Lucas 5,17-26 – vete primero a reconciliarte con tu hermano

Diciembre 5, 2016

Vete primero a reconciliarte con tu hermano

Si, pues, al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda.

Texto del evangelio Lc 5,17-26

17. «No piensen que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento.
18. Sí, les aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pase una i o una tilde de la Ley sin que todo suceda.
19. Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos.
20. «Porque les digo que, si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos.
21. «Han oído que se dijo a los antepasados: No matarás; y aquel que mate será reo ante el tribunal.
22. Pues yo les digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal; pero el que llame a su hermano “imbécil”, será reo ante el Sanedrín; y el que le llame “renegado”, será reo de la gehenna de fuego.
23. Si, pues, al presentar tú ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti,
24. deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda.
25. Ponte enseguida a buenas con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan en la cárcel.
26. Yo te aseguro: no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo.

Reflexión: Lc 5,17-26

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Lucas 5,17-26 – vete primero a reconciliarte con tu hermano

En la vida cotidiana, nos cuesta mucho comprender aquello de consolar, antes que ser consolado, comprender antes que ser comprendido, perdonar antes que ser perdonado, amar antes que ser amado. Por lo general siempre nos ponemos en primer lugar.

Queremos que los otros muestren gratitud, cortesía, bondad, amabilidad, alegría y cariño. Pero ¿qué hay de nosotros? Somos pasivos, cómodos. Queremos que los demás den el primer paso. En el fondo, somos soberbios. No queremos humillarnos ante nadie y menos ante quien para nosotros no tiene la razón.

No nos damos cuenta que si obramos de este modo, no hacemos nada extraordinario. Todo el mundo obra del mismo modo. Pero a nosotros el Señor nos pide dar un paso más; caminar la milla adicional. Saludar a los que no conocemos, e incluso a nuestros enemigos, orando por ellos.

Si, pues, al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda.

¿No es fácil? Claro que no. Pero ese es el Camino estrecho que nos conduce a la Vida Eterna. Nosotros no podemos ser los que fomentamos las rencillas, los que las avivamos con recuerdos tenebrosos, morbosos. No podemos caer en habladurías ni especulaciones.

Debemos estar siempre dispuestos a perdonar, a creer en los demás. Tenemos que ser portadores de esperanza. Creer que el Señor puede redimir aun incluso al más exacerbado opositor. Para Dios no hay imposibles. Si lo pudo hacer con nosotros, ¿por qué no con nuestros hermanos?

No demos por cerrado ningún capitulo y mucho menos cuando este termine por cerrar las puertas a la reconciliación con cualquiera de nuestros hermanos. Aún el más “salvaje”, el más temperamental, “antipático” y “odioso”, puede cambiar por la Gracia de Dios.

Si, pues, al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda.

Entonces, evitemos juzgar y mucho menos condenar. Lo hacemos con nuestros adjetivos y cuando, sin pensar, lanzamos opiniones condenatorias sobre el comportamiento de los demás. Resistámonos a hacerlo. Mordámonos la lengua y demos esperanza.

No podemos pretender estar bien con Dios, si no estamos bien con nuestros hermanos. Por lo tanto, seamos constructivos. Procuremos la reconciliación, sin necesidad de claudicar a los principios cristianos. Pongamos la misericordia, el perdón y el amor por encima de todo.

Recordemos que amar no es sentarse a esperar, sino salir al encuentro. Si alguien ha de sacrificarse y pasar un mal rato, que seamos nosotros. No pidamos eso a nuestros hermanos. Pongamos nuestra iniciativa por delante.

Si, pues, al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda.

Oremos:

Padre Santo, danos el coraje, la fortaleza la humildad y la decisión de salir al encuentro de nuestros hermanos, primereándolos, tomando la iniciativa, dando, amando, perdonando…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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Lucas 5,17-26 – vete primero a reconciliarte con tu hermano

“El vocabulario del Papa”

Amparo Medina Testimonio

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