hombre, es pues la síntesis de ese hombre, del mismo modo que vendría a serlo el hijo de un hombre cualquiera, pero con un grado mayor de perfección en la recepción de todos los caracteres genéticos. Algo así como lo que es el zumo a la naranja. Jesús nos resume y representa a todos, pero al mismo tiempo es el exponente perfecto o más acabado o mejor logrado de nuestro género. «Pongan en sus oídos estas palabras: el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres.»

Jesús, el Hijo del hombre, carga con todos nuestros pecados a la cruz y nos redime con su muerte y resurrección. Él es capaz de llevarnos a todos con Él, tanto en sentido figurado como real. En tal sentido, siendo hombre, es un hombre único, por eso el mismo se reconoce con esta especie de título único en toda la Creación y solo aplicable a Él: el Hijo del hombre. En un sentido lo que nos revela tiene algo de siniestro, de trágico, de fatal. ¿Cómo es posible que este representante del género humano, que constituye su principio y fin, que reúne las características de todo el género de la A a la Z, sea entregado a sus mismos congéneres, para morir en sus manos? En el mueren todos los pecados, todas las taras, toda la inmundicia, toda la inmoralidad, toda la degradación, dando lugar a un Hombre Nuevo, vencedor de la muerte, de todas las muertes; Resucitado, Salvador de la Humanidad. El Hijo del hombre es entregado por nosotros, a nosotros. Muerto y sepultado. Entregado en Sacrificio por la Salvación de toda la humanidad. Pero el Hijo del hombre –siendo también Hijo de Dios- resucita, venciendo a la muerte y ganando de este modo para nosotros la Vida Eterna. ¿Por qué quiso Dios que fuera así? Podemos ensayar miles de respuestas, una más ingeniosos que otras y seguramente alguna más aproximadas a la Voluntad de Dios, pero lo cierto es que en lo que Dios concierne es preferible que creamos y confiemos ciegamente, en lugar de ponernos a cavilar en sus razones, porque nunca llegaremos a entenderlas plenamente. Bástenos saber que nos ama. Respondamos con FE, que es lo que nos corresponde. «Pongan en sus oídos estas palabras: el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres.»

Oremos:

Padre Santo, danos la fe suficiente para confiar plenamente en Tu amor de Padre Creador, evidenciándola haciendo Tu Voluntad…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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