Lucas 5,1-11 – Navega mar adentro, y echen las redes

Septiembre 1, 2016

Simón: Navega mar adentro, y echen las redes. Simón le respondió: «Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si tú lo dices, echaré las redes».

Texto del evangelio Lc 5,1-11 – Navega mar adentro, y echen las redes

01. En una oportunidad, la multitud se amontonaba alrededor de Jesús para escuchar la Palabra de Dios, y él estaba de pie a la orilla del lago de Genesaret.
02. Desde allí vio dos barcas junto a la orilla del lago; los pescadores habían bajado y estaban limpiando las redes.
03. Jesús subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que se apartara un poco de la orilla; después se sentó, y enseñaba a la multitud desde la barca.
04. Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: «Navega mar adentro, y echen las redes».
05. Simón le respondió: «Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si tú lo dices, echaré las redes».
06. Así lo hicieron, y sacaron tal cantidad de peces, que las redes estaban a punto de romperse.
07. Entonces hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que fueran a ayudarlos. Ellos acudieron, y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían. 08. Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús y le dijo: «Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador».
09. El temor se había apoderado de él y de los que lo acompañaban, por la cantidad de peces que habían recogido;
10. y lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: «No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres».
11. Ellos atracaron las barcas a la orilla y, abandonándolo todo, lo siguieron.

Reflexión: Lc 5,1-11

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Lucas 5,1-11 Navega mar adentro, y echen las redes

El Señor sabe lo que dice. Sabe lo que debemos hacer. Nosotros tenemos que prestarle oídos y hacer lo que nos dice. Eso es lo más sensato. Claro, para eso se necesita fe.

La fe que quiere inspirar en nosotros Jesús va mucho más allá de la confesión de palabra, proferida por nuestros labios, que muchas veces solemos hacer. Nuestra fe tiene que traducirse en acción, sino de nada sirve.

Es nuestra vida la que debe hablar de aquello en lo que creemos y de hecho lo hace. Si prestamos atención, la vida de cada uno de nosotros es un libro abierto en el que manifiestan nuestra fe. Son las actividades que completan nuestro calendario, las personas con las que tratamos y las palabras que pronunciamos, una radiografía de nuestra fe.

Simón: Navega mar adentro, y echen las redes. Simón le respondió: «Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si tú lo dices, echaré las redes».

No hay pues, nada sorprendente en ello para nuestro Señor. Pero si nos puede sorprender hasta atemorizarnos el comprobar cómo puede Él responder a nuestra pobre fe. Esta es una actitud en la que debemos ejercitarnos.

El Señor nunca falla a quienes le seguimos y hacemos Su Voluntad. Por ello es indispensable que ella sea la que gobierne nuestras vidas. Solo lo hará si empezamos orando nuestro día y ofreciéndole a Dios cada segundo, poniendo en Sus manos nuestras vidas.

Si tenemos fe, llegaremos a la inevitable conclusión que nuestras vidas nunca estarán mejor empleadas y resguardadas, para mayor Gloria de Dios, que en Sus propias manos. No hay mucho que pensar. Se trata de tomar una decisión y respaldarla con nuestra vida misma.

Simón: Navega mar adentro, y echen las redes. Simón le respondió: «Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si tú lo dices, echaré las redes».

¿Cómo discernir y distinguir nuestro capricho, nuestro deseo, nuestra voluntad de la del Señor? En realidad no es tan difícil, si llevamos una vida de oración constante y mantenemos este vínculo de unión con Él. Tenemos que empezar por reconocer que sin Él no somos nada, en cambio con Él, lo podemos todo.

Obremos como si todo dependiera de nosotros, sabiendo que sin Él no seríamos capaces de nada. Para eso es necesario que nuestras vidas sean iluminadas por Su Palabra, la oración y la Eucaristía. De cualquier cosa podemos prescindir, menos de esta relación.

Sin estos tres “sagrados e imprescindibles recursos” nos será imposible conocer la Voluntad de Dios y seguirla, por lo tanto nuestra fe languidecerá. Este es el Camino que debemos emprender hoy, para alcanzar el Reino de los Cielos.

Es preciso salir cada día a echar nuestras redes. Solo aceptando este Plan de Dios para nuestras vidas cumpliremos nuestra Misión y seremos premiados con una pesca abundante. No depende ni de nuestra voluntad, ni de nuestra capacidad. Depende de saber discernir y obedecer la Voluntad de Dios.

Simón: Navega mar adentro, y echen las redes. Simón le respondió: «Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si tú lo dices, echaré las redes».

Oremos:

Padre Santo, danos fe, para poder reconocer Tu Voluntad en nuestras vidas y Coraje para cumplirla. Facilítanos el encuentro cotidiano con el Señor a través de la oración y de nuestros hermanos…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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Lucas 5,1-11 Navega mar adentro, y echen las redes

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