Lucas 8,19-21 – Mi madre y mis hermanos

septiembre 20, 2016

Pero él les respondió: Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la Palabra de Dios y la practican.

Texto del evangelio Lc 8,19-21 – Mi madre y mis hermanos

19. Su madre y sus hermanos fueron a verlo, pero no pudieron acercarse a causa de la multitud.
20. Entonces le anunciaron a Jesús: «Tu madre y tus hermanos están ahí afuera y quieren verte».
21. Pero él les respondió: Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la Palabra de Dios y la practican.

Reflexión: Lc 8,19-21

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Lucas 8,19-21 Mi madre y mis hermanos

¡Bien claro! Para quien pretenda fundar en ambigüedades su cristianismo. El Señor no se anda con rodeos. Su familia es la que oye a Dios y hace lo que le manda. No hay más. No busquemos, por lo tanto, otras vías, que salvo esta, están todas descartadas.

Si ni le escuchamos y mucho menos nos esforzamos entonces en hacer lo que nos manda, no digamos que somos cristianos, pues estaremos mintiendo a los demás, engañándolos y engañándonos, porque a Dios no le podemos embabucar con nuestras historias y excusas.

El cristianismo se reduce al seguimiento de Jesús. Si no le seguimos, si no hacemos lo que nos dice, estamos en otra cosa. Es momento de reflexionar qué clase de cristianos somos. ¿Qué lugar ocupa Cristo en nuestras vidas? ¿Es Él determinante en algún modo? Más que nuestros pensamientos e ideas, revisemos los hechos reales y contundentes.

Pero él les respondió: Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la Palabra de Dios y la practican.

Más de uno empezaremos a ver y analizar algunos de nuestros últimos actos a fin de calificar si nuestro proceder fue bueno o malo. Y de eso no se trata. Lo podemos evaluar después. Lo que ahora nos pide observar el Señor con toda sinceridad es si somos de los que le escuchamos.

Algunos podríamos decir que bueno, que sí vamos de vez en cuando a Misa…¿Será eso lo que quiere el Señor? ¿Será eso suficiente para llamarnos cristianos? Los verdaderos cristianos, sus discípulos descubrieron que sus Palabras son fuente de vida, capaces de transformarlo todo.

Por lo tanto, no se trata de escucharlo ocasionalmente, sino permanentemente. Por eso la Iglesia ha dispuesto una lectura del Evangelio y otras de la Biblia, para cada día de la semana, durante todo el año. Ellas están consignadas en el Calendario Litúrgico, al que los sacerdotes del mundo entero se ciñen para cada Celebración Eucarística. Todos hacemos las mismas oraciones y reflexionamos en torno a las mismas palabras.

Pero él les respondió: Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la Palabra de Dios y la practican.

Es importante no solo escuchar, si no obrar en función. Tenemos que dejar que las palabras de Cristo modelen nuestra vida, de tal modo que lo que hacemos, cada paso, cada actividad en nuestra agenda esté determinada por lo que Él nos dice. Eso es lo que Cristo espera de nosotros. Solo así seremos Su Familia.

Alguien ha pretendido encontrar en estas palabras un desaire y hasta un desprecio a la Santísima Virgen María. Nada más lejano, solo explicable por falta de conocimiento de Jesús. Él sería incapaz de tal afrenta. Lo que está haciendo es poner los puntos sobre las íes. Enfatizando y dando la verdadera importancia a aquello que realmente importa, porque el Señor conoce de qué pie cojeamos.

Él sabe que no pocas veces buscamos excusas para hacer o dejar de hacer algo en nuestros padres o familiares. No puedo hacer esto o aquello porque tengo que encargarme de mis padres. Esa es la más cómoda excusa para no afrontar nuestras responsabilidades. No manifestamos nuestra opinión, nuestra oposición por temor o comodidad y nos excusamos en nuestros familiares.

Pero él les respondió: Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la Palabra de Dios y la practican.

Y la más absurda utilización de este episodio es la que hacen algunos protestantes o miembros de algunas sectas, que al supuesto desprecio a su madre, agregan la “prueba irrefutable” que no era Virgen, puesto que Jesucristo tenía hermanos.

Se trata de un disparate más que demuestra la forma en que estas sectas pretenden manipular los textos sagrados, y claro, aquel que no está familiarizado con ellos, porque los lee muy poco o casi nunca, cae redondo. Una prueba más que abunda respecto a la necesidad de escuchar al Señor todos los días.

Debemos saber que en aquel entonces a todos los parientes que vivían en un pueblo o pequeña comarca se les llamaba hermanos, sin importar que fueran primos primero o segundo o simplemente amigos y o vecinos. Por lo tanto el “hermanos” usado en este texto hace alusión a estos parientes o amigos.

Pero él les respondió: Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la Palabra de Dios y la practican.

Oremos:

Padre Santo, danos constancia para escuchar y hacer siempre lo que Jesucristo nos manda…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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Lucas 8,19-21 Mi madre y mis hermanos

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