Lucas 6,20-26 – Felices ustedes, los pobres

Septiembre 7, 2016

Entonces Jesús, fijando la mirada en sus discípulos, dijo: «¡Felices ustedes, los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece!

Texto del evangelio Lc 12,32-48 – Felices ustedes, los pobres

20. Entonces Jesús, fijando la mirada en sus discípulos, dijo: «¡Felices ustedes, los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece!
21. ¡Felices ustedes, los que ahora tienen hambre, porque serán saciados! ¡Felices ustedes, los que ahora lloran, porque reirán!
22. ¡Felices ustedes, cuando los hombres los odien, los excluyan, los insulten y proscriban su nombre, considerándolo infame, a causa del Hijo del hombre!
23. ¡Alégrense y llénense de gozo en ese día, porque la recompensa de ustedes será grande en el cielo. De la misma manera los padres de ellos trataban a los profetas
24. Pero ¡ay de ustedes los ricos, porque ya tienen su consuelo!
25. ¡Ay de ustedes, los que ahora están satisfechos, porque tendrán hambre! ¡Ay de ustedes, los que ahora ríen, porque conocerán la aflicción y las lágrimas!
26. ¡Ay de ustedes cuando todos los elogien! ¡De la misma manera los padres de ellos trataban a los falsos profetas!

Reflexión: Lc 6,20-26

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Lucas 6,20-26 Felices ustedes, los pobres

El que está con el Señor, va contra corriente. Esto es necesariamente así, porque, tal como nos lo dice Jesucristo, no somos de este mundo. Dicho de otro modo, mala señal si estamos completamente instalados y adaptados a las prácticas de este mundo.

Tengamos en cuenta a quienes se dirige el Señor, que el destaca muy claramente las características de sus seguidores, aquellos a los cuales bendice. Es por los que son como ellos que vino el Señor. Habrá que detenernos a preguntarnos sinceramente cuánto nos asemejamos a ellos.

¿Somos de los pobres o tal vez de los que padecen hambre? ¿Somos de los tristes, de los desconsolados por alguna aflicción? ¿O tal vez somos de los marginados, de los perseguidos, de aquellos de los que nadie quiere saber nada? ¿Finalmente, tal vez seamos de aquellos que incomodamos por nuestras ideas, por nuestras exigencias éticas, morales y religiosas?

Entonces Jesús, fijando la mirada en sus discípulos, dijo: «¡Felices ustedes, los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece!

Alguien puede decirse a sí mismo, yo no sufro todo aquello que se ha mencionado. No soy pobre, ni paso hambre, ni sufro ninguna enfermedad ni aflicción, ya sea por abuso, usurpación o violencia. Digamos que nadie puede reprochar mi comportamiento de ningún modo, porque llevo una vida sobria, cumplo mis deberes, no me meto con nadie y gozo del respeto de la gente en mi medio. ¿No puedo contarme entre aquellos a los que el Señor se dirige?

No podemos decir que no, porque no nos corresponde a nosotros, sino a Jesucristo el decirlo. Por otro lado, sabemos que Dios es amor y no discrimina a nadie. Sin embargo, tu situación totalmente estable y acomodada debe ponerte en alerta. ¿Por qué? ¿Es que el Señor quiere que sufra? ¿Es que debo masoquistamente auto flagelarme e infligirme daño para dar gusto al Señor, para ser contado entre sus favoritos?

¡Claro que no! Pero si tú eres cristiano, es decir de aquellos que quieren seguir a Cristo, has de poner en primer lugar el servir a Dios y luego a tus hermanos. Ahora, no hay otra forma de servir a Dios que no sea sirviendo a los más pobres, necesitados, hambrientos, desconsolados, excluidos, perseguidos y presos en razón de su Nombre.

Entonces Jesús, fijando la mirada en sus discípulos, dijo: «¡Felices ustedes, los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece!

Esto quiere decir que si de veras amas a Jesucristo, mientras haya en el mundo personas que padezcan cualquiera de estos males, incluyendo enfermedades penosas, tu deber estará a su lado, apoyándolos o participando de algún modo en su redención.

Nuestra Misión es la de la Iglesia, la misma de Jesucristo, la que Él nos manda: Evangelizar, es decir, hacer que todo el mundo sepa que Dios es nuestro Padre, que nos ama y que quiere que todos vivamos eternamente. Por eso nos debemos ayuda y corrección fraterna a fin de alcanzar este propósito. Esto es lo que debe movernos.

Entonces, no podemos permanecer indiferentes, ni mantenernos al margen, orondos y disfrutando egoístamente, mientras haya hermanos que sufren y padecen a nuestro alrededor. Hemos de hacer todo lo que esté a nuestro alcance por comprometernos en esta Misión y no cejar esfuerzo por llevar más almas a Dios mientras vivamos.

Entonces Jesús, fijando la mirada en sus discípulos, dijo: «¡Felices ustedes, los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece!

Ese es nuestro compromiso y esa ha de ser nuestra permanente inquietud. No se trata de buscar masoquistamente el dolor, el sufrimiento y la infelicidad, sino de tener muy en claro nuestras prioridades, por las cuales estamos dispuestos a dejarlo todo, comprometiéndonos activamente con la alegría y felicidad de nuestros hermanos, especialmente de los más alejados de Dios. ¿Por qué podemos contar entre los pobres a los discípulos? Porque lo han dejado todo por servir al Señor.

¿Por qué lo haríamos? Porque por la fe estamos convencidos que cualquier cosa que podamos tener aquí, por más riqueza, poder y felicidad que hayamos alcanzado, será un pálido reflejo de lo que habremos de alcanzar en el Cielo y por tanto bien vale la pena ponerlo en juego. Como dice San Pablo:

Y aún más, yo estimo como pérdida todas las cosas en vista del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor, por quien lo he perdido todo, y lo considero como basura a fin de ganar a Cristo (Fil 3,8)

Entonces Jesús, fijando la mirada en sus discípulos, dijo: «¡Felices ustedes, los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece!

Oremos:

Padre Santo, no permitas que caigamos en la tentación de atesorar ningún bien terrenal, ni salud, ni dinero, ni propiedades, ni galardones intelectuales, ni prestigio, ni fama. Antes bien, que estemos dispuestos a entregarlo todo por servirte a Ti…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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Lucas 6,20-26 Felices ustedes, los pobres

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