Lucas 6,1-5 – «El Hijo del hombre es señor del sábado.»

septiembre 5, 2015

Texto del evangelio Lc 6,1-5 – «El Hijo del hombre es señor del sábado.»

1. Sucedió que cruzaba en sábado por unos sembrados; sus discípulos arrancaban y comían espigas desgranándolas con las manos.
2. Algunos de los fariseos dijeron: «¿Por qué hacen lo que no es lícito en sábado?»
3. Y Jesús les respondió: «¿Ni siquiera han leído lo que hizo David, cuando sintió hambre él y los que le acompañaban,
4. cómo entró en la Casa de Dios, y tomando los panes de la presencia, que no es lícito comer sino sólo a los sacerdotes, comió él y dio a los que le acompañaban?»
5. Y les dijo: «El Hijo del hombre es señor del sábado.»

Reflexión: Lc 6,1-5

De algún modo aquí Jesús continúa su diálogo con los Fariseos que lo siguen cuestionando por el comportamiento de sus discípulos, sin realmente entender quién es Jesús. Es que ellos se resisten a admitir que se encuentran frente al Hijo de Dios. No hilvanan una cosa con otra. Pueden aceptar que Jesús tiene algunos inexplicables poderes extraordinarios, pero les cuesta mucho entender que estos se deben a Su relación filial con Dios Padre. Esto es lo que Jesucristo quiere hacerles entender de una u otra manera. Pero, para quien no cree, estas palabras habrían de sonar como una gran blasfemia. ¿Quién se cree que es este para hablar de ese modo? Otros tal vez lo aceptan como una forma de hablar metafórica o propia de un charlatán. Por eso quieren hacerle caer en incongruencias y creen encontrarlas en el comportamiento de sus discípulos, que según ellos, no debían estar haciendo lo que hacen y en cualquier caso, Jesús, si fuera quien dice ser, debía llamarles la atención. Al menos eso es lo que para estos fariseos sería lo coherente. Como muchos, se creen dueños de la verdad y la sabiduría. Ven y analizan el mundo desde su perspectiva, como la única cierta, debido a que su poca modestia los hace sentir geniales, iluminados, únicos, inteligentes y acertados. Tengo muchos amigos así, que encima con unas cuantas copas de más, no hay quien los aguante. Empiezan a desarrollar monólogos que solo sirven para resaltar sus cualidades, su sapiencia y sensatez, cosas que por supuesto solamente ellos creen, pero lo hacen con tanta insistencia, que uno debe callar para no entrara en contradicciones con un borracho, que a nada bueno conducen. «El Hijo del hombre es señor del sábado.»

Justamente hoy estuve en una reunión con varias personas entre las que estaba un típico fariseo, con un ego más grande que el sol y que sin embargo seguramente se juzga tan modesto y sensato, como el que más. Alguien que a pesar de acaparar la conversación, seguramente siente que se está midiendo, auto controlándose, para no opacar a los demás. Cualquier cosa que se le diga importa muy poco, si a él no le interesa, porque solo tiene oídos para el sonido de su voz, de sus palabras y su “brillante” exposición. Son ególatras en toda la extensión de la palabra. ¿A qué se debe? Normalmente a su poder económico, político, intelectual o de cualquier otra índole que hace que los demás les consientan todos sus exabruptos, con tal de no contradecirles, porque les interesa quedar bien con estos sujetos, debido a su poder. Exactamente lo mismo ocurre con Jesús en este pasaje. Los fariseos esperan una respuesta que demuestre que Jesús se alinea con ellos, porque para ellos –dada su enorme vanidad-, resulta lo más sensato. Son incapaces de admitir que existe otro modo de pensar, otra óptica, otra perspectiva distinta y superior, como la que Jesús siempre tendrá, especialmente en la situación descrita. «El Hijo del hombre es señor del sábado.»

Jesús no se alinea, ni se alineará con la aparente sabiduría de los fariseos, porque esta solo busca la adulación y la preservación de sus intereses, de su conveniencia por encima de todo y todos los demás. Los fariseos hipócritas, basados en su poder, se sienten dueños de la verdad y con ello, dueños del mundo. Lo que ellos dicen o admiten, ha de ser consentido, tomado como cierto y como norma. Si ellos se comportan de una determinada forma por ser sábado, todos los demás también tendrían que hacerlo. Sus costumbres tendrían que ser aceptadas y acatadas por todos, más aun tratándose de los discípulos de un supuesto maestro judío como ellos. El maestro tendría que llamarles la atención. Pero resulta que este maestro es el verdadero Maestro, no aquel que ellos se ven obligados a aceptar para complacer a la chusma, sino el Hijo de Dios. Así, resulta un absurdo tratar de guardar ciertos preceptos por encima de la vida y por encima de Dios. No podemos justificar, por ejemplo, que en atención a la normatividad de los estados de la Unión Europea, algún país o todos en su conjunto se nieguen a dar ayuda humanitaria a los refugiados de medio oriente; dejar que se desesperen y mueran porque la ley no ha previsto esta descomunal migración. Como nadie en occidente puede lavarse las manos como si no tuviera responsabilidad en los grandes desequilibrios que existen en nuestro mundo que han causado tal estampida en un pueblo aterrorizado. Sacar a la luz leyes y normas para dejar de atender la emergencia, es de lo más estúpido e inhumano que puede haber, propio de un mundo dominado por fariseos. Mucho menos tendríamos que hacerlo a nombre de Dios, porque Dios está con los que sufren y no quiere su mal, sino Misericordia. Por lo tanto, no podemos escudarnos en Él, porque siendo Él dueño del sábado, qué duda cabe que habrá de abolir esta y cualquier otra norma, para mostrar compasión y solidaridad con los indefensos, con los pobres. Dios está aquí, como estuvo allí con los discípulos que se proveían de trigo en sábado para alimentarse, y no toleraría la indiferencia ni mucho menos el maltrato a quienes sufren, en atención al cumplimiento de alguna ley. La vida de los hombres y por supuesto, Dios, están por encima de cualquier ley. Esta es la ley superior, la que todos debemos acatar. «El Hijo del hombre es señor del sábado.»

Oremos:

Padre Santo, Tú nos has creado libres, sabiendo que en aplicación de nuestra razón, llegaremos siempre a optar por el Bien Supremo, danos un corazón Misericordioso para que sepamos mostrar solidaridad y amor a los más necesitados, llevando paz, amor y esperanza…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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