Lucas 9,28b-36 – vieron la gloria de Jesús

Agosto 6, 2016

Pedro y sus compañeros tenían mucho sueño, pero permanecieron despiertos, y vieron la gloria de Jesús y a los dos hombres que estaban con él.

Texto del evangelio Lc 9,28b-36 – vieron la gloria de Jesús

28. Unos ocho días después de decir esto, Jesús tomó a Pedro, Juan y Santiago, y subió a la montaña para orar.
29. Mientras oraba, su rostro cambió de aspecto y sus vestiduras se volvieron de una blancura deslumbrante.
30. Y dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías,
31. que aparecían revestidos de gloria y hablaban de la partida de Jesús, que iba a cumplirse en Jerusalén.
32. Pedro y sus compañeros tenían mucho sueño, pero permanecieron despiertos, y vieron la gloria de Jesús y a los dos hombres que estaban con él.
33. Mientras estos se alejaban, Pedro dijo a Jesús: «¡Maestro, ¡qué bien estamos aquí! Hagamos tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». El no sabía lo que decía.
34. Mientras hablaba, una nube los cubrió con su sombra y al entrar en ella, los discípulos se llenaron de temor.
35. Desde la nube se oyó entonces una voz que decía: «Este es mi Hijo, el Elegido, escúchenlo».
36. Y cuando se oyó la voz, Jesús estaba solo. Los discípulos callaron y durante todo ese tiempo no dijeron a nadie lo que habían visto.

Reflexión: Lc 9,28b-36

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Lucas 9,28b-36 vieron la gloria de Jesús

Nos parecía bien empezar diciendo que estamos frente a uno de los pasajes más asombrosos del Evangelio. Sin embargo, al punto caímos en cuenta que en realidad los evangelios están plagados de episodios extraordinarios.

Nuestra vidas, tal vez unas más que otras, también están plagadas de esta clase de sucesos. Lo que ocurre es que muy pronto los olvidamos y luego pasamos a ignorarlos. Al parecer esta es una constante más frecuente de lo que pensamos.

El proceso de conversión al que estamos llamados todos, por Gracia de Dios, empieza por la toma de conciencia de uno de estos sucesos extraordinarios en nuestras vidas. El encuentro con Cristo corresponde a esta categoría.

Pedro y sus compañeros tenían mucho sueño, pero permanecieron despiertos, y vieron la gloria de Jesús y a los dos hombres que estaban con él.

Todos, por el solo hecho de ser humanos, en realidad, por ser Hijos de Dios llevamos en nosotros esta capacidad. Esta vendría a ser la impronta de Dios. Es decir que es el mismo Dios el que ha plantado esta semilla en nosotros.

Por ello los santos tienen como un común denominador este sentimiento, esta certeza que sus espíritus no descansarán hasta no alcanzar las promesas de Cristo en el Reino de los Cielos. Nada, solo Dios, puede llenar este vacío. Y hacia Él se orientarán nuestras almas a partir de este encuentro.

Precisamente esto es lo que estamos llamados a suscitar todos los cristianos. Esta es la tarea de evangelización que tiene como uno de sus cimientos más sólidos el amor ejemplar. Es que el amor, al que nos manda Jesús, es contagioso. No se puede ocultar y atrae por imitación.

Pedro y sus compañeros tenían mucho sueño, pero permanecieron despiertos, y vieron la gloria de Jesús y a los dos hombres que estaban con él.

Una vez encontrado este tesoro, no podemos ocultarlo. Debemos orar incansablemente para fortalecer y profundizar la Gracia que nos trae este encuentro. Por otro lado, esta se afianzará solo si la compartimos.

Por lo tanto, anotemos en nuestro diario, escribamos en algún lado una buena descripción de aquel encuentro y aquello que sentimos, para no olvidarlo jamás y para que nos sirva como testimonio para nuestros hermanos. No subestimemos la Gracia que hemos recibido a través de estos sucesos y por el contrario compartámosla. Esta es la mejor forma de consolidarla y agrandarla.

Por algún motivo que no nos compete a nosotros descifrar, Dios ha querido manifestarse a cada uno de nosotros de este modo único y personal. A partir de este encuentro, discernamos cuál es Su Voluntad para nuestras vidas y hagamos aquello que pedimos cada día en el Padre Nuestro: la Voluntad de Dios.

Amemos a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. Asumamos con sincera y verdadera radicalidad este mandato, porque solo ello garantiza que habremos de alcanzar las promesas del Señor Jesucristo. Vivamos para amar y servir y alcanzaremos la Vida Eterna. .

Pedro y sus compañeros tenían mucho sueño, pero permanecieron despiertos, y vieron la gloria de Jesús y a los dos hombres que estaban con él.

Oremos:

Padre Santo, no permitas que jamás olvidemos cada uno de los encuentros que Tú has deparado con nosotros a lo largo de nuestras vidas; que sepamos reconocerlos, agradecerlos y –con Tu ayuda-, mantenerlos vivos, como la fuente inagotable que nos acerque cada vez más a Ti…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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Lucas 9,28b-36 vieron la gloria de Jesús

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