Lucas 4,16-30 – ningún profeta es bien recibido en su patria

agosto 31, 2015

Texto del evangelio Lc 4,16-30 – ningún profeta es bien recibido en su patria

16. Vino a Nazará, donde se había criado y, según su costumbre, entró en la sinagoga el día de sábado, y se levantó para hacer la lectura.
17. Le entregaron el volumen del profeta Isaías y desenrollando el volumen, halló el pasaje donde estaba escrito:
18. El Espíritu del Señor sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos
19. y proclamar un año de gracia del Señor.
20. Enrollando el volumen lo devolvió al ministro, y se sentó. En la sinagoga todos los ojos estaban fijos en él.
21. Comenzó, pues, a decirles: «Esta Escritura, que acaban de oír, se ha cumplido hoy.»
22. Y todos daban testimonio de él y estaban admirados de las palabras llenas de gracia que salían de su boca. Y decían: «¿No es éste el hijo de José?»
23. Él les dijo: «Seguramente me van a decir el refrán: Médico, cúrate a ti mismo. Todo lo que hemos oído que ha sucedido en Cafarnaúm, hazlo también aquí en tu patria.»
24. Y añadió: «En verdad les digo que ningún profeta es bien recibido en su patria.»
25. «Les digo de verdad: Muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando se cerró el cielo por tres años y seis meses, y hubo gran hambre en todo el país;
26. y a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda de Sarepta de Sidón.
27. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, y ninguno de ellos fue purificado sino Naamán, el sirio.»
28. Oyendo estas cosas, todos los de la sinagoga se llenaron de ira;
29. y, levantándose, le arrojaron fuera de la ciudad, y le llevaron a una altura escarpada del monte sobre el cual estaba edificada su ciudad, para despeñarle.
30. Pero él, pasando por medio de ellos, se marchó.

Reflexión: Lc 4,16-30

La presencia de Jesús no despierta muchas simpatías. ¿Por qué? La gente pasa muy rápido de la admiración al desprecio. ¿Cómo es posible? Solo se nos ocurre una cosa: los sentimientos que despierta Jesús son pasajeros. ¿Es Él? ¿Es su prédica? ¿O será tal vez una característica propia del ser humano? Nos inclinamos más por esto último. Nos resulta difícil “lidiar” con un Dios que no actúa como esperamos, conforme a la imagen que tenemos en nuestras mentes, más parecida al genio de la lámpara maravillosa, que está dispuesto a hacer lo que le pedimos y que con un solo gesto, una sola mirada echa por los suelos a sus enemigos y se deshace de cuanto indeseable lo rodea. Nuestro Dios es muy distinto a la imagen que hemos creado de super hombres o super héroes, donde hemos puesto todo aquello que nos gustaría ver reflejado en un ser superior. ¿Por qué habrá esta evidente diferencia? Por una sola razón que contradice los argumentos de muchos ateos: porque Dios no ha sido creado por el hombre; no es aquella creación humana que según los ateos encarna los poderes, virtudes y capacidades que el hombre –en su ignorancia-, requiere para explicarse. Por el contrario, Dios es el Creador del Universo, en donde estamos incluidos los humanos, y nos ha creado a Su Imagen y Semejanza, por lo tanto, todo aquello que vamos descubriendo nos acerca cada vez más a quienes somos en realidad y posiblemente a Dios, en tanto nos acerquemos a la Luz, la Verdad, la Vida y el Amor…Eso es Jesucristo. Todo lo que hemos oído que ha sucedido en Cafarnaúm, hazlo también aquí en tu patria. Y añadió: «En verdad les digo que ningún profeta es bien recibido en su patria.»

Nuestro Señor Jesucristo, el Hijo de Dios Vivo, ha venido a Salvarnos, esto podemos interpretarlo del siguiente modo. Siendo Él Amor, nos muestra el Camino del Amor con Su propia Vida. Este es el Camino que debemos seguir y por lo tanto este el Dios que debemos esforzarnos en comprender, porque Él es el Único Dios Verdadero y su Imagen no corresponde o coincide muy poco con aquella imagen que hemos elaborado. Este es un asunto primordial, vital, porque en el radica nuestra Salvación. Por eso en la Transfiguración podemos escuchar la voz de Dios Padre diciendo: este es mi hijo amado en quien me complazco: ¡escúchenle! Hemos de oírle y hacer lo que nos manda, porque lo que nos dice es lo correcto, porque en Él solo hay Verdad. Solo así alcanzaremos aquello para lo cual fuimos creados: la felicidad y con ella, la Vida Eterna. Entonces, ¡qué importante es sacudirnos de aquellas imágenes que hemos ido creando de Dios en nosotros, descubriendo la verdadera imagen de Dios! ¿Cómo podemos hacerlo? Es gracia que Dios nos concede. ¿Cómo podemos alcanzarla? Implorándola en nuestras oraciones y haciendo todo lo que está a nuestro alcance por seguir a Jesús. Es Él quien nos da esta Gracia. Pero no creamos por eso que no está a nuestro alcance, todo lo contrario, porque Jesús mismos nos dice: He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo. (Apocalipsis 3,20) Esto quiere decir que por Su propia Voluntad Él ha querido quedarse entre nosotros en los acontecimientos que vivimos, en la creación toda, pero especialmente en nuestro prójimo y en la Eucaristía. Solo debemos encontrarlo en la pródiga naturaleza cada día, en las circunstancias que vivimos, en los que nos rodean y en la oración, especialmente en la Eucaristía, donde Él ha querido quedarse de forma especial como verdadera comida y verdadera bebida para alcanzar la Vida Eterna. Todo lo que hemos oído que ha sucedido en Cafarnaúm, hazlo también aquí en tu patria. Y añadió: «En verdad les digo que ningún profeta es bien recibido en su patria.»

En el pasaje que hoy leemos, vemos cómo los hombres estamos dispuestos a aceptar sus prodigios, siempre y cuando se expliquen según nuestra lógica, en la cual, por supuesto, no ha de haber ningún cuestionamiento a nuestra sapiencia, bondad e inteligencia. Judíos y fariseos esperan un discurso en el que Jesús reconozca sus virtudes y resalte sus cualidades, puesto que finalmente son sus paisanos y algún mérito deben tener para que haya nacido entre ellos este “Señor”, del que tanto se habla y al que muchos respetan y aman. Ellos creen saber que después de todo es hijo de un carpintero que ellos muy bien conocen, así que no puede pretender otra cosa…Como diciendo: a nosotros no nos vas a engañar. El selecto auditorio está dispuesto a otorgarle algún crédito, por el prestigio que le antecede y el respeto que muchos le tienen, llegando a aclamarlo como el Mesías, pero a cambio esperan también cierta lisonja y adulación de Jesús. Sin embargo Jesús, no correspondiendo con la imagen que ellos tienen, ni con sus expectativas, les echa en cara precisamente su soberbia e hipocresía, al tenerse por selectos –superiores, especiales, únicos- y no actuar con la humildad que corresponde. Como suele decirse, las verdades amargan, y esta multitud se exasperó al oír tremenda reprimenda de labios de Jesús, que no hacía nada más que recordarles quienes eran en realidad y cual debía ser su comportamiento, a tal punto que quisieron deshacerse de Él, lo que obviamente no sería posible, porque no había llegado Su hora. Por eso, pasando en medio de ellos, se marchó. ¿Cuántas veces renegamos de Dios porque no es, ni hace lo que queremos? Pongámonos a pensar más bien qué es lo que quiere, que es lo que Él ha dispuesto, cuál es Su Voluntad y hagámosla, ¡Eso es lo que corresponde! Todo lo que hemos oído que ha sucedido en Cafarnaúm, hazlo también aquí en tu patria. Y añadió: «En verdad les digo que ningún profeta es bien recibido en su patria.»

Oremos:

Padre Santo, que no nos empeñemos tanto en hacer nuestro capricho, sino que sepamos discernir a través de Tu Creación, a través de los acontecimientos, a través de nuestros hermanos y de la oración, especialmente de la Eucaristía, cuál es Tu Voluntad para nuestras vidas, y nos empeñemos en cumplirla…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, quien vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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