Lucas 8,1-3 – Jesús recorría las ciudades y los pueblos

septiembre 16, 2016

Jesús recorría las ciudades y los pueblos, predicando y anunciando la Buena Noticia del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce y también algunas mujeres.

Texto del evangelio Lc 8,1-3 – Jesús recorría las ciudades y los pueblos

01. Después, Jesús recorría las ciudades y los pueblos, predicando y anunciando la Buena Noticia del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce
02. y también algunas mujeres que habían sido curadas de malos espíritus y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios;
03. Juana, esposa de Cusa, intendente de Herodes, Susana y muchas otras, que los ayudaban con sus bienes.

Reflexión: Lc 8,1-3

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Lucas 8,1-3 Jesús recorría las ciudades y los pueblos

Si Jesús es nuestro modelo, nuestro ejemplo, cabe detenernos un momento hoy a reflexionar ¿cómo es que le seguimos, sino recorremos ciudades y pueblos? ¿con qué hemos remplazado este recorrido? ¿Por qué es tan importante esta actividad itinerante de Jesús? Por lo que se dice, es precisamente el recorrer algo que destaca en su quehacer. ¿En qué destaca el nuestro?

Son varias preguntas que han de llevarnos a reflexionar sobre la forma concreta en que seguimos a Jesús y cómo ésta se ajusta a Su Voluntad. Parece obvio que el anuncio del Reino de Dios es la principal ocupación de Jesús y la que determina su proceder.

No hay un afán turístico, ni de curiosidad por la forma en que viven los diferentes pueblos y ciudades de la comarca. Jesús sigue un imperativo: anunciar el Reino de Dios. Todos deben conocerlo. Difundir este conocimiento es Su Misión y por lo tanto tendría que ser la de todos sus seguidores.

Jesús recorría las ciudades y los pueblos, predicando y anunciando la Buena Noticia del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce y también algunas mujeres.

¿Por qué es tan importante recibir el anuncio del Reino de Dios? Porque este ha de constituir una novedad para el que lo escucha. Porque este responde a las más profundas interrogantes del ser humano, que tienen que ver con la razón de su existencia. Éste da sentido a la vida

¿Por qué es tan importante que todos lo conozcan? Porque la Misión de Jesucristo es Salvarnos y ello solo será posible si oída la llamada, oído el anuncio, lo dejamos todo y nos disponemos a seguirlo. Eso es precisamente lo que hacían los discípulos y las mujeres que lo acompañaban: lo seguían.

Pues, entonces, la Salvación está en el seguimiento de Jesús. ¡Exacto! Desde entonces, hasta ahora millones se han dispuesto a seguirlo. ¿Cómo es que tantos lo seguimos y se ve sin embargo a muy poca gente dejándolo todo? Definitivamente ha cambiado la forma en que muchos lo siguen.

¿Se ajustan estas formas de seguimiento a la Voluntad de Jesús? Seguramente no todas. ¿Cuál o cuáles debían ser las características de este seguimiento para saber si es correcto? Dos cosas: el desprendimiento, es decir el haberlo dejado todo. Y segundo, el haberse dedicado completamente a la tarea del anuncio.

Jesús recorría las ciudades y los pueblos, predicando y anunciando la Buena Noticia del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce y también algunas mujeres.

No hay seguimiento posible a Jesús, no hay seguimiento que valga, sin hacer del anuncio nuestra Misión. Y el anuncio demanda recorrer, caminar sin detenerse, anunciando el Reino de los Cielos. ¡Qué duda cabe que esta debe ser nuestra tarea principal, aquella que define o da identidad a nuestra vida.

Ha de ser por eso que el mismo Señor se define como El Camino. No hay otro. Si queremos darle el Verdadero sentido a nuestras vidas, si queremos que ellas tengan el sentido que Dios ha dispuesto, hemos de seguirlo. ¿Por qué hemos de hacer lo que Dios quiere? Porque es lo que nos conviene; porque es lo correcto; porque es lo único que dará como resultado que alcancemos la Vida Eterna.

¿Cómo conciliamos nuestras vidas con esta Misión? En primer lugar tendremos que preguntarnos qué lugar ocupa en nuestras vidas la Misión de anunciar. Si no es lo primero y lo que da sentido a nuestros actos, obviamente están erradas y debemos cambiar.

¿Qué debemos cambiar? Depende de lo que cada uno esté haciendo, pero es muy posible que debamos dar un giro de 180 grados. Es cuestión de decidir. No podemos pretender seguir a Jesucristo y al Dinero, por ejemplo. Son como el agua y el aceite: incompatibles.

Jesús recorría las ciudades y los pueblos, predicando y anunciando la Buena Noticia del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce y también algunas mujeres.

Entonces, en la medida en que vivamos para anunciar el Reino de los Cielos, estaremos cumpliendo nuestra Misión o para decirlo de otro modo, estaremos siguiendo a Jesús. No hay otra forma. Si no anuncio, lo que demanda recorrer el mundo, no estoy siguiendo a Jesucristo. Anunciar y recorrer o recorrer para anunciar son dos rasgos esenciales en la vida de todo cristiano.

Hay, sin lugar a dudas, muchas formas de hacerlo. Pero cualquiera que sea la forma, esta debe ser el motivo de nuestra existencia. Eso es lo que exige el Señor. Dedicación a tiempo completo; de por vida. No hay vacaciones, ni momentos privados. La vida no nos pertenece. Renunciamos a todo por seguir a Jesús. Recorrer y anunciar.

Por lo tanto, ni el tiempo de reflexión, ni el tiempo de oración, ni cualquier actividad que podamos realizar, incluso para conseguir los recursos necesarios para nuestra subsistencia tendrán sentido si no cumplimos con nuestra Misión. Todo cobra sentido en ella. Y esta la podemos reducir al seguimiento de Jesús. Por ello el Señor nos dice que Él es el Camino, la Verdad y la Vida.

Jesús recorría las ciudades y los pueblos, predicando y anunciando la Buena Noticia del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce y también algunas mujeres.

Oremos:

Padre Santo, danos Tu Gracia para comprender que sin recorrer y anunciar cada día, no hay seguimiento de Cristo, ni cristianismos posible…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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Lucas 8,1-3 Jesús recorría las ciudades y los pueblos

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