Lucas 6,6-11 – Extiende tu mano

Septiembre 5, 2016

Y dirigiendo una mirada a todos, dijo al hombre: Extiende tu mano. El la extendió y su mano quedó curada.

Texto del evangelio Lc 6,6-11 – Extiende tu mano

06. Otro sábado, entró en la sinagoga y comenzó a enseñar. Había allí un hombre que tenía la mano derecha paralizada.
07. Los escribas y los fariseos observaban atentamente a Jesús para ver si curaba en sábado, porque querían encontrar algo de qué acusarlo.
08. Pero Jesús, conociendo sus intenciones, dijo al hombre que tenía la mano paralizada: «Levántate y quédate de pie delante de todos». el se levantó y permaneció de pie.
09. Luego les dijo: «Yo les pregunto: ¿Está permitido en sábado, hacer el bien o el mal, salvar una vida o perderla?».
10. Y dirigiendo una mirada a todos, dijo al hombre: Extiende tu mano. El la extendió y su mano quedó curada.
11. Pero ellos se enfurecieron, y deliberaban entre sí para ver qué podían hacer contra Jesús.

Reflexión: Lc 6,6-11

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Lucas 6,6-11 Extiende tu mano

No es infrecuente que debamos adoptar actitudes valientes como la que en este caso nos muestra Jesús. Nos cruzamos con personas agresivas, déspotas, abusivas y prepotentes, que quieren imponer sus ideas por la fuerza, especialmente a los más vulnerables e indefensos.

Resulta paradójico que en estos tiempos de derechos humanos y avances científicos, en los que se habla del respeto a los derechos de las minorías, sean estas minorías precisamente las que arremeten con furia contra los que no comparten su ideología.

Favoreciendo a los grandes capitales que buscan incrementar sus ganancias y resolver sus problemas de rentabilidad a través del consumo ilimitado de productos cada vez más diversos, que fomentan un estilo de vida consumista, estas minorías sostienen ideas que pretenden homogenizar a todos los seres humanos, convirtiéndolos en entidades irreflexivas que solo buscan la felicidad en productos de consumo siempre nuevos (físicos o ideológicos), que ofrecen por momentos convertirse en la panacea que pondrá fin a todas sus inquietudes, los que siempre son sustituidas por un producto superior, que a su vez es descartado por otra, y así hasta dejarnos exhaustos y vacíos.

Y dirigiendo una mirada a todos, dijo al hombre: Extiende tu mano. El la extendió y su mano quedó curada.

Nadie puede osar desafiar y menos abandonar el libreto que han impuesto para sostener su poder y privilegios. Esos son los fariseos de este mundo, que trafican con las necesidades de los más pobres y humildes, buscando su propio provecho personal.

Así, imponen pesadas cargas a los más débiles y menos influyentes. Cargas de las que ellos se exceptúan en razón de su poder y posición económica, social, política o religiosa. Es a estos a los que Jesús desafía con mucho coraje en este pasaje.

¿Qué respuesta recibe? El silencio cobarde y calculado, por no poner en juego su prestigio frente a los débiles e indefensos, que los siguen con la confianza que los están guiando por la mejor senda posible y para su bien.

Y dirigiendo una mirada a todos, dijo al hombre: Extiende tu mano. El la extendió y su mano quedó curada.

Pero todo esto es mentira. Se trata de posturas falsas, hipócritas y cínicas. El andamiaje que han armado es tan solo de utilidad a sus propósitos, para asegurar la sumisión del pueblo y por lo tanto su poder y privilegios.

Por eso les resulta imposible responder a Jesús, con lo cual quedan completamente desenmascarados. ¿Y qué pueden hacer, sino urdir un plan para desaparecerlo? ¡Eso es lo que harán! Y es que no pueden tolerar que alguien venga a cuestionarlo de tan enérgica manera, desbaratando todo su castillo de naipes.

Esto mismo estamos llamados a hacer los cristianos frente a todas las ideologías engañosas que el día de hoy se nos trata de imponer de una u otro modo y por la fuerza. No podemos pasar indiferentes absteniéndonos de dejar bien sentada nuestra posición en cada ocasión. ¡Tenemos una responsabilidad con nuestros hijos, con los indefensos, con la sociedad!

La ideología de género con la secuela de muerte, destrucción y perdición en la que sume a la sociedad occidental y cristiana, es obra del demonio, que de uno u otro modo busca alejarnos de Dios. ¡No lo permitamos! ¡No cedamos un centímetro! ¡No nos dejemos engañar!

Es obligación de los que más saben, de los que están mejor preparados y de los que ocupan cargos representativos en nuestra sociedad y en las organizaciones eclesiales, salir en defensa de los sin voz, y de los más humildes y desvalidos. El desafío está allí. ¡Hay que afrontarlo!

Y dirigiendo una mirada a todos, dijo al hombre: Extiende tu mano. El la extendió y su mano quedó curada.

Oremos:

Padre Santo, no permitas que asistamos indiferentes a los ataques a nuestras buenas costumbres, a la Iglesia, a los Sacramentos y a la fe, que realizan minorías extraviadas, conducidas por líderes satánicos, que solo buscan la degradación del ser humanos, la perdición y la muerte, escondiéndose en fachadas igualitarias y libertarias…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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