Lucas 6, 27-38 – amen a sus enemigos

septiembre 10, 2015

Texto del evangelio Lc 6, 27-38 – amen a sus enemigos

27. «Pero yo les digo a los que me escuchan: Amen a sus enemigos, hagan bien a los que los odien,
28. bendigan a los que los maldigan, rueguen por los que los difaman.
29. Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite el manto, no le niegues la túnica.
30. A todo el que te pida, da, y al que tome lo tuyo, no se lo reclames.
31. Y lo que quieran que les hagan los hombres, háganselo ustedes igualmente.
32. Si aman a los que los aman, ¿qué mérito tienen? Pues también los pecadores aman a los que les aman.
33. Si hacen bien a los que se lo hacen a ustedes, ¿qué mérito tienen? ¡También los pecadores hacen otro tanto!
34. Si prestan a aquellos de quienes esperan recibir, ¿qué mérito tienen? También los pecadores prestan a los pecadores para recibir lo correspondiente.
35. Más bien, amen a sus enemigos; hagan el bien, y presten sin esperar nada a cambio; y su recompensa será grande, y serán hijos del Altísimo, porque él es bueno con los ingratos y los perversos.
36. «Sean compasivos, como su Padre es compasivo.
37. No juzguen y no serán juzgados, no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados.
38. Den y se les dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de sus vestidos. Porque con la medida con que midan se los medirá.»

Reflexión: Lc 27-38

Seguimos reflexionando en torno a lo que significa ser cristianos. Para quienes nos sentimos proclives a interpretar el mensaje de Cristo como una serie de declaraciones de buena voluntad, ideales y correspondientes a un mundo utópico y lejano, Jesucristo pone el punto sobre las ies. No se trata de razones ideales y gaseosas que no encuentran expresión real, sino que por el contrario, hay demandas concretas que atender, que han de expresarse en un modo de actuar y proceder que dista mucho de aquello a lo que estamos acostumbrados a aceptar. Jesús nos describe situaciones y los comportamientos cristianos correspondientes en cada una de ellas, de modo tal que no quepa dudas, por lo tanto no hay nada que interpretar; no hay espacio para especulaciones ni elucubraciones. O somos o no somos cristianos. Eso es todo. Y ser cristiano es diametralmente opuesto a cuando damos por aceptado, porque a nadie, sino tan solo a un loco se le ocurriría amar a sus enemigos. ¿Poesía? ¡No! Revelación…Este es el Camino. Si hemos de salir adelante, superando todos los obstáculos, especialmente los que tienen su raíz en el egoísmo, el individualismo y la soberbia, será haciendo lo que Jesús nos manda. Más bien, amen a sus enemigos; hagan el bien, y presten sin esperar nada a cambio; y su recompensa será grande, y serán hijos del Altísimo, porque él es bueno con los ingratos y los perversos.

Nuestro “actos reflejos” han sido condicionados de tal modo que casi de modo automático tenemos la tendencia a pensar en nosotros antes que en nada. Si en una reunión ofrecen algo a los participantes, inmediatamente nos ponemos a hacer lo que sea necesario para conseguirlo, sin pensar en más y aunque solo necesitemos uno, por ejemplo si se trata de un gorro o un polo, tratamos de obtener muchos más, que para algo nos servirán, sin pensar en los demás. Primero nosotros. Si se trata de sentarse, de ponerse cómodos, de disfrutar, siempre estamos dispuestos a ponernos en primera fila y a pelear por ello. Pocas veces –y parece que cada vez menos-, estamos dispuestos a ceder nuestra posición en favor de otros, aunque sean niños o ancianos. Es como si se nos fuera la vida, si dejamos que alguien pudiera tener algo antes que nosotros o más que nosotros. Queremos ser siempre distinguidos o privilegiados, más si se trata de beneficios económicos. Es más, si podemos mantenerlo en secreto, para ser los únicos que lo disfrutemos en nuestro entorno, mejor. Este es nuestro modo de proceder cotidiano. Y es que también sabemos que si nosotros no miramos por nosotros mismos, nadie lo hará y casi siempre acertamos, porque prima el egoísmo. Más bien, amen a sus enemigos; hagan el bien, y presten sin esperar nada a cambio; y su recompensa será grande, y serán hijos del Altísimo, porque él es bueno con los ingratos y los perversos.

Pero el Señor va mucho más allá de velar tan solo por los nuestros, por los que amamos, como a veces estamos dispuestos a conceder, Él quiere que amemos a nuestros enemigos, es decir a quienes nos maltratan, nos ignoran e incluso abusan de nosotros. Ese es el extremo que señala Jesús, que desde luego está más allá de lo que cualquiera estaría dispuesto a hacer. Ser ocasionalmente generoso y ceder algo a los más humildes y menos favorecidos, puede ser algo a lo que estemos dispuestos alguna vez, pero de allí a entregar algo a quienes no nos quieren, a quienes compiten con nosotros o a quienes estarían dispuestos a abandonarnos e incluso hacernos daño, sería algo imposible, algo que nadie en sus cabales pediría, sin embargo esto es lo que el Señor nos enseña, con un agregado importante, que de este modo seremos reconocidos como hijos de Dios, de nuestro Padre que está en el Cielo. ¡No hay nada que hacer! Este Dios nuestro piensa de un modo totalmente distinto a nosotros y quiere que nosotros pensemos y actuemos como Él nos manda. ¡Qué difícil! Solos y amparados en nuestras propias fuerzas, jamás podremos. ¡Él es quien lo hace posible! ¡Es Gracia de Dios que debemos pedir! Más bien, amen a sus enemigos; hagan el bien, y presten sin esperar nada a cambio; y su recompensa será grande, y serán hijos del Altísimo, porque él es bueno con los ingratos y los perversos.

Oremos:

Padre Santo, ayúdanos a vencer el egoísmo al extremo que nos pide Jesús. Que nos hagamos indiferentes a nuestras propias demandas y oigamos la de nuestros hermanos, incluso las de nuestros enemigos. Que demos generosamente cuanto nos sea posible, hasta la vida, si llegara el caso…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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