Lucas 9,43-45 – entregado en manos de los hombres

Septiembre 24, 2016

Escuchen bien esto que les digo: El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres.

Texto del evangelio Lc 9,43-45 – entregado en manos de los hombres

43. Todos estaban maravillados de la grandeza de Dios. Mientras todos se admiraban por las cosas que hacía, Jesús dijo a sus discípulos:
44. Escuchen bien esto que les digo: El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres.
45. Pero ellos no entendían estas palabras: su sentido les estaba velado de manera que no podían comprenderlas, y temían interrogar a Jesús acerca de esto.

Reflexión: Lc 9,43-45

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Lucas 9,43-45 entregado en manos de los hombres

A nadie le interesan las malas noticias. Nadie quiere saber lo que vendrá, si esto va a ser doloroso. Nadie está dispuesto a hablar del sacrificio y de la muerte. Eso es así. Por eso se entiende la resistencia que los discípulos tenían a escuchar y entender a Jesús.

Más difícil aún había de resultarles a ellos entender que a Jesús, a quien habían visto y gozado en diferentes circunstancias, obrando de forma extraordinaria, le pudiera amenazar algo. Es que no es fácil entender al Señor si pretendemos encajarlo en nuestra lógica.

Precisamente, si todos están maravillados de la grandeza de Dios revelada en cada una de las obras de Jesús, ¿cómo entender el peligro que se cierne sobre Él? ¿De qué estaba hablando? Resulta difícil de imaginar. Él es Dios. De ello parecen no quedarles dudas. ¿Cómo entender lo que dice? ¿O, cómo no esperar que habrá de tener un as bajo la manga que sacará oportunamente?

Escuchen bien esto que les digo: El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres.

No cuesta mucho esfuerzo llegar a comprender la actitud de los discípulos. De hecho ¿no es la nuestra? ¿No estamos siempre acudiendo a Él para que nos saque las castañas del fuego? ¿No esperamos que nos salve de toda dificultad? ¿No es eso lo que con más frecuencia pedimos, cuando acudimos a Él?

Eso es lo que nos dicta la lógica. Si está dispuesto a salvarnos a nosotros y si de hecho nos salva ¿por qué no se salva a sí mismo? ¿No es esto mismo lo que le gritaban los soldados cuando se encontraba en la cruz?

“Los soldados también se burlaban de Él, acercándose y ofreciéndole vinagre, y diciendo: Si tú eres el Rey de los judíos, sálvate a ti mismo. (Lucas 23,36-37)

Estamos frente al Misterio de Jesucristo, que siendo Hijo de Dios, se hizo hombre como cualquiera de nosotros, es más, se hizo tan hombre, que bien podemos aplicarle el distintivo de hombre ejemplar, en el sentido de igual a cualquiera, o como el mismo nos dice: el Hijo del Hombre.

Escuchen bien esto que les digo: El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres.

Así, si antes hemos admirado a Dios en todo su extraordinario accionar, que no deja dudas respecto a quién es, ahora debemos admirarnos con la otra cara de la moneda, el hombre, tan frágil como cualquier mortal, abandonado a la Voluntad del Padre, sufriendo con estoicismo el crimen más atroz tan solo para salvarnos.

Como hombre, como cualquier hombre, llegaría hasta el fin. Iría hasta donde fuéramos capaces de llevarle, hasta donde fuera necesario, por amor. No se correría ni pondría resistencia. Tampoco se valdría de ninguno de aquellos poderes de los que nos dio muestra. Él nos mostraría el Camino con Su propia Vida.

De este modo, al igual que confesamos y  admirados que es Dios, tendríamos que confesar con la misma admiración que es Hombre, como cualquiera. Y si Él siendo Dios es capaz de humillarse a tal extremo, por amor, hasta morir por nosotros en la cruz, como el más despreciable de los mortales, rodeado de delincuente, nosotros también podemos hacerlo.

Escuchen bien esto que les digo: El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres.

Es un asunto de Fe. Hemos de creer en Jesucristo y en Su revelación. Con su muerte y resurrección Él ha trazado el Camino del Amor, sin límites. Todo aquello de poner la otra mejilla, de desprendernos de cuanto tenemos por nuestros hermanos, si así nos lo piden, queda aquí totalmente confirmado y validado.

Jesucristo, el Hijo del Hombre, el hombre en suma, nos ha mostrado con su ejemplo hasta donde es posible amar. Hemos de amar así a nuestros hermanos, incluso a nuestros enemigos. Sin revelarnos; sin violencia. Porque solo el amor nos traerá la Vida Eterna.

Difícil, sí. Pero no imposible. Jesucristo, así como muchos santos y mártires que lo han seguido nos lo han confirmado. Ese es el Camino del Amor. El Camino de la Perfección. El Camino de la Santidad. Camino que todos los cristianos hemos de transitar. ¿Imposible? Para nosotros, pero no para Dios. Todo es posible para Dios. Con su ayuda y el fuego del Espíritu Santo, todo es posible.

Solo el amor es capaz de conducirnos a la Vida Eterna. Este no es un objetivo egoísta, porque quien ama no puede ser egoísta. Justamente es en esto en lo que tenemos que creer. Eso es lo que nos manda el Señor Jesucristo: amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos.

Escuchen bien esto que les digo: El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres.

Oremos:

Padre Santo, no permitas que desprendamos nuestra mirada de la Cruz de Cristo. Que ella nos sirva de inspiración haga entender la grandeza de Tu amor Infinito. Danos fe para hacer Tu Voluntad…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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Lucas 9,43-45 entregado en manos de los hombres

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