Lucas 8,4-15 – dan fruto gracias a su constancia

septiembre 17, 2016

Lo que cayó en tierra fértil son los que escuchan la Palabra con un corazón bien dispuesto, la retienen, y dan fruto gracias a su constancia.

Texto del evangelio Lc 8,4-15 – dan fruto gracias a su constancia

04. Como se reunía una gran multitud y acudía a Jesús gente de todas las ciudades, él les dijo, valiéndose de una parábola:
05. «El sembrador salió a sembrar su semilla. Al sembrar, una parte de la semilla cayó al borde del camino, donde fue pisoteada y se la comieron los pájaros del cielo.
06. Otra parte cayó sobre las piedras y, al brotar, se secó por falta de humedad.
07. Otra cayó entre las espinas, y estas, brotando al mismo tiempo, la ahogaron.
08. Otra parte cayó en tierra fértil, brotó y produjo fruto al ciento por uno». Y una vez que dijo esto, exclamó: «¡El que tenga oídos para oír, que oiga!».
09. Sus discípulos le preguntaron qué significaba esta parábola,
10. y Jesús les dijo: «A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de Dios; a los demás, en cambio, se les habla en parábolas, para que miren sin ver y oigan sin comprender.
11. La parábola quiere decir esto: La semilla es la Palabra de Dios.
12. Los que están al borde del camino son los que escuchan, pero luego viene el demonio y arrebata la Palabra de sus corazones, para que no crean y se salven.
13. Los que están sobre las piedras son los que reciben la Palabra con alegría, apenas la oyen; pero no tienen raíces: creen por un tiempo, y en el momento de la tentación se vuelven atrás.
14. Lo que cayó entre espinas son los que escuchan, pero con las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida, se van dejando ahogar poco a poco, y no llegan a madurar.
15. Lo que cayó en tierra fértil son los que escuchan la Palabra con un corazón bien dispuesto, la retienen, y dan fruto gracias a su constancia.

Reflexión: Lc 8,4-15

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Lucas 8,4-15 dan fruto gracias a su constancia

No solo se trata de ser buena tierra, para lo cual seguramente debemos prepararnos, sino de ser constante. Y tal vez en ello mismo esté el ser tierra fértil. Es cuestión de mantener con firmeza el timón, a través del tiempo y las vicisitudes.

El Señor se refiere a las dificultades, que en la práctica las encontramos y de todo tipo, porque el Demonio hace su propio trabajo. No es extraño que el mismo Señor aluda al Maligno como el primer enemigo que arrebata de los corazones de los que escucharon la Palabra al borde del camino

El Señor, más bien, nos alienta a tener la actitud adecuada. Hay que perseverar. Hay se ser constantes. Hay que mantenerse con firmeza ante los embates. ¿Cómo hacerlo? Solo será posible si edificamos sobre roca, es decir, si tenemos sólidos cimientos.

Lo que cayó en tierra fértil son los que escuchan la Palabra con un corazón bien dispuesto, la retienen, y dan fruto gracias a su constancia.

¿Cómo consigo sólidos cimientos? Solo hay una forma: perseverando. La Verdad está ahí, al alcance de nuestras manos. El Señor nos la ha dejado. Debemos tomarla y profundizar en ella, con constancia. Esto quiere decir, esforzándonos, aun en medio de las tormentas. No hay que ceder. No hay que desistir. No hay que desanimarse.

El Señor es la Luz del mundo. ¿Cómo llegamos a esta Luz? ¿Cómo la descubrimos? ¿Cómo podemos hacer que esta sea nuestra guía? A través de Su Palabra. Tenemos que tomarla cada día y reflexionarla. Ella tiene el poder de TRANSFORMARNOS. Solo Su Palabra labra la más dura piedra, a través de la constancia.

El Señor nos está dando la receta. Oigamos y hagamos lo que nos dice. Perseveremos en Su Palabra. No se trata entonces de oírla hoy y aplicarla para siempre. Ojala pudiéramos, pero no es tan sencillo. Se trata de aplicarla siempre, porque siempre la estamos oyendo. ¿Cómo la oiremos si no acudimos constantemente a ella?

Lo que cayó en tierra fértil son los que escuchan la Palabra con un corazón bien dispuesto, la retienen, y dan fruto gracias a su constancia.

La Iglesia ha oído la Palabra y la ha puesto en práctica. Es así que nos propone una lectura distinta para cada día, en el calendario Litúrgico, para que todos caminemos al mismo ritmo, para que todos los cristianos “bailemos” al mismo son. Hagamos de la lectura y reflexión de la Palabra de Dios un hábito diario.

Como hemos dicho muchas veces, no basta con esta lectura; hay que ponerla en práctica. Pero el que tiene fe, muy pronto verá que esta práctica será precisamente el fruto de la penetración en nuestra vida misma de la Palabra.

De este modo, la acción y el compromiso, serán los frutos de la semilla de la Palabra. No seremos cristianos sin atender a la Palabra de Dios. Seamos constantes en beber de esta fuente inagotable. ¿De dónde sacar la constancia y la fuerza necesaria para mantenernos?

De la misma Palabra y de la oración y los sacramentos, especialmente el de la Eucaristía, que es la forma en que Jesucristo ha querido quedarse en medio de nosotros, como verdadera comida y verdadera bebida. Así, lectura y reflexión diaria de la Palabra; oración cotidiana, en todo tiempo y lugar; y Eucaristía…Son los pilares que habrán de sostener nuestra vida cristiana.

Lo que cayó en tierra fértil son los que escuchan la Palabra con un corazón bien dispuesto, la retienen, y dan fruto gracias a su constancia.

Oremos:

Padre Santo, danos la constancia necesaria para mantenernos firmes en la fe, oyendo y reflexionando diariamente la Palabra del Señor. Que ella nos transforme hasta hacernos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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Lucas 8,4-15 dan fruto gracias a su constancia

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