Lucas 7,19-23 – Vayan y cuenten a Juan lo que han visto y oído

Diciembre 14, 2016

Vayan y cuenten a Juan lo que han visto y oído

Vayan y cuenten a Juan lo que han visto y oído: Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, se anuncia a los pobres la Buena Nueva

Texto del evangelio Lc 7,19-23

19. los envió a decir al Señor: «¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?»
20. Llegando donde él aquellos hombres, dijeron: «Juan el Bautista nos ha enviado a decirte: ¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?»
21. En aquel momento curó a muchos de sus enfermedades y dolencias, y de malos espíritus, y dio vista a muchos ciegos.
22. Y les respondió: Vayan y cuenten a Juan lo que han visto y oído: Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, se anuncia a los pobres la Buena Nueva;
23. ¡y dichoso aquel que no halle escándalo en mí!

Reflexión: Lc 7,19-23

lucas-07-22

Lucas 7,19-23 Vayan y cuenten a Juan lo que han visto y oído

No se trata de grandes y encendidos discursos, ni de hablar con una elocuencia que deje a todos pasmados. No es el verbo, ni nuestra capacidad de persuasión la que debemos mejorar. No se requieren, por lo tanto, grandes estudios.

Tropezamos muchas veces con esta idea entre quienes empiezan a dar sus primeros pasos en la fe. Dicen que no se sienten preparados. Que les gustaría estudiar y aclarar mejor algunos temas. No podemos negar que algo de estudio ha de haber.

Pero no es el mucho estudiar el que nos prepara para dar testimonio cristiano. Y lo que realmente se requiere es: testimonio. El mejor testimonio lo dan nuestros actos, lo que hacemos y no lo que decimos. Esto es lo primero.

Vayan y cuenten a Juan lo que han visto y oído: Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, se anuncia a los pobres la Buena Nueva

Observemos atentamente que Jesús no empieza a darles un discurso doctrinal a los discípulos de Juan. Les dice que vayan y cuenten lo que ven y oyen. Eso es todo. Porque no hay mayor elocuencia que lo que se puede ver y oír.

Y, en el caso de Jesús ¿qué es lo que se puede ver y oír? Que los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, se anuncia a los pobres la Buena Nueva. Es decir, hechos concretos y palpables.

¿Cuál ha de ser la lección para nosotros cristianos, sin importar “cuantos kilómetros de recorrido” tengamos? Que son nuestras obras las que deben dar testimonio de nuestra fe. Es de lo que ven y oyen que hacemos, que los demás darán testimonio.

Vayan y cuenten a Juan lo que han visto y oído: Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, se anuncia a los pobres la Buena Nueva

No importa cuánto conocemos la doctrina de Jesús, si conocemos la Doctrina Social de la Iglesia o si hemos leído todas las encíclicas del Papa. Lo que importa es que demos testimonio del amor de Dios en cada uno de nuestros actos.

Pongamos al Amor en el centro de nuestras vidas y no hagamos nada que no esté guiado y dirigido a fortalecer el amor, a amar a nuestros hermanos. No es fácil. Nadie ha sugerido eso. Amar es dar; es renunciar, es desprenderse. A esto debemos dedicar todo nuestro ser.

Cuidemos que todo lo que hagamos y digamos exprese amor. Primero a Dios y luego a nuestros hermanos. Vivir así, exige ser conscientes de cada uno de nuestros actos y palabras. Exige voluntad, inteligencia y libertad, cualidades con las que Dios nos ha distinguido.

Vayan y cuenten a Juan lo que han visto y oído: Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, se anuncia a los pobres la Buena Nueva

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