Lucas 5,33-39 – el vino nuevo debe echarse en pellejos nuevos

Septiembre 4, 2015

Texto del evangelio Lc 5,33-39 – el vino nuevo debe echarse en pellejos nuevos

33. Ellos le dijeron: «Los discípulos de Juan ayunan frecuentemente y recitan oraciones, igual que los de los fariseos, pero los tuyos comen y beben.»
34. Jesús les dijo: «¿Pueden acaso hacer ayunar a los invitados a la boda mientras el novio está con ellos?
35. Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán en aquellos días.»
36. Les dijo también una parábola: «Nadie rompe un vestido nuevo para echar un remiendo a uno viejo; de otro modo, desgarraría el nuevo, y al viejo no le iría el remiendo del nuevo.
37. «Nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos viejos; de otro modo, el vino nuevo reventaría los pellejos, el vino se derramaría, y los pellejos se echarían a perder;
38. sino que el vino nuevo debe echarse en pellejos nuevos.
39. Nadie, después de beber el vino añejo, quiere del nuevo porque dice: «El añejo es el bueno.»

Reflexión: Lc 5,33-39

Estamos ante un tiempo nuevo. Nada de lo que acostumbrábamos antes aplica. Es así como nos invita a vivir esta novedad el Señor. No podemos seguir encasillados en viejas costumbres, porque estas estaban bien para otra época, para otro mundo. Estamos viviendo la era cristiana. Desde que Cristo vino al mundo inauguro este nuevo tiempo, que debe llevarnos a echar por la borda todo lo antiguo, porque no sirve, no se ajusta a los fines y objetivos propuestos por Jesús. El Evangelio es novedoso; no se trata de una historia más, o una obra literaria más con un estilo propio y único. No es solamente eso. El Evangelio o los Evangelios constituyen la Novedad que trae Jesús al género humano de todos los tiempos. No ha habido en el pasado, ni habrá en el futuro nada que lo supere, por lo tanto no podemos pretender acercarnos a su lectura y comprensión como si se tratara de un libro más, porque no lo es. No podemos leerlo como una novela, porque no lo es. Tampoco como un tratado de ética, filosofía o moral. Ninguno de nuestros criterios preestablecidos sirve para aproximarnos a la Palabra de Dios encerrada en los Evangelios. ¿Entonces qué tenemos que hacer? ¿Cómo leerlo? ¿O es que nadie lo puede leer? Hay que seguir las indicaciones de Jesús. «Nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos viejos; de otro modo, el vino nuevo reventaría los pellejos, el vino se derramaría, y los pellejos se echarían a perder; sino que el vino nuevo debe echarse en pellejos nuevos.

Tenemos que liberarnos de todos nuestros prejuicios y disponernos a leer y reflexionar los pasajes que se narran en los Evangelios, como quien se dispone a oír efectivamente la Palabra de Dios, porque eso son los Evangelios. Lo que ocurre es que lo repetimos tanto, que un poco que hemos desvirtuado el concepto y ya no lo llegamos a comprender en su magnitud. Jesucristo, “el Novio”, en el mejor tiempo, la mejor hora y el mejor lugar, conforme al Plan de Salvación trazado por Dios, vino a nosotros trayéndonos una Novedad, una Buena Noticia que ha quedado registrada en los Evangelios. Lo que allí nos revela y enseña Jesucristo es La Verdad, que todos debemos conocer, porque de ella depende nuestra Salvación. Pero oírla y entenderla exige de nosotros una actitud distinta a cuanto mensaje hayamos podido oír antes. Para eso no tenemos que imitar a nadie, sino es a Jesús. Y Jesús quiere que nuestra actitud y nuestro espíritu sea como el de aquel que asiste a una boda y está con el novio. Hemos de estar alegres, porque la noticia es maravillosa e inigualablemente alegre. Nada que hayamos vivido antes o que viviremos después la iguala, por lo tanto, no hagamos comparaciones y mejor desechemos todos nuestros viejos modelos, nuestras antiguas actitudes, para revestirnos de un hombre nuevo, que se ajuste a la alegría que uno siente cuando está en una boda y es amigo entrañable del novio. «Nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos viejos; de otro modo, el vino nuevo reventaría los pellejos, el vino se derramaría, y los pellejos se echarían a perder; sino que el vino nuevo debe echarse en pellejos nuevos.

Dispongámonos a celebrar. Depongamos todo rencor, toda tristeza, toda ambición, toda soberbia y preparemos nuestro espíritu en una actitud generosa, sensible, piadosa, misericordiosas, solidaria, desprendida, amorosa, compasiva, alegre. Si Dios se ha tomado la molestia de venir a visitarnos, no lo tratemos con despecho, no le hagamos un desaire, no lo dejemos plantado. Prestémosle oídos. Entendamos lo que nos dice y dispongámonos a servirle. Pongamos a Cristo en el medio de nuestras vidas y despreocupémonos de todo lo demás, que nada es más importante que Él. Hagamos lo que nos dice y alcanzaremos la Vida Eterna y la felicidad absoluta. Hagamos lectura de los pasajes del Evangelio que propone cada día la Iglesia y empezaremos a cambiar y a entender que debemos hacer la Voluntad de Dios, porque en ella radica nuestra Salvación y nuestra felicidad. Sacudámonos de todos nuestros criterios pre concebidos, todo aquello que nos han enseñado y que coincide con los criterios mundanos. Si queremos entender a Jesús y seguirlo, tenemos que romper con todas estas ataduras. No podemos tratar de meter, de encasillar a Dios en nuestros viejos y antiguos moldes, porque los romperá. Si de veras queremos acogerlo, ¡tenemos que cambiar! Tenemos que quitarnos la venda que tenemos en los ojos que nos impide ver que Dios y Su Palabra no tienen nada que ver con nuestras concepciones e ideologías adaptadas a este mundo. Este mundo, tal como lo hemos ido formulando y desplegando constituye una trampa mortal, no tiene futuro para toda la humanidad, aunque si tal vez para algunos, por un tiempo, porque nada puede sostenerse en la mentira, en la violencia, en la oscuridad, en el egoísmo que solo conducen a la muerte. Si hemos de salvarnos, como Dios lo quiere, tenemos que cambiar, fundando la civilización del amor. «Nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos viejos; de otro modo, el vino nuevo reventaría los pellejos, el vino se derramaría, y los pellejos se echarían a perder; sino que el vino nuevo debe echarse en pellejos nuevos.

Oremos:

Padre Santo, danos el coraje para resistirnos a seguir haciendo siempre lo mismo, porque todos lo hacen, porque a todos les parece bien, porque es lo normal. Danos discernimiento para cambiar y perseverancia para mantenernos firmes en el Camino que Jesucristo nos propone…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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