Lucas 7,11-17 – yo te lo ordeno, levántate

septiembre 13, 2016

Los que lo llevaban se detuvieron y Jesús dijo: Joven, yo te lo ordeno, levántate. El muerto se incorporó y empezó a hablar. Y Jesús se lo entregó a su madre.

Texto del evangelio Lc 7,11-17 – yo te lo ordeno, levántate

11. En seguida, Jesús se dirigió a una ciudad llamada Naím, acompañado de sus discípulos y de una gran multitud.
12. Justamente cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, llevaban a enterrar al hijo único de una mujer viuda, y mucha gente del lugar la acompañaba.
13. Al verla, el Señor se conmovió y le dijo: «No llores».
14. Después se acercó y tocó el féretro. Los que lo llevaban se detuvieron y Jesús dijo: «Joven, yo te lo ordeno, levántate».
15. El muerto se incorporó y empezó a hablar. Y Jesús se lo entregó a su madre.
16. Todos quedaron sobrecogidos de temor y alababan a Dios, diciendo: «Un gran profeta ha aparecido en medio de nosotros y Dios ha visitado a su Pueblo».
17. El rumor de lo que Jesús acababa de hacer se difundió por toda la Judea y en toda la región vecina.

Reflexión: Lc 7,11-17

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Lucas 7,11-17 yo te lo ordeno, levántate

Ayer veíamos con qué confianza, con qué fe el Centurión esperaba que Jesús sanara a su siervo. Él sabía que Jesús no tenía que desplazarse hasta el lugar, porque así como él, Jesús podía ordenar a alguien o hacer directamente uso de Su poder para atender lo que se le estaban pidiendo.

La fe de este Centurión es ejemplar, porque confiaba ciegamente en que el Señor podía hacer lo que fuera necesario para curar a su servidor, si Él así lo disponía. Ciertamente, resulta evidente que su fe estaba puesta en Dios, Creador del Universo, capaz de cualquier cosa.

¿Qué vemos hoy? Jesucristo no defrauda. Tiene poder incluso sobre la vida y la muerte. Y no solo eso –como si fuera poco-, es capaz de conmoverse ante la desgracia de cualquiera de nosotros, al extremo de obrar milagros únicos, maravillosos, imposibles, tan solo por misericordia. Y es que para Dios no hay nada imposible. Nos ama y es infinitamente misericordioso ¿Lo creemos?

Los que lo llevaban se detuvieron y Jesús dijo: Joven, yo te lo ordeno, levántate. El muerto se incorporó y empezó a hablar. Y Jesús se lo entregó a su madre.

¡Jesucristo es Dios! Esto es lo que tenemos que llegar a entender. Pero además, nos ama y a tal extremo, que podemos llegar a decir que Dios es Amor. Él es la fuente de amor inagotable. Es este amor el que lo ha traído a vivir entre nosotros, para salvarnos. Lo podemos ver en este pasaje, cómo se conmueve ante el sufrimiento de los más pobres, desvalidos e indefensos.

Por este gran amor, como el que jamás nos podrá tener nadie en el universo, Él es capaz de dar todo lo que sea necesario para salvarnos. Nos ama tanto que no quiere que nos perdamos y suframos, sino que caminemos por la luz y la verdad, hasta alcanzar la mayor Gracia que alguien podría darnos. Esta es: La Vida Eterna.

Esto es lo que Dios quiere para nosotros. Solo quiere nuestra felicidad. Para eso Dios Padre, cuando se hubo cumplido el tiempo –es decir, cuando tenía que hacerlo, ni un minuto antes y ni uno después-, envió a Su propio Hijo, Jesucristo, a Salvarnos. Y Jesucristo cumplió esta Misión ¿Cómo lo hizo? Dando su vida por nosotros. ¿Conoces a otra persona en este mundo que haya dado su vida por ti, aun antes que le conocieras, antes que hubieras nacido?

Los que lo llevaban se detuvieron y Jesús dijo: Joven, yo te lo ordeno, levántate. El muerto se incorporó y empezó a hablar. Y Jesús se lo entregó a su madre.

Tal vez nos preguntemos ¿y por qué tenía que dar su vida por nosotros? ¿Por qué? Porque el presentó ante nosotros el Camino de la Salvación y hubimos muchos que simplemente no le creímos. ¿Por qué no le creímos? Porque somos unos necios, engreídos, soberbios y torpes. No hay otra explicación. El obro muchos milagros inimaginables ante nuestros ojos, como para que no tuviéramos otra alternativa que confesar que efectivamente estábamos frente a Dios, pero pronto los olvidamos y finalmente pusimos en duda que esto hubiera ocurrido o que hubiera sido así.

Preferimos poner nuestra confianza en todo aquello que es ajeno y abiertamente opuesto a Dios, como es la vanidad, el orgullo, el poder, la lisonja, la vanagloria, y, el peor de todos: el dinero. El dinero y todo lo que este representa constituye nuestra perdición, a tal extremo que Jesucristo nos advierte que no podemos servir a dos señores. O estamos con Él o estamos con el Dinero. Ambos son INCOMPATIBLES.

La advertencia es clara, expresa y concreta. Pero no le creemos. ¿Qué debíamos hacer en vez de seguir al Dinero? Pues seguir a Dios, que no nos manda otra cosa que AMAR. ¿Y el amor es opuesto al Dinero? ¡Si! Nos lo dice Cristo. Pero no le creemos. Tanto es así que hemos construido todo nuestro mundo en torno a este ídolo nefasto. No podemos vivir sin dinero y nos parece lo más natural. Definitivamente es una trampa del demonio.

Los que lo llevaban se detuvieron y Jesús dijo: Joven, yo te lo ordeno, levántate. El muerto se incorporó y empezó a hablar. Y Jesús se lo entregó a su madre.

El Dinero es una ilusión, un espejismo que nos engaña, porque parece que puede solucionarlo todo, pero en realidad nos lleva a la perdición. Es de este y las graves consecuencias de construir un mundo alrededor suyo, que solo puede conducirnos al infierno que Jesucristo viene a salvarnos.

Pero como no nos gusta ni convence, a pesar de todo lo que nos mostró para que le creamos, decidimos matarlo, para que nos deje en “paz”, viviendo a nuestro modo, un modo que en realidad solo beneficia temporalmente a los ricos y poderosos, mas no a todos. Y ni a ellos los beneficia para siempre.

En cambio, lo que el Señor nos propone es el Camino, la Verdad y la Vida. Es lo que Dios en su Infinita Sabiduría ha dispuesto para nosotros. Eso es lo que nos conviene y lo que tendríamos que hacer para salvarnos, para librarnos del camino de oscuridad, destrucción y muerte por el que nos lleva la idolatría del Dinero, que no es otro que Satanás.

Los que lo llevaban se detuvieron y Jesús dijo: Joven, yo te lo ordeno, levántate. El muerto se incorporó y empezó a hablar. Y Jesús se lo entregó a su madre.

El Señor ha venido a Salvarnos, a mostrarnos el Camino de la Salvación. ¿Y por qué hace estos milagros? Podemos ensayar la siguiente explicación: (1) Porque es infinitamente misericordioso y le conmueve la situación que observa, y en la que se ve involucrado en este episodio. No puede ser indiferente al sufrimiento de esta viuda.

(2) Porque siendo Dios puede hacerlo, porque no hay nada que se le resista o que le resulte imposible. Y en su infinita sabiduría decide otorgarles a esta viuda y a su joven hijo esta Gracia. (3) Para que viendo creamos tanto en Su Amor Infinito, como en Su Palabra. (4) Para que creyendo en Él lo oigamos y hagamos lo que nos dice, porque Él solo quiere nuestro Bien. Por eso nos muestra la Verdad, lo correcto, lo que nos conviene.

Él es el Camino, la Verdad y la Vida. El Camino, porque es haciendo lo que Él hace que le estaremos siguiendo. La Verdad, porque lo que nos dice es Infalible. Y la Vida, porque solo siguiéndolo y haciendo lo que nos dice llegaremos a la Vida Eterna.

Los que lo llevaban se detuvieron y Jesús dijo: Joven, yo te lo ordeno, levántate. El muerto se incorporó y empezó a hablar. Y Jesús se lo entregó a su madre.

Oremos:

Padre Santo, ayúdanos a perseverar en la fe, oyéndote y haciendo lo que nos mandas. Tu nos manda levantarnos y vivir. Danos la Gracia de confiar en Tu Palabra y hacer siempre lo que nos mandas. …Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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