Lucas 6,39-42 – saca primero la viga de tu ojo

septiembre 9, 2016

…que no ves la viga que tienes en el tuyo? ¡Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano.

Texto del evangelio Lc 6,39-42 – saca primero la viga de tu ojo

39. Les hizo también esta comparación: «¿Puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en un pozo?
40. El discípulo no es superior al maestro; cuando el discípulo llegue a ser perfecto, será como su maestro.
41. ¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo?
42. ¿Cómo puedes decir a tu hermano: «Hermano, deja que te saque la paja de tu ojo», tú, que no ves la viga que tienes en el tuyo? ¡Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano.

Reflexión: Lc 6,39-42

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Lucas 6,39-42 saca primero la viga de tu ojo

Siempre es más fácil ver y criticar los errores que cometen los demás, a veces incluso con crueldad. Algunos parece que tuviéramos una especial sensibilidad para captar los errores de los demás. No podemos dejar de notarlos y hacerlo ver inmediatamente a los involucrados.

¿Cuánta falta de paciencia y caridad denotamos en tales oportunidades? Debemos confesar que más de una vez nos lo han hecho notar. Es que hay que tener mucho tacto cuando llamamos la atención, aun cuando tengamos razón. Tenemos que aprender a distinguir entre las personas y sus errores.

Adicionalmente, de qué sirve comentar o criticar un error o una deficiencia, si no somos capaces de proponer una alternativa o corrección. Es muy fácil destruir. Debemos imitar a Jesús y procurar siempre la redención del equivocado.

…que no ves la viga que tienes en el tuyo? ¡Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano.

Por otro lado, no olvidemos que todos somos humanos y falibles, incluso nosotros (aunque con frecuencia lo olvidemos). Cuando sea preciso criticar o señalar un error, hagámoslo con tino. Tengamos en mente siempre el lado positivo o constructivo. Busquemos animar, alentar y no desmoralizar.

Sí, es verdad que todo se lo debemos al Señor y que no tendríamos absolutamente nada si no fuera por El. Pero no olvidemos que a todos nos gusta que nos agradezcan y reconozcan nuestros méritos. Todos somos especialmente sensibles cuando se trata de nosotros. Tratemos a los demás como nos gustaría que nos traten.

Para eso existen las elementales reglas de cortesía. Y estar con el Señor no constituye una excepción. Todo lo contrario. Debemos ser mucho más cuidadosos con nuestros hermanos. No seamos hipócritas. Tratemos al mundo entero como nos gustaría que nos traten a nosotros. Veamos en cada uno de nuestros hermanos al mismo Cristo.

…que no ves la viga que tienes en el tuyo? ¡Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano.

Los humanos somos muy especiales y a veces, por más sotana purpurada que usemos, se nos sube el cargo a la cabeza. No son pocos los obispos que olvidan como caminar por la calle, si no van acompañados de su séquito, abriéndoles campo. O los que tienen tan recargadas agendas que se olvidan de sus ovejas.

Pero claro, no son solamente ellos, peor es el caso de los políticos que prometen el oro y el moro, pero una vez instalados en sus cargos, no solo se olvidan de sus provincias, sino que se traslada a vivir a la capital para siempre, porque ahí están los negocios.

En general tendemos a ver al mundo desde nuestra peculiar perspectiva individualista y queremos que todo y todos se acomoden a nuestras expectativas. Poco hacemos por adaptarnos y servir a los demás. Siempre nos ponemos a nosotros, nuestros planes y expectativas por encima de todo.

…que no ves la viga que tienes en el tuyo? ¡Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano.

Muy rápidamente estamos dispuestos a exigir nuestros derechos, pero somos menos diligentes para reconocer nuestros deberes. Andamos a la defensa de lo nuestro, nuestro entorno, nuestra privacidad, nuestras costumbres, nuestros gustos, nuestras opiniones, nuestras “libertades”, mucho antes que el servicio a los demás.

Así, qué difícil se hace amar. Mirarse el ombligo no es precisamente la mejor actitud para salir de uno mismo e ir al encuentro de los demás. No es estando al pendiente de nosotros mismos que dejaremos entrar al amor en nuestras vidas. Pero es este mundo hedonista, consumista e individualista el que nos va haciendo cada vez más egoístas.

Sacudámonos de esta mirada egocentrista, que solo se ocupa de lo que le gusta, lo que le place, lo que le satisface y lo que cuadra con sus exigentes criterios y vayamos a poner nuestro foco de interés en los demás, en los excluidos, en los débiles, en los tímidos, en los marginados, en los abusados, en los sin voz. Dejemos de ponernos al centro y empecemos por poner a Dios y al prójimo en ese lugar preferencial.

…que no ves la viga que tienes en el tuyo? ¡Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano.

Oremos:

Padre Santo, no dejes que caigamos en la auto referenciación, en el egoísmo y la indiferencia. Que antes de ocuparnos en criticar a los demás nos esforcemos por atenderlos, especialmente a los más necesitados de tu Misericordia …Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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Lucas 6,39-42 saca primero la viga de tu ojo

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