Lucas 4,1-13 – No sólo de pan vive el hombre

febrero 14, 2016

Texto del evangelio Lc 4,1-13 – No sólo de pan vive el hombre

1. Jesús, lleno de Espíritu Santo, se volvió del Jordán, y era conducido por el Espíritu en el desierto,
2. durante cuarenta días, tentado por el diablo. No comió nada en aquellos días y, al cabo de ellos, sintió hambre.
3. Entonces el diablo le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan.»
4. Jesús le respondió: «Esta escrito: No sólo de pan vive el hombre.»
5. Llevándole a una altura le mostró en un instante todos los reinos de la tierra;
6. y le dijo el diablo: «Te daré todo el poder y la gloria de estos reinos, porque a mí me ha sido entregada, y se la doy a quien quiero.
7. Si, pues, me adoras, toda será tuya.»
8. Jesús le respondió: «Esta escrito: Adorarás al Señor tu Dios y sólo a él darás culto.»
9. Le llevó a Jerusalén, y le puso sobre el alero del Templo, y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo;
10. porque está escrito: A sus ángeles te encomendará para que te guarden.
11. Y: En sus manos te llevarán para que no tropiece tu pie en piedra alguna.»
12. Jesús le respondió: «Está dicho: No tentarás al Señor tu Dios.»
13. Acabada toda tentación, el diablo se alejó de él hasta un tiempo oportuno.

Reflexión: Lc 4,1-13

Jesús mismo necesita la penitencia o en todo caso pasa por ella para enseñarnos que debemos ser humildes y someternos a ella, si queremos afinar nuestro espíritu. No lo sabemos todo, ni lo tenemos todo. Hemos de tomar nuestros pensamientos, nuestra devoción y nuestro proceder con más humildad, reconociendo que no tenemos la última palabra, que no porque sentimos tan profundamente al Señor en nuestras vidas, ha de ser necesariamente que así lo tenemos. Sospechemos de este sentimiento. Pongámoslo a juicio. Veamos qué tan fuerte y puro es. Sometámoslo a la penitencia para acrisolarlo o en todo caso determinar si es correcto y qué tan limpio y sincero es. No demos por hecho que hemos alcanzado el temple y la altura necesarios. Recordemos que estamos en un camino que va en ascenso y siempre habrá algo más allá, más arriba. Si no tenemos la suficiente humildad, tal vez lo pasemos por alto y no lo veremos. Este es un tiempo ideal, para poner todo en tela de juicio y volverlo a repensar, con la ayuda de la Gracia de Dios, única inamovible. Tal vez estamos atrapados en una rutina que solo es conveniente para nosotros o que solo reditúa beneficios a nuestra vanidad, soberbia y orgullo disfrazadas de falsa humildad. Tal vez nos hemos hecho esclavos y debemos por el contrario desprendernos y dejar todo cuanto nos tiene dominados, sirviéndonos, antes que servir a Dios o al prójimo como se nos tiene mandado. Tal vez incluso estamos sirviendo al demonio, a la debilidad y la perdición, cuando nos creemos encaminados a Dios y sin embargo no somos capaces del menor sacrificio, ni nada que nos incomode y haga salir de nuestra rutina. Tal vez es tiempo de hacer unas renuncias y enfocarnos verdaderamente en lo que constituye nuestro deber, nuestra obligación, aquello que Dios y los nuestros esperan y merecen. ¡Cómo saberlo si no nos apartamos un momento, nos ponemos en penitencia y dejamos que el Espíritu de Dios que habita en nosotros nos ayude a responder! No tenemos todas las respuestas, y es preciso afinarnos para seguir avanzando. Jesús le respondió: «Esta escrito: No sólo de pan vive el hombre.»


Que las respuestas que da el Señor al someterse a las tentaciones del demonio en el desierto nos sirvan de inspiración para buscar y encontrar nuestras propias respuestas, empezando por someternos a nuestro propio desierto. ¡Vamos al desierto! Busquemos aquel momento especial que ha de purificarnos y servirnos de guía este año. Si es una hora, una mañana, un día, tres días o una semana, será cuestión que habrá de determinar Dios y nuestra circunstancia. Seamos honestos y demos el lugar que le corresponde a este discernimiento. ¿Qué tanto importa y qué opciones tenemos? No lo dejemos al azar, como queriendo significar que no lo necesitamos, que si se presenta está bien, pero si no lo hace, da lo mismo. Esto puede ser soberbia encubierta de falsa humildad. Hay tres aspectos sobre los cuales el Señor nos llama especialmente la atención y deben ser parte de nuestra meditación y reflexión. El primero es la comida, es decir todo aquello que sirve para darnos el soporte existencial cotidiano, que va desde el pan, el aire, la vestimenta, la vivienda, el trabajo, el dinero y todo aquello de cuanto dependemos para sostenernos físicamente cada día, mucho de lo cual no estamos dispuestos a perder o ver mermado y estaríamos dispuestos a tranzar con el demonio con tal de no perderlo. ¿Qué sustenta nuestras vidas? ¿Cuáles son sus verdaderos cimientos? ¿En qué hemos puesto nuestra confianza? ¿Qué es tan fuerte que no estaríamos dispuestos a perder? ¿Qué ausencia, qué falta nos haría realmente trastabillar, al punto de tranzar con tal de no perderlo? No solo de pan vive el hombre, responde el Señor. ¿Sería posible para nosotros tomar una posición tan firme e independiente? ¿De qué somos esclavos? ¿En qué debemos ejercitarnos para alcanzar la libertad a la que estamos llamados? ¿Qué retos plantea en nuestra vida esta reflexión? Jesús le respondió: «Esta escrito: No sólo de pan vive el hombre.»

Luego el Señor se expone a dos tentaciones más, que junto con la anterior suman tres, tal como tres son las obras de piedad a que estamos invitados en este tiempo: ayuno, limosna y oración. Sentimos un llamado muy fuerte a pensar en estas tres actitudes de piedad contraponiéndolas a las tentaciones, y podemos ver una relación. Ya vimos la primera en correspondencia con el ayuno. Detengámonos ahora en la segunda, el poder político que podríamos contraponerlo a la limosna, que es una forma de compartir lo que tenemos. La tentación es envanecernos con él, atraídos por la lisonja, el reconocimiento y el aplauso. Cuan agradable y peligroso ha de ser que todo el mundo se ocupe de ti, que cuanto noticiero o conversación gire en torno a lo que hiciste o dejaste de hacer. Que poco parecemos detenernos a pensar en la responsabilidad que demanda estar en los ojos y boca de todos. Queremos el poder, nos agrada el poder; ¿pero estamos preparados para tenerlo? ¿Cuánto daño se hace desde una posición encumbrada simplemente por no tener escrúpulos, por no haber aprendido a comportarnos como líderes, por no tener la capacidad de reflexionar y reparar en nuestro comportamiento, en nuestras manías y vicios? ¿Por no darnos cuenta que no solo importa el haber llegado ahí, sino que ello acarrea la responsabilidad del comportamiento adecuado, porque es entonces que nos erigimos en ejemplo y si no sabemos cómo comportarnos, qué ejemplo daremos? Lo estamos viendo todo el tiempo entre quienes tiene la responsabilidad de dirigir comunidades, empresas, colectividades, naciones…Todos se esfuerzan por llegar, pero muy pocos por afinarse, reconocer sus debilidades, sus vicios, esforzándose por mejorar. Todos pretende ser reconocidos como son, como diciendo que lo que son los ha llevado a estos cargos, por lo que no hay nada que cambiar y sí mucho que admirar. La vanidad y la soberbia los corroe. Todo está orientado a satisfacer sus egos, que son descomunales, por lo tanto, si dan limosna, aun cuando sea de aquello que les sobra, no lo harán sin antes hacer aspavientos para ser reconocidos y agradecidos por su derroche de “generosidad, magnanimidad y sacrificio”. Jesús le respondió: «Esta escrito: No sólo de pan vive el hombre.»

Finalmente, la última tentación, que tiene que ver con la oración, el creernos tan espirituales, tan bendecidos, que ya no cabe nada más que nos lleven al cielo en olor a santidad e incienso. Contra todos estos pecados de soberbia, hemos de oponer la humildad. Es preciso esforzarnos, especialmente en este tiempo, en hacer de nosotros persona humildes. Bajemos un poco la cabeza. No somos la última cocacola del desierto. No somos la norma, ni ha de ser todo como nosotros lo pensamos o concebimos. Siendo Dios Único, hemos de reconocer que es Infinito, lo que implica que no podemos abarcarlo. No solamente los demás no pueden, sino nosotros tampoco, por lo que debemos dejar de lado dogmatismos e imposiciones, reconociendo que Dios ha de encontrar formas misteriosas, no siempre a nuestro alcance y comprensión para obrar en todos. Tengamos equilibrio suficiente en estos tres aspectos, reconociendo humildemente que sin Dios no somos nada, pero no al extremo de abandonarnos por completo en cualquiera de ellos, porque sobre nosotros recae la responsabilidad de esforzarnos como si todo dependiera de nosotros, aun sabiendo que sin Dios nada sería posible. Confiemos en Dios, pero no tengamos la osadía de tentarlo, porque Él tiene su propia agenda y en ella, ten por seguro, no figuran nuestros caprichos. Dios nos ama y nos da, en su momento, lo que nos corresponde y ello está más allá de nuestro razonamiento y deseos. Dejemos a Dios ser Dios, que Él sabe lo que ha de hacer. Nosotros confiemos en Él y esforcémonos con todo lo que somos y tenemos por oírle y obedecerle. ¡Hagamos Su Voluntad! Jesús le respondió: «Esta escrito: No sólo de pan vive el hombre.»

Oremos:

Padre Santo, no permitas que nos empecinemos en hacer nuestros caprichos, argumentando que son Tu Voluntad, cuando no nos hemos tomado el tiempo para discernirlo adecuadamente. En este tiempo de Cuaresma, permítenos encontrar el tiempo y espacio suficientes para la reflexión…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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