Lucas 4,38-44 – querían retenerlo para que no se alejara de ellos

Agosto 31, 2016

La multitud comenzó a buscarlo y, cuando lo encontraron, querían retenerlo para que no se alejara de ellos. Pero él les dijo: «También a las otras ciudades debo anunciar la Buena Noticia del Reino de Dios, porque para eso he sido enviado».

Texto del evangelio Lc 4,38-44 – querían retenerlo para que no se alejara de ellos

38. Al salir de la sinagoga, entró en la casa de Simón. La suegra de Simón tenía mucha fiebre, y le pidieron que hiciera algo por ella.
39. Inclinándose sobre ella, Jesús increpó a la fiebre y esta desapareció. En seguida, ella se levantó y se puso a servirlos.
40. Al atardecer, todos los que tenían enfermos afectados de diversas dolencias se los llevaron, y él, imponiendo las manos sobre cada uno de ellos, los curaba.
41. De muchos salían demonios, gritando: «Tú eres el Hijo de Dios!». Pero él los increpaba y no los dejaba hablar, porque ellos sabían que era el Mesías.
42. Cuando amaneció, Jesús salió y se fue a un lugar desierto. La multitud comenzó a buscarlo y, cuando lo encontraron, querían retenerlo para que no se alejara de ellos.
43. Pero él les dijo: «También a las otras ciudades debo anunciar la Buena Noticia del Reino de Dios, porque para eso he sido enviado».
44. Y predicaba en las sinagogas de toda la Judea.

Reflexión: Lc 4,38-44

lucas-04-42

Lucas 4,38-44 querían retenerlo para que no se alejara de ellos

Jesucristo es un Don Divino, es un Don de Dios. Es la Misericordia encarnada. Enviado por Dios Padre para Salvarnos. Lo hará, ejerciendo sobre todo aquel que lo busca una atracción a la que difícilmente podrá resistirse.

Es que Jesús está con cada uno de nosotros, involucrándose y tomando como suyos cada uno de nuestros problemas y enfermedades. Todo aquello que nos perturba es sanado, sin condiciones.

Nada resiste a Su poder, porque es el Hijo de Dios, tal como gritan los demonios. Es curioso que hasta ellos crean y muchos de nosotros nos resistamos a hacerlo. Pero es preciso que nosotros por nuestros propios medios lo confesemos; por eso Jesucristo increpa a los demonios a que no lo revelen.

La multitud comenzó a buscarlo y, cuando lo encontraron, querían retenerlo para que no se alejara de ellos. Pero él les dijo: «También a las otras ciudades debo anunciar la Buena Noticia del Reino de Dios, porque para eso he sido enviado».

El Señor es misericordioso y es esta misericordia la que lo hace actuar, sin peros, objeciones, ni condiciones. Él se dona a todo aquél que cree y está dispuesto a abandonarse a su poder. No se habla aquí de crisis de fe, porque se trata de personas que no tienen otra alternativa y después de ver lo que ha hecho Jesús con sus hermanos, están dispuestos a recibir de Jesús la sanación que necesitan.

Una vez curados o expulsados los demonios que los acosan, dispersarán por el mundo entero lo que Dios les ha concedido. No hay dudas para ellos, porque su curación ha sido evidente. Muchos, como es natural, quedan convencidos que esto solo puede ser obra de Dios y así lo comunican.

Sin embargo, nuestra memoria es muy mala y con el tiempo vamos olvidando todos estos prodigios. Se instaura la duda y no solo dejamos de recordar, sino que dejamos de creer. Superadas y olvidadas nuestras aflicciones no encontramos razón para seguir incomodándonos con la fe.

La multitud comenzó a buscarlo y, cuando lo encontraron, querían retenerlo para que no se alejara de ellos. Pero él les dijo: «También a las otras ciudades debo anunciar la Buena Noticia del Reino de Dios, porque para eso he sido enviado».

El Señor sale a nuestro encuentro. Es un Don Divino. Es el Don de la Gracia Divina de Dios. No se niega a nadie que suplica Su intervención. Es la actitud de estas personas humildes y olvidadas la que debemos imitar.

El Señor para eso ha venido. Para salvarnos, es verdad, pero para salvarnos a todos. Podemos ver que esto solo es posible tras el encuentro personal con Él. Siempre dispuesto a salir al encuentro de quien lo busca, es preciso que quienes lo recibimos lo llevemos a nuestros hermanos.

Solo el encuentro personal con Cristo tiene el poder de transformarnos, preparando el Camino que habrá de conducirnos a la Vida Eterna.

La multitud comenzó a buscarlo y, cuando lo encontraron, querían retenerlo para que no se alejara de ellos. Pero él les dijo: «También a las otras ciudades debo anunciar la Buena Noticia del Reino de Dios, porque para eso he sido enviado».

Es este “contagio” que nos desestabiliza, que llamamos evangelización, es decir, la transmisión de la Buena Nueva, que no es otra cosa que el anuncio del prodigio de la presencia de Dios en nuestras vidas, el que nos lleva a centrarnos en lo único que en realidad importa: hacer la Voluntad de Dios.

Cuando uno llega a tener este encuentro, todo lo demás sale sobrando. Sin embargo es preciso revivirlo a cada paso, mediante la lectura y reflexión cotidian de Su Palabra, la oración y la participación frecuente en los Sacramentos, especialmente en el de la Eucaristía.

Nuestra Salvación es obra que Dios Padre ha encomendado a Jesucristo, Su Hijo, y no hay nada que el deje de hacer con tal de conseguirla, incluso a costa de Su propia Vida.

Pero hay algo que está librado a nuestra propia voluntad y es la decisión de seguirlo. Podemos incluso encontrarlo, como el joven rico, pero negarnos a seguirlo a causa de lo mucho que tenemos, que no siempre son riquezas materiales, sino autosuficiencia, soberbia, orgullo, prejuicios y egoísmo, entre otras razones, que nos llevan a la absurda pretensión de querer vivir sin Dios. Es nuestra decisión.

La multitud comenzó a buscarlo y, cuando lo encontraron, querían retenerlo para que no se alejara de ellos. Pero él les dijo: «También a las otras ciudades debo anunciar la Buena Noticia del Reino de Dios, porque para eso he sido enviado».

Oremos:

Padre Santo, danos fe. No dejes que nos instalemos en la soberbia, ni en la pretensión de vivir prescindiendo de Ti. Permítenos ese encuentro diario contigo, con Jesucristo, a través de nuestros hermanos, de Tu Palabra, de la oración y de la Eucaristía…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

lucas-04-38-44-2016-08-31

Lucas 4,38-44 querían retenerlo para que no se alejara de ellos

(26) vistas

Deja un comentario