Lucas 5,33-39 – vino nuevo

septiembre 2, 2016

Nadie, después de haber gustado el vino viejo, quiere vino nuevo, porque dice: El añejo es mejor».

Texto del evangelio Lc 5,33-39 – vino nuevo

33. Luego le dijeron: «Los discípulos de Juan ayunan frecuentemente y hacen oración, lo mismo que los discípulos de los fariseos; en cambio, los tuyos comen y beben».
34. Jesús les contestó: «¿Ustedes pretenden hacer ayunar a los amigos del esposo mientras él está con ellos?
35. Llegará el momento en que el esposo les será quitado; entonces tendrán que ayunar».
36. Les hizo además esta comparación: «Nadie corta un pedazo de un vestido nuevo para remendar uno viejo, porque se romperá el nuevo, y el pedazo sacado a este no quedará bien en el vestido viejo.
37. Tampoco se pone vino nuevo en odres viejos, porque hará reventar los odres; entonces el vino se derramará y los odres ya no servirán más.
38. ¡A vino nuevo, odres nuevos!
39. Nadie, después de haber gustado el vino viejo, quiere vino nuevo, porque dice: El añejo es mejor».

Reflexión: Lc 5,33-39

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Lucas 5,33-39 vino nuevo

El Señor ha venido a traernos un “vino nuevo”. En realidad Él es el vino nuevo. Para recibirlo adecuadamente tenemos que prepararnos interiormente. Ser las vasijas que pueden contenerlo. No podemos pretender recibirlo sin cambiar.

Se llega a ser verdaderamente cristianos, por el encuentro personal que tenemos con Cristo. Es preciso este encuentro, de otro modo no pasará de ser un dato histórico, una tradición, o una costumbre como hay tantas, que repetimos de memoria sin comprender.

El Señor quiere entrar y transformar la vida de cada uno de nosotros, pero no lo hará si no se lo permitimos. Algunos de nosotros hemos tenido la Gracia de participar en algún encuentro propiciado por alguna comunidad cristiana y podemos dar fe de este encuentro extraordinario.

Nadie, después de haber gustado el vino viejo, quiere vino nuevo, porque dice: El añejo es mejor».

¡Qué grande y qué maravilloso es que el Espíritu Santo obre de esta manera en estos grupos y haga posible que más y más hermanos tengan este encuentro único con Cristo Jesús! ¡Sí, es una maravilla! Más allá de esta exclamación ello debe movernos a actuar.

Hay por lo menos dos cosas que después de este encuentro debemos hacer. La primera es dejarnos transformar. Debemos dejar actuar a Cristo en nosotros, para que con el tiempo lleguemos a dar los mejores frutos que solo Él, a partir de este encuentro, puede sacar.

Si nos abandonamos, si nos dejamos estar y pronto volvemos a lo de antes, como si nunca hubiéramos tenido esta gran oportunidad, paulatinamente la iremos echando al olvido y como el vino nuevo en garrafas viejas, pronto todo se echará a perder, tanto el vino como los odres.

Nadie, después de haber gustado el vino viejo, quiere vino nuevo, porque dice: El añejo es mejor».

En esto nos invita a reflexionar el día de hoy el Señor. No podemos conformarnos con el recuerdo y muy pronto el olvido de aquél encuentro. Tenemos que revivirlo y fortalecerlo cada día. El Señor siempre hará su parte, tal como nos lo ha prometido. Somos nosotros los que tenemos que hacer la nuestra.

¿Y en qué ha de consistir nuestro labor? En hacer la Voluntad de Dios. Para conocerla debemos orar cada día, pidiendo este discernimiento, y participando frecuentemente en los sacramentos, especialmente en el de la Eucaristía, a través del cual el Señor se nos da, renovando, encendiendo y fortaleciendo la llama de su amor.

Luego, renovados por dentro y con el Espíritu de Dios en nuestras vidas y en nuestros corazones, salir al encuentro cotidiano con nuestros hermanos, presentándoles en nosotros mismos a Jesús. Con nuestro testimonio, con nuestras palabras, con nuestros gestos y acciones. Esta es la segunda cosa que no podemos dejar de hacer a partir de este encuentro con el Señor. En esto consiste la Nueva Evangelización.

Nadie, después de haber gustado el vino viejo, quiere vino nuevo, porque dice: El añejo es mejor».

Oremos:

Padre Santo, no permitas que guardemos para nosotros y perdamos la alegría del encuentro con nuestro Señor Jesucristo. Que dejemos que el transforme nuestras vidas para convertirlas en Don vivo de Tu Gracia para nuestros hermanos…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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Lucas 5,33-39 vino nuevo

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