Lucas 7,31-35 – Ha venido el Hijo del hombre

septiembre 16, 2015

Texto del evangelio Lc 7,31-35 – Ha venido el Hijo del hombre

31. «¿Con quién, pues, compararé a los hombres de esta generación? Y ¿a quién se parecen?
32. Se parecen a los chiquillos que están sentados en la plaza y se gritan unos a otros diciendo: “Les hemos tocado la flauta, y no han bailado, les hemos entonando endechas, y no han llorado.”
33. «Porque ha venido Juan el Bautista, que no comía pan ni bebía vino, y dicen: “Demonio tiene.”
34. Ha venido el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: “Ahí tienen un comilón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores.”
35. Y la Sabiduría se ha acreditado por todos sus hijos.»

Reflexión: Lc 7,31-35

Al Señor no le podemos engañar. Estas palabras de Jesús son duras, porque nos está echando en cara que finalmente actuamos como niños caprichosos, que no estamos contentos con nada y fijémonos si no será acertado este diagnóstico. Él sabe perfectamente de qué pie cojeamos, y cómo es que aquello a lo que hoy decimos “va”, mañana lo empezamos a analizar y a encontrar peros. No somos consecuentes. Lo que hoy nos parece claro como el agua e inamovible, mañana nos parece exagerado o una tontería. Lo he visto decenas de veces, no solo en mí, sino también en quienes me rodean. Pero el Señor quiere que seamos de palabra, de tal modo que si decimos si, sea para siempre y no andemos justificándonos, como si hubiera algo que no nos atrevemos a dar. Todo comienza por exigirnos en la vida corriente y cotidiana a decir toda la verdad y nada más que la verdad por más que duela y caiga quien caiga. Pero llegado el caso, somos muy proclives a cambiar de conducta, a dejar nuestros buenos propósitos “solo por esta vez”, nos decimos, pero esta situación se repite una y otra vez, hasta que terminamos por acostumbrarnos, siendo cada vez más tolerantes y flexibles con nosotros mismos. Ha venido el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: “Ahí tienen un comilón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores.”

Siempre estamos buscándole tres pies al gato para justificarnos. Alguna razón tenemos que encontrar para no ser tan exigentes esta vez y tolerarnos y engreírnos, lo que muchas veces quiere decir “sacar los pies del plato” o hacer una excepción, de modo tal que por esta “última vez” nos permitimos un desliz o una ruptura de nuestros compromisos, esperando –como siempre- tolerancia. Flexibilidad y tolerancia que no estamos dispuestos a tener con los demás, a no ser que estos nos sirvan de excusa para reclamar comprensión por nuestras faltas. Desgraciadamente, lo que empieza como una concesión única, como “la última vez”, se repite una y otra vez, hasta que dejamos de esforzarnos y caemos una y otra vez, haciendo de este mal hábito, un vicio. Lo peor es que lo negamos, no solo a nosotros mismos, sino también a los demás. No nos parece familiar esta situación. No es lo que ocurrió con nuestras primeras mentiras, hasta que se hicieron habituales. No nos pasó con el cigarro, con el trago, con la mariguana, con el hábito de andar fisgoneando a nuestros vecinos; con la pornografía, con la masturbación, con el procurar nuestro placer hasta saciarnos sin tener demasiado en cuenta a nuestra pareja. Nos pasó cuando nos quedamos con aquel vuelto y luego empezamos a cerrar con cuanto saldo por cualquier motivo quedaba en nuestras manos… Ha venido el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: “Ahí tienen un comilón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores.”

Todo está en empezar y lo que ocurre con pequeños “pecadillos” llega a convertirse en grandes crímenes, sin que ni si quiera nos de la tos, ni nos inmutemos. No de otro modo se explican los crímenes, especialmente en la política, que son negados sínicamente. Acaparamiento, robo descarado, aprovechamiento de las necesidades de los más pobres, coimas pagadas para conseguir trabajos o cobradas por otorgarlos. Asociaciones para delinquir, tan de moda en las altas esferas del poder y tan negadas cínicamente una y otra vez, cuando hace falta tan solo saber sumar dos más dos, para establecer un procedimiento delincuencial. Sucedió en Argentina con el caso Nissman, y se repite en estos días en Perú con el chofer de la familia presidencial un humilde señor Fasabi, muerto en extrañas y misteriosas circunstancias. Pasa a vista y paciencia del mundo entero con Leopoldo López en Venezuela, encarcelado injustamente y condenado con ensañamiento inusitado y sin precedentes tan solo por discrepar con los métodos totalitarios del régimen. Lo podemos percibir en la ola de violencia que sacude el mundo entero, pero especialmente en aquellos países donde el narcotráfico, el terrorismo y la falta de escrúpulos de una casta política que quiere enriquecerse a toda costa, toma el poder y se alía con el crimen organizado, apropiándose de sus métodos para gobernar, con el único propósito de despojar a la sociedad de cuanto les sea posible, para llenar sus arcas. Ha venido el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: “Ahí tienen un comilón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores.”

Esta es la denuncia de Jesús. Hemos perdido nuestra capacidad de asombro. Todo nos da igual. Aquello que antes nos movía a una auténtica alegría o a una natural tristeza, ahora no nos provoca ni una mueca. Nos hemos vuelto indiferentes, porque “tanto va el cántaro al río, que termina por romperse”. ¡Hemos perdido la fe! Vivimos de espaldas a Dios y por más cadenas, crucifijos, estampas, Misas y oraciones que hagamos, en realidad no creemos. Todo lo tomamos muy superficialmente, no de modo determinante, tal como debía ser. Estamos muy fácil y prontamente dispuestos a conciliar con el mal, con la mentira y el engaño, con tal de vernos beneficiados o favorecidos. No estamos dispuestos a arriesgar nada y mucho menos nuestra estabilidad o nuestro trabajo o nuestros ingresos por ninguna causa, mucho menos por alguien que no seamos nosotros mismos. Somos incapaces de sacrificar nada. No damos puntada sin nudo…y si llegamos a dar algo, seguramente es porque nos sobra. Eso somos. Unos especímenes egoístas y francamente repugnantes. Ha venido el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: “Ahí tienen un comilón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores.”

Oremos:

Padre Santo, aparta de nosotros esta indiferencia y egoísmo que se viene apoderando de nuestros corazones, promovido por esta sociedad de consumo, donde la cultura y los valores son meros gestos superficiales, sin ningún peso en nuestras vidas. Haznos solidarios, consecuentes, generosos, entregados, amorosos y capaces de dar sin esperar nada a cambio…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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