Lucas 9,18-22 – les ordenó terminantemente que no lo dijeran a nadie

septiembre 23, 2016

«Pero ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy yo?». Pedro, tomando la palabra, respondió: «Tú eres el Mesías de Dios». Y él les ordenó terminantemente que no lo dijeran a nadie.

Texto del evangelio Lc 9,18-22 – les ordenó terminantemente que no lo dijeran a nadie

18. Un día en que Jesús oraba a solas y sus discípulos estaban con él, les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?».
19. Ellos le respondieron: «Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los antiguos profetas que ha resucitado».
20. «Pero ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy yo?». Pedro, tomando la palabra, respondió: «Tú eres el Mesías de Dios».
21. Y él les ordenó terminantemente que no lo dijeran a nadie.
22. «El hijo del hombre, les dijo, debe sufrir mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser condenado a muerte y resucitar al tercer día».

Reflexión: Lc 9,18-22

lucas-09-21

Lucas 9,18-22 les ordenó terminantemente que no lo dijeran a nadie

En la boca del Señor, no hay ninguna palabra ociosa. Nada se dice por decir. Todo tiene un significado y una importancia que va más allá de cuanto somos capaces de entender. Queremos detenernos ahora en por qué la enérgica determinación en que no se lo digan a nadie.

Ensayaremos algunas aproximaciones, puesto que es algo que no deja de inquietarnos desde la primera vez que nos topamos con esta lectura. Además, es algo que el Señor repite en varias oportunidades. ¿Por qué el afán en que no se lo digan a nadie?

Una primera razón que marca la distancia entre nuestro proceder natural y el de Jesús, es que Él no busca ni privilegios ni notoriedad. Lo normal entre nosotros sería exhibir nuestras credenciales, aquello que nos distingue y por lo que mereceríamos cierto respeto y privilegios. Jesús es distinto.

«Pero ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy yo?». Pedro, tomando la palabra, respondió: «Tú eres el Mesías de Dios». Y él les ordenó terminantemente que no lo dijeran a nadie.

Este misterio comienza cuando siendo Dios, decide hacerse hombre como nosotros, pero tan humilde como el que más, naciendo en un pesebre y teniendo que huir con su familia, como tantos desplazados y perseguidos el día de hoy. No nace en un Palacio, sino como el último entre los últimos.

Si no usó entonces sus credenciales divinas para merecer privilegios o posiciones especiales, ¿por qué habría de hacerlo en cualquier otro momento? ¿Qué nos está diciendo? Que Él, siendo Dios ha escogido hacerse hombre, como cualquiera, débil y frágil, como el más insignificante entre nuestra sociedad. ¿Por qué?

Porque el Señor tiene una Misión, que ha asumido libre y voluntariamente. Esta es: Salvarnos de la muerte y del pecado. Pero, para hacerlo, según Su Infinita Sabiduría, es preciso que nosotros, libremente, aplicando nuestro razonamiento y voluntad, adhiramos, consintamos el Camino que Él nos propone. No nos salva por un milagro a todos, ni nos obliga.

«Pero ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy yo?». Pedro, tomando la palabra, respondió: «Tú eres el Mesías de Dios». Y él les ordenó terminantemente que no lo dijeran a nadie.

¿Por qué obra de este modo? Porque siendo Dios, es respetuoso de nuestra dignidad humana, aquella dignidad con la que Dios quiso engalanarnos desde la Creación. Y, nuestra dignidad se sostiene en nuestra capacidad de decidir libremente, aplicando nuestra inteligencia y voluntad.

Así, el Señor Jesucristo nos propone el Camino, nos lo señala y Él mismo, haciéndose hombre –como nosotros-, transita este Camino, con todas las dificultades y debilidades de cualquier otro hombre, incluso aquellas del menos favorecido de la sociedad. De este modo, Él nos da ejemplo con Su propia vida.

Por lo tanto, ¿cuál es Su mensaje? Que si Él, siendo hombre como nosotros, es capaz de hacer aquello que predica, nosotros también seremos capaces de hacerlo. Pero si decimos que es Dios, rápidamente habrá quienes digan: “claro, qué gracia tiene hacer lo que Él hace; cualquiera lo haría siendo Dios”

«Pero ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy yo?». Pedro, tomando la palabra, respondió: «Tú eres el Mesías de Dios». Y él les ordenó terminantemente que no lo dijeran a nadie.

Lo cierto, lo que sabemos y nos consta es que Él no usó su condición Divina para obtener ningún privilegio, ni distinción. Si lo hizo fue para hacerse tan hombre como el más humilde entre nosotros. En consecuencia, no iba a usar Su poder para librarse de la persecución, del martirio, del calvario y de la muerte.

La lección que nos da es, que debemos oírle y hacer lo que nos manda, porque solo entonces seremos resucitados como Él y viviremos eternamente. Él nos revela que somos hijos de Dios y que Él quiere que vivamos eternamente, lo que está a nuestro alcance si hacemos lo que nos manda.

¿Qué nos manda? Jesucristo nos lo revela con Su vida, pero también, concretamente, con este Mandamiento: Amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. Eso es lo que debemos hacer para obtener la Vida Eterna, es decir, para Salvarnos de la destrucción, el pecado y la muerte.

«Pero ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy yo?». Pedro, tomando la palabra, respondió: «Tú eres el Mesías de Dios». Y él les ordenó terminantemente que no lo dijeran a nadie.

¿Hasta dónde hemos de amar? ¿Hasta qué extremo? ¿Cuál es límite? No hay límites. Hasta dar la vida, si es preciso, por nuestros hermanos. Pongamos nuestra mirada en Cristo crucificado y sigámoslo.

Jesucristo es Dios, pero se ha hecho hombre como cualquiera de nosotros, para salvarnos. Eso es lo que tenemos que entender y asumir, teniendo fe en Él, en Dios Padre y en el Espíritu Santo para transitar ese mismo Camino.

Esta es posiblemente una de las razones por las que nos manda que no revelemos Su identidad Divina. Porque esta no debe ser impedimento ni excusa para la salvación de nadie. Debemos conocer al Señor no por lo que nos dicen, sino por ese encuentro íntimo y profundo con Él, que nos abre un horizonte nuevo a quienes nos disponemos humildemente a percibir su Infinito amor y Misericordia.

«Pero ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy yo?». Pedro, tomando la palabra, respondió: «Tú eres el Mesías de Dios». Y él les ordenó terminantemente que no lo dijeran a nadie.

Oremos:

Padre Santo, ayúdanos a perseverar en este Camino a quienes hemos tenido la Gracia de encontrarnos con Tu amado Hijo, Nuestro Señor Jesucristo. No permitas que nunca nos apartemos de Él…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

lucas-09-18-22-2016-09-23

Lucas 9,18-22 les ordenó terminantemente que no lo dijeran a nadie

(24) vistas

Deja un comentario