Lucas 6,6-11 – en sábado es lícito hacer el bien

septiembre 7, 2015

Texto del evangelio Lc 6,6-11 – en sábado es lícito hacer el bien

6. Sucedió que entró Jesús otro sábado en la sinagoga y se puso a enseñar. Había allí un hombre que tenía la mano derecha seca.
7. Estaban al acecho los escribas y fariseos por si curaba en sábado, para encontrar de qué acusarle.
8. Pero él, conociendo sus pensamientos, dijo al hombre que tenía la mano seca: «Levántate y ponte ahí en medio.» El, levantándose, se puso allí.
9. Entonces Jesús les dijo: «Yo les pregunto si en sábado es lícito hacer el bien en vez de hacer el mal, salvar una vida en vez de destruirla.»
10. Y mirando a todos ellos, le dijo: «Extiende tu mano.» Él lo hizo, y quedó restablecida su mano.
11. Ellos se ofuscaron, y deliberaban entre sí qué harían a Jesús.

Reflexión: Lc 6,6-11

Es claro; el Señor puede curarnos de cualquier modo. Cómo lo hace no es lo que importa, sino cuando, a quién y por qué. Precisemos quienes son los beneficiarios de sus curaciones. Puede serlo cualquiera en realidad, solo basta que acudan a Él pidiéndoselo con fe. Quien lo pide ha de creer que Cristo le puede conceder la curación, si quiere. No interesa si lo pide para sí mismo o para un pariente, servidor o amigo; tampoco importa la nacionalidad, posición social o económica; tampoco la religión que profesa, ni la dolencia de la que quiere ser curado, ni la gravedad, ni el tiempo que podía estarla padeciendo. Lo importante es: uno, pedírselo, con serenidad, con buenos modos o a gritos, no interesa: hay que pedírselo. Y, dos, tener fe, es decir realmente creer que seremos complacidos, porque así será. No conocemos ni un solo caso en que el Señor haya negado esta ayuda a quien ha salido a su encuentro y se lo ha pedido. Casi siempre ha pedido discreción a quienes ha curado, ¿por qué? No por modestia, desde luego, sino que Jesús, siendo Dios, es muy conciente de su Misión y Él no ha venido con el propósito de curar a todos de sus males, no de esta forma, como las multitudes que lo van siguiendo se lo piden. Èl ha venido a Salvarnos a todos, lo que requiere que todos lo conozcamos, que a todos llegue Su Palabra, porque es esta la que nos tarerá la Verdad, la Luz y la Vida. Cura y desde luego es importante para quien recibe esta curación, pero lo hace por Misericordia. Sabe que el tiempo del que dispone es corto y no lo va a dedicar tan solo a curar, ni se quedará tan solo en un pueblo por más que le guste, porque su Misión le exige proseguir Su camino. Él ha venido a liberarnos del mal y la esclavitud; a darnos vida en abundancia. «Yo les pregunto si en sábado es lícito hacer el bien en vez de hacer el mal, salvar una vida en vez de destruirla.»

¿Dónde y cuándo cura? Nuevamente, puede hacerlo dónde y cuando es abordado, a veces incluso dejándose tocar por alguien que padece alguna enfermedad y tan solo con eso queda curada, por su enorme fe y porque efectivamente Él es el Hijo de Dios Vivo y quien así lo cree, obtendrá lo que le pida.Incluso pasó con el así llamado “ladrón bueno” al que estando en la cruz Cristo le respondió atendiendo su pedido: «Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso.» (Lucas 23,43). Es decir que no hay lugar, ni momento más propicio, como queda demostrado. Todo el que acude con fe a Él, jamás será defraudado. Sin embargo hay varias ocasiones –y una es la que estamos viendo en este pasaje- en las que el Señor hace sus milagros en el templo, o a un pagano o como aquí, en sábado. Con lo que por una lado se reafirma la tesis que no importa la hora, ni el lugar, ni la persona, ni el mal…puede ser quien sea, donde sea y lo que sea, porque para Él nosotros, nuestra felicidad, la vida y la misericordia están por encima de toda norma, ley o disposición formal que pudiera oponerse. Para Él no hay impedimentos, como no tendría por qué haberlo para nosotros, si tenemos en nuestros corazones y nuestras cabezas bien claro el orden de prioridades. Primero Dios, luego el prójimo y finalmemnte nosotros. Dios nunca se opondrá al Bien que podemos hacer a los demás y mucho menos se fijará en el día o la hora; porque para hacer el Bien no hay momento más oportuno, ni argumento válido que lo impida o que justifique dejarlo de hacer. Nunca el Bien acarreará mal, como tampoco el mal podrá ser camino para el Bien. «Yo les pregunto si en sábado es lícito hacer el bien en vez de hacer el mal, salvar una vida en vez de destruirla.»

La absurda pretensión que el Señor se abstuviera de sanar a este hombre tan solo por ser sábado sirve precisamente para que Jesucristo nos enseñe que no hay mejor hora ni lugar para proceder con Misericordia. Y no puede haber ninguna norma o ley que nos lo impida. De allí que un cura, por más cura y obispo que sea, no puede decir por una simple foto en la que un hombre le está dando la comunión a otro por encima de una multitud, que está cometiendo sacrilegio. Esto denota prejuicios obtusos, cerrazón y mezquindad. No podemos juzgar con tal severidad, por una sola imagen. A lo mejor ambos hombres son santos y no tienen más posibilidad de acercarse al Señor que esta. Se entiende que esto puede estar ocurriendo en tantas y tantas ceremonias multitudinarias, a las que he tenido la suerte de asistir en varias oportunidades, en las que gracias a Dios son decenas y aun cientos de miles las personas que quieren recibir al Señor y no se puede pretender que todos hagan filas ordenadas, ni mantengan el lugar de honor que normalmente está reservado para las órdenes religiosas. El pueblo, como en todo, tiene que agenciárselas. Y qué bueno que haya quienes asuman la responsabilidad de atender el clamor de todos, sin juzgar tan ligeramente, impulsados por un celo exagerado que ni Jesús lo tuvo. Desde luego el no pidió credenciales al momento de repartir el pan en la montaña y seguramente sano a muchos de los que alcanzaron a tocar su manto, cuando en tantas ocasiones estuvo rodeado de multitudes, que solo querían tener la oportunidad de tocarle para sanarse. Para el Señor, por encima de todo está la Misericordia y el amor. Porque primero, antes que cualquier norma o regla está la vida. Esto no quiere decir que no se guarde cierta solemnidad en Misa y el mayor respeto por la Eucaristía, pero sin llegar a la exageración, porque nuestro Señor se ha hecho hombre HUMILDE, para salvarnos, especialmente a los más pobres y humildes, que están lejos del boato y la pompa, porque pasara un camello por el hueco de una aguja, antes que un rico entre en el Reino de los cielos. «Yo les pregunto si en sábado es lícito hacer el bien en vez de hacer el mal, salvar una vida en vez de destruirla.»

Oremos:

Padre Santo, no permitas que pongamos por excusa para dejar de hacer el Bien alguna norma, ley o reglamento. Que tampoco nos sintamos contentos con cumplir lo que mandan las leyes humanas, cuando sabemos que ésta, en muchas ocasiones, es mezquina. Que estemos dispuestos a dar todo lo que esté a nuestro alcance, sin condiciones ni hipocresías…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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